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Viernes, 24 de febrero de 2006
Cusco entre los libros
Una semana de actividad cultural, premios y encuentros. Hoy termina la Semana del Libro, un evento organizado por el INC del Cusco, presidido por David Ugarte Vega Centeno. El evento atrajo a miles de cusqueños. Todos los días hubo exposición y presentación de libros, conferencias y homenajes. Alonso Cueto, quien recibió del INC la más alta distinción, la medalla del Inca Garcilaso como reconocimiento a su obra, hace un recuento de la literatura cusqueña y del evento. (N de R)

El Cusco siempre fue una tierra de poetas y narradores. Desde esa obra maestra de la literatura que es la oración de Manco Capac, recogida por Joan de Santa Cruz Pachacuti a comienzos del siglo XVII, hasta la obra de autores contemporáneos como Luis Nieto Degregori, la literatura cusqueña siempre ha despertado nuestra pasión de lectores. Esta semana, el INC del Cusco, dirigido por el antropólogo David Ugarte Vega Centeno, organizó con gran éxito la Semana del Libro, a cuyas actividades asistieron no menos de trescientas personas al día. La Semana del Libro que se inauguró el lunes en la Casa del Inca Garcilaso realizó charlas y presentaciones en la Municipalidad, el Centro de Convenciones y el Paraninfo Universitario. El director de la Biblioteca Nacional, Sinesio López, y el rector de la Universidad de San Marcos, Manuel Burga, asistieron junto a intelectuales cusqueños como Jorge Flores Ochoa, Américo Yábar, y Manuel Jesús Aparicio Vega. El evento se clausuró con la presentación de un libro de diversos autores, Machu Picchu. Historia y sacralidad, editado por el INC del Cusco. A lo largo de la semana se presentaron veintiún libros de quince editoriales.

Este interés por la literatura está respaldado por una tradición cusqueña. A los grandes poemas de la tradición oral precolombina les sucedió una obra maestra, publicada en dos partes en 1609 y en 1616. Ningún libro en prosa del periodo colonial supera el lenguaje de Los Comentarios Reales (escrito según dice en el promedio, "forzado del amor natural de la patria"). Para no aburrir al lector, el Inca alterna dos registros narrativos que intercala en cada capítulo. En uno de ellos hace descripciones de aspectos de la vida del Imperio (su agricultura, su organización social y otros). En otro cuenta la historia de sus Incas y de otros personajes (como Pedro Serrano, un antecesor de Robinson Crusoe). Diacronía y sincronía, historia y exposición, el Inca sabe que no es ni un historiador ni un novelista. Su obra es el relato de un testimonio, una versión de la historia tal como la ve desde el punto de vista de los vencidos (en eso creo que su caso no es del todo distinto al de Ricardo Palma). Sus datos históricos a veces son falsos. Su pluma en cambio casi siempre es impecable. La brevedad dramática con la que describe la ejecución de Túpac Amaru, en la que se refiere a "nuestra tierra" y que remata con una sentencia ("porque en todo sea tragedia") es el epílogo de un libro escrito con el corazón puesto de su lado indígena.

No tenemos muchos testimonios sobre la vida de otro escritor cusqueño (aunque de origen apurimeño), Juan Espinoza Medrano, conocido también como El Lunarejo (por tener la cara picada) y el Doctor Sublime. Sabemos que muchos viajaban para escucharlo predicar en los púlpitos cusqueños. En ellos, Espinoza Medrano citaba a muchos autores clásicos como Aristóteles, Homero, Camoens y otros (se dice que el número supera los ciento treinta). En 1662 publica el Apologético a favor de Don Luis de Góngora y Argote, donde refuta al crítico portugués Manuel de Faria y Souza. La defensa que El Lunarejo hace de Góngora (mucho tiempo después que esa polémica había amainado o desaparecido en España) es al mismo tiempo brillante y conmovedora. Su prosa es intensa sin dejar de ser ingeniosa y compleja. Una primera frase memorable inaugura el texto: "Pensión de las luces del ingenio fue siempre excitar envidias que muerdan, ignorancias que ladren". La gran historia artística del Cusco se prolonga en los siglos XVII y XVIII con el apogeo de la Escuela del Cusco. Con Diego Quispe Tito a la cabeza los pintores cusqueños copian originalmente los estilos pictóricos de las escuelas europeas. En la casa de Garcilaso en el Cusco, sede del INC, podemos ver varios de sus cuadros.

En el siglo XX se acopian relatos populares que habían sobrevivido a siglos de tradición oral. Cuentos del Alto Urubamba, recopilación del padre Jorge Lira, tiene uno de los mejores relatos que he leído, El joven que subió al cielo. En él, un muchacho, que se ha enamorado de una estrella, le pide a un cóndor que lo lleve a verla. Este accede pero pone una condición. Como la provisión de carne de llama que lleven no será suficiente, el cóndor tendrá que comer de la pierna del joven para llegar a su destino. La historia no tiene un final demasiado feliz. Siempre he visto en este relato una metáfora de la ambición: llegar al cielo a costa del sacrificio de nuestro ser. El padre Lira recopila también los poemas de amor en Canto de amor. Encuentro allí un verso: "Cada vez que me pongo a dormir, la tierra me arroja". Al mencionar al padre Lira, no podemos dejar de recordar a la narradora oral que sirvió de base a muchas de sus historias, Carmen Taripha.

Tampoco podemos olvidar a Andrés Alencastre, quien tuvo una vida contradictoria y una muerte violenta. Alencastre opta voluntariamente por ser un poeta que escribe en quechua y lo hace en poemarios como Taki Parwa (1955) y otros. Recuerdo una de las frases con las que describe el Illimani: "fortaleza de hielo con huesos de piedra". A diferencia de la tradición occidental que ubica al hombre frente a la naturaleza, la literatura andina concibe la naturaleza como un ente todopoderoso, dentro del cual se incluye la energía natural del hombre. Montaña, cielo, arroyo, hombres y mujeres, todo forma parte de un escenario sagrado.

La literatura cusqueña hecha de relatos populares aparece también en los Cuentos cusqueños de Johnny Payne y en otras recopilaciones. Instituciones como el Centro Bartolomé de las Casas y otras se han preocupado por difundirlas en libros. Hoy, la riqueza de esta literatura está sustentada en autores como Enrique Rosas Parravicino, Luis Nieto Degregori (a cuyo Cuzco después del amor debo varias horas de estupenda lectura), y Mario Guevara, quien edita la interesante revista Siete Culebras. La Semana del Libro del INC ha sido una ocasión para renovar nuestra pasión por la ciudad y su literatura. Que esa energía nunca decaiga. Que esa tradición se mantenga.



Alonso Cueto
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