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Domingo, 8 de enero de 2006
Escrito en el cadalso
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La muerte del padre, la culpa y la muerte son las obsesiones del sombrío y lúcido poemario de romy sordómez. La suya es una arriesgada voz que enjuicia la institución familiar



El título de su poemario nos obliga a recurrir al diccionario. Présago: (del latín praesagus). Que anuncia, adivina o presiente algo. Ligado a la fatalidad del destino, el libro de la joven poeta Romy Sordómez (Lima, 1982) puede explicarse como quien cuenta una novela: la intención de narrar la historia de un hombre condenado a la horca, que, empero, se entrega ansioso a la muerte, como un acto liberador. Las penas del personaje se resumen en su hija homosexual, quien parece ser la verdadera condenada. "Lo que quería hacer con el poemario era, de alguna forma, plasmar el origen de la culpa, nos explica la poeta.

En "Présago" (Santo Oficio) Sordómez utiliza una voz masculina poco acostumbrada en la poesía peruana escrita por mujeres. "Muchas veces me han dicho que escribo como un hombre, pero eso me tiene sin cuidado. Si uso una voz masculina es porque se me hace mejor para escribir lo que quiero. Supongo que tiene que ver con mis lecturas: Marguerite Yourcenar, Emily Dickinson, Elliot o Saint John Perse. Exploro por allí. Escoger una voz masculina me ayudó a lograr la fluidez que buscaba para escribir con la voz del padre", explica.

Un padre en el cadalso, antes de morir en la horca, y continuas referencias a la crisis familiar, su poemario tiene una profunda intención cuestionadora. "La voz del padre es la voz castradora --explica--. Lo que quería hacer en el libro era identificar tres voces. El padre, la madre y la hija, quien parece heredar la culpa y la fatalidad de sus padres. De alguna forma, cuando una enjuicia a su familia, está juzgándose a si misma".

LA CARRERA POR PUBLICAR
Bachiller en Literatura por la Universidad de San Marcos, Sordómez formó parte de un grupo poético llamado "Sociedad elefante". Hoy, empleada por un bar de Barranco para organizarle su agenda cultural, está alejada de todo colectivo, algo harta del cartel de joven poeta y el actual frenesí por publicar lo antes posible. "Siempre a una nueva generación de poetas se les impone una tarea demasiado grande: ser el poeta del año, sacar el mejor poemario de la temporada. Muchos critican "la mala poesía que hoy se escribe", y no se dan cuenta del esfuerzo que hay en todo ello. Hay una enorme presión del entorno y de ellos mismos. Formar grupos, editar revistas se ha convertido en una competencia --advierte--. Si uno escribe un buen poemario bien por él. Pero no hay que pedirles tanto. El problema es que todos quieren ser reconocidos, algunos escandalosamente", concluye. Por cierto, su libro, sí lo merece.



Enrique Planas



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