Los primeros indicios sobre el asesinato de Accomarca fueron obtenidos de manera fortuita en la sede de la Segunda División de Infantería (cuartel Los Cabitos de Ayacucho), donde se encontraban acantonadas dos de las patrullas 'Lince' que participaron en la operación Quebrada Huancalloc.
Cuando se conoció la noticia de la matanza (69 campesinos, según los testigos que presentaron la denuncia), una de esas patrullas, integrada por 18 efectivos de tropa y que había estado al mando del subteniente EP Telmo Hurtado Hurtado, permanecía en el cuartel Los Cabitos, mientras que su jefe, tras realizar labores de instrucción en el Cusco, se hallaba en Lima de vacaciones. Fue entonces que el general Mori, jefe de la Segunda División de Infantería, ordenó una investigación que corrió a cargo del coronel inspector José Cabrejos Samané.
Se interrogaron a los de las patrullas, pero nadie soltó prenda. Los soldados, aleccionados por Hurtado, se limitaban a decir que las operaciones culminaron sin novedad. Pero de pronto un oficial que hacía una ronda nocturna por la cuadra donde pernoctaba la Patrulla Lince 7 sorprendió a dos efectivos hablando en voz baja y jactándose del engaño. Estos sujetos fueron detenidos y llevados ante el coronel Cabrejos que, al interrogarlos nuevamente, obtuvo de ellos no solo la confesión del delito, sino también detalles. Así se conoció que efectivamente hubo una masacre de varias decenas de campesinos.
El coronel Cabrejos ordenó a un oficial superior que hallara a Hurtado en Lima y lo llevara a su despacho en Ayacucho. Presionado por las evidencias, Hurtado tuvo que admitir su responsabilidad en el masivo asesinato (ver nota aparte). La inspectoría recomendó una sanción contra Hurtado, quien fue condenado a seis años de prisión que, al parecer, no cumplió, pues los medios de prensa detectaron que caminaba libremente por Lima y que, además, había sido ascendido y posteriormente destacado a otras guarniciones en el interior del país. Ante el escándalo, el comando EP procedió a darle de baja.