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Domingo, 19 de febrero de 2006
Por Júpiter, ¿qué está pasando aquí?
Por Umberto Eco, filósofo
Escribo esta columna el lunes 13 de enero y no sé qué pasará con el asunto de las caricaturas de Mahoma de aquí hasta que se publique: quizá el asunto de las viñetas se desinfle o a lo mejor suceden otros hechos inquietantes. Pero creo que, por lo menos en línea de principio, son posibles ya algunas reflexiones sobre lo sucedido.

Aclaremos en seguida que, si por cuatro viñetas aparecidas en un periódico danés, unos exaltados intentan incendiar incluso la Embajada de Chile, son ellos los que no tienen razón alguna. Claro que será oportuno preguntarse: "¿Quiénes son 'ellos'?". Dicho esto, toda esa serie de heroicos llamamientos a la libertad de prensa y la carrera para publicar por doquier las viñetas (feas, además) me han parecido excesivas.

¿Es lícito que yo vaya por esos mundos profiriendo "me cago en Júpiter" o "tu puta Venus"? Si a mí me gusta, es lícito, porque ya no hay paganos sueltos y no ofendo la sensibilidad de nadie. En cambio, aunque yo fuera el ateo más radical, el más feroz de los anticlericales y por ende masón, ¿sería lícito que fuera por ahí imprecando contra el Dios de Israel, la beatísima virgen y todos los santos? Depende de las leyes del país en que me encontrara, pero en cualquier caso sería un maleducado, vulgar y prepotente, porque ofendería la sensibilidad de muchas personas que me estarían escuchando, para las cuales estas cosas son sagradas.

Si tengo que portarme bien con la Virgen María, debería hacer lo mismo con Mahoma, y si hiciera una diferencia, sería porque yo sería un ateo que cree más en la Virgen que en Mahoma. Esto con independencia de lo políticamente correcto por lo que (sugieren algunos), si digo 'discapacitado' en lugar de 'disminuido' porque los discapacitados así lo prefieren, no debería decir Mahoma sino Muhammad y si yo digo Londres en vez de London ningún inglés tiene derecho a ofenderse, así como no me ofendo yo si dicen Florence en lugar de Firenze.

Lo malo es que me he enterado de que las viñetas de marras habían aparecido en un periódico de derecha que, por lo que no veo por qué hay que pedirles a unos racistas el respeto por las diferencias culturales. Salvo que esta reflexión tendrían que habérsela planteado también los que han empujado en algunos países a algunos centenares de fanáticos a incendiar consulados y embajadas. Precisamente, ¿quiénes son esos? Parece ser que en Copenhague unos 'skinheads' se habían propuesto quemar el Corán en público: si por casualidad la policía no lo hubiera evitado, ¿algún musulmán sensato habría podido tomar a esos degenerados por la opinión pública europea? Y entonces preguntémonos si los que están incendiando consulados representan a la opinión pública musulmana.

Hagamos un esfuerzo de imaginación. ¿A estos incendiarios les han escandalizado las viñetas? No, porque si el precepto de no representar figuras humanas e incluso de exhibirlas tuviera algún valor, ningún fundamentalista musulmán habrá sido tan inmoral como para mostrárselas, tal y como un sacerdote católico no enseña en la Iglesia fotos de mujeres desnudas para exhortar a los fieles a que no compren "Playboy". Y, por lo tanto, no se ve por qué los exaltados se han exaltado. La verdad es que estos, sabiendo muy poco sobre las viñetas, han sido empujados por los que tienen la posibilidad de agitar a los grupos extremistas, y han armado la que han armado 'a la carta'. Así pues, parece ser que esta amenaza de guerra entre Oriente y Occidente, comprende, por una parte, a algunas decenas de fascistas daneses (con algún seguidor de partidos ultranacionalistas europeos) y, por la otra, a algunos centenares de extremistas musulmanes.

Lo que ha pasado hasta este lunes 13 de enero ha sido grave (y quizá se anuncian hechos más dramáticos aún). Ahora bien, ¿no estamos haciendo de todo también nosotros para que se vuelvan aún más graves, dramatizándolos excesivamente, sin intentar aclarar, en cambio, qué es lo que está pasando realmente, cuál es su efectiva proporción, y quién está detrás? Existen, ya se sabe, profecías que se autodeterminan, y si se llama a la guerra de religión, la guerra de religión estalla de verdad, y se producen las Cruzadas.

Cuando se pone en marcha una cruzada nunca se sabe muy bien quiénes se apuntan al grupo de los que de verdad creen, y precisamente la historia de las Cruzadas nos dice que detrás de los caballeros había bandas de desesperados como los Tafures, que se aprovechaban para saquear las aldeas a lo largo del camino y para cargarse a unos cuantos judíos, y todo ello antes aún de haber visto a un solo sarraceno.

Esto no significa que haya que tomarse la situación a la ligera, sino que hay que hacer lo posible para identificar a los verdaderos responsables de los desórdenes y no combatir el fundamentalismo con el fundamentalismo.

UMBERTO ECO ES AUTOR DE "EL NOMBRE DE LA ROSA" Y DE "EL PÉNDULO DE FOUCAULT". TRADUCCIÓN DE HELENA LOZANO MIRALLES
© 2006 UMBERTO ECO/L'ESPRESSO
DISTRIBUIDO POR THE NEW YORK TIMES SYNDICATE . EXCLUSIVO PARA EL COMERCIO EN EL PERÚ.






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