LA PAZ [AFP]. Luego de su discurso presidencial en el Congreso de la República, Evo Morales se encontró con el pueblo boliviano en las calles de La Paz, en una concurrida fiesta donde los indígenas, históricamente excluidos, celebraron la llegada a la presidencia de uno de los suyos.
Caminando más de cinco cuadras desde El Palacio Quemado, sede del Gobierno, flanqueado por una guardia de 2.000 mineros y campesinos vestidos con poncho rojo, Morales llegó a la histórica Plaza de los Héroes, en el centro de La Paz, para saludar a las decenas de miles de personas que se congregaron en el lugar. "Vamos a cambiar Bolivia. La sangre derramada por nuestros hermanos no será en vano. Será un gobierno sin muertos", dijo el flamante mandatario desde una tarima erigida en la plaza.
El vicepresidente y ex guerrillero Álvaro García Linera dijo: "Ha llegado el momento de sentirnos orgullosos de lo que somos". En tanto, el escritor Eduardo Galeano, invitado a subir a la tarima, exclamó: " Este país nos ha enseñado que el miedo no es invencible. Que viva este parto, este otro mundo posible".
Con danzas y música autóctona, la plaza fue el escenario principal de la fiesta que estalló también en otros lugares de la ciudad. La avenida Mariscal Santa Cruz, que desemboca en la popular plaza, parecía un río humano bajo una hilera de guirnaldas colgadas de un edificio a otro, con las banderas de Bolivia y la 'wifala', la bandera que representa a las 37 etnias que habitan Bolivia.
"Evo presidente, todo el pueblo está presente", coreó un grupo de música andina, mientras el mandatario saludaba a la muchedumbre.
"Nosotros, todos los del campo, estamos muy alegres. Solo espero que no le vayan a hacer daño y que lo dejen gobernar", afirmó Doria Poma, una indígena de 76 años que se vistió con sus mejores prendas para la ocasión: una pollera de flores lilas, un sombrero color crema y un manto blanco.
"Los de corbata están tristes, porque nosotros hoy izamos nuestra bandera. Pero este país no se cambia de la noche a la mañana, habrá que esperar", añadió doña Doria, mientras cerca de ella danzaban grupos al ritmo de zampoñas, tambores y quenas.