Domingo, 26 de marzo de 2006
¿Desmemoriados, engañados o inocentes?

Por Fernando de Szyszlo, pintor
"Los peruanos parecemos estar ciegos a nuestro pasado no tan lejano." "Cómo olvidar que el sol perdía día a día su valor y que los precios subían de hora en hora"



En un famoso cuento, Jorge Luis Borges enumera los casos de memoria prodigiosa de los que habla Plinio en su "Naturalis Historia". Citaba entre otros a Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a cada uno de los soldados de sus ejércitos y a Mitrídatos Eupator que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio. Lo hacía sin duda para darle más verosimilitud a su personaje Irineo Funes ("Funes el memorioso") a quien relatar lo que había hecho el día anterior le tomaba 24 horas.

Vivir este proceso electoral en el Perú es pasar por una desconcertante experiencia que está precisamente en las antípodas del Irineo Funes de Borges. ¿Qué son nuestros paisanos, sobre todo los que habitan las regiones más apartadas del país? ¿Desmemoriados, engañados o inocentes? Me atrevería a decir que son las tres cosas:

Desmemoriados, porque no recuerdan, porque parecen estar ciegos a nuestro pasado no tan lejano.

Porque parecen haber olvidado las oscuras épocas del general Velasco, quien mientras que con grandes gestos de reivindicación nacionalista, tanques y milicia incluidos, pagaba clandestinamente las supuestas 'expropiaciones' de la industria petrolera y de otras grandes empresas extranjeras, en cambio a los agricultores peruanos, por el contrario, los despojó de sus tierras sin ofrecerles más que vagas promesas de compensación. Es obvio que lo que produjo fue un desastre en la producción agrícola, catástrofe de la cual el mejor ejemplo son las cooperativas azucareras de la costa, cuya caótica y exigua producción nos hizo pasar de autosuficientes, aún más, de exportadores de grandes volúmenes de azúcar, a importadores de centenares de miles de toneladas al año. Su patética realidad actual está a la vista.

Porque parecen no acordarse tampoco de la angustia diaria en que vivíamos, temiendo qué nueva imposición, qué nuevo recorte de la libertad individual habían maquinado. A quién habían decidido expulsar del país porque se expresaba demasiado claramente sobre la dictadura. Finalmente, como no podían acallar las críticas que aumentaban como una marea incontenible, se deciden a despojar los diarios a sus legítimos propietarios para conseguir que de una manera unánime se aprobaran los desaguisados, torpezas y violaciones de todas las clases de leyes y de derechos humanos en un régimen cada vez más represivo. Conforme su fracaso se hacía más incontrolable y evidente la dictadura se hacía cada vez más agresiva. Siempre encontrarían 'intelectuales y periodistas' que por un 'modesto salario' lavarían los trapos sucios y sobre todo se quedarían callados y mirarían a otro lado frente a las tropelías que se cometían a su alrededor muy cómodamente sentados en directorios a los que habían ingresado por la fuerza de las bayonetas.

Porque parece que no tienen memoria tampoco de la época en que el Perú no solamente se detuvo sino que retrocedió. Es lamentable ver que hoy se tragan sin ningún reparo los escasos anuncios programáticos y los discursos de una demagogia elemental del comandante Humala (cómo no pensar en el comandante Castro, en el subcomandante Marcos o el desaforado coronel Chávez), arengas de un nacionalismo de escuela primaria en los que es cada vez más frecuente la aparición del candidato delante de retratos del general Velasco. Ya el padre del clan Humala nos ha advertido que los ciudadanos de este país estamos divididos entre blancos y mestizos, peruanos y extranjeros, ricos y pobres, en que solo los 'cobrizos' son peruanos, los otros pueden ser únicamente 'ciudadanos'(?). A sus electores, sin embargo, el comandante los considera tan ¿leales?, ¿desprevenidos?, ¿ignorantes?, que no merecen una explicación sobre los graves cargos que existen contra él de su actuación como 'capitán Carlos' en Madre Mía.

Es a esa época oscura del general Velasco , aunque parezca increíble, que nos quiere hacer regresar el comandante Humala. Pero cada día va más allá y, tratando de hacer un deslinde con la declaración de su padre de que debería liberarse tanto a Polay como a Abimael Guzmán, afirma que "Sendero Luminoso ya no es un peligro", lo que en el fondo quiere decir lo mismo. Si ya no es un peligro ¿por qué esos dos inocentes ciudadanos deben estar en prisión? La contribución que propone su madre es la de fusilar a los homosexuales.

De otro lado nuestros compatriotas parecen también haber olvidado lo que fue el régimen del señor Alan García. De la desaparición del Banco Hipotecario porque deudas de cientos de miles de soles --debido a una inflación solo comparable con la de la Alemania de la primera posguerra-- se cancelaban con unos cuantos dólares.

Parecen haber olvidado que el sol perdía día a día su valor y que los precios de los alimentos subían de hora en hora.

Quién puede haber olvidado las colas para comprar en los mercados y de otro lado, creo nadie puede realmente haber borrado de su memoria los negociados con dólares a precios especiales con que se gratificaban y gratificaban a sus amigos. Los dólares llamados MUC con que se compraron inexistentes motores de aviones que nunca llegaron al país aunque los dólares sí habían salido. Cómo no recordar --aún cuando los jóvenes que hoy bailan reggaetón con Alan García no lo hayan vivido-- que el año 1986 se cambió la moneda de soles a intis, mil soles por cada inti y en 1991 se volvió a cambiar mil intis por cada nuevo sol. Resumiendo, un sol del año 86, cinco años después del ejercicio de García valía un millón de soles de 1991. Alguno de sus olvidables ministros de economía hablaba de "inflación neta".

Cuando el señor Alan García regresó de su dorado exilio en París, se empeñó en demostrarnos que había cambiado y que se había dado cuenta de que su política económica era la equivocada. El fracasado nacionalizador de la banca buscó reunirse con banqueros y empresarios para personalmente explicarles lo que ahora pensaba a ese respecto y demostrarles su adhesión al libre comercio y su rechazo a las nacionalizaciones y a las políticas contra la empresa privada. Pero resulta que ahora en el calor de un proceso electoral, que a todas luces está perdiendo, lo vemos regresar a sus declaraciones más encendidas contra los ricos, los explotadores y los saqueadores del pueblo. ¿A cuál de los Alan García creerle? ¿Por cuál de los dos cañones saldrá el tiro? ¿Por los dos? ¿Pensará encontrar nuevamente doce apóstoles que lo acompañen?

Nuestro pueblo, pues, ha sido desmemoriado y engañado pero creo también que muchos de esos cientos de miles de votantes del interior son inocentes. Siempre he pensado que la población campesina, también la de las pequeñas localidades de los andes, o los que viven en las zonas marginales de nuestras ciudades son un mundo de gente indefensa, repetida y secularmente engañada que busca cómo desahogar su frustración y su ira por las condiciones en que vive. Aún si algunos de ellos puedan sospechar que el remedio que proponen puede ser mucho peor que la enfermedad.

Todas estas circunstancias mezcladas con oscuros y sospechosos intereses económicos que tratan de hacernos creer que porque los cultivos de coca son tradicionales en la cultura peruana su siembra puede ser indiscriminada. ¡El delirio ha llegado al punto de proponer que nos alimentemos de pan de coca! Pero nadie ignora que el objetivo final es conseguir el voto de los cocaleros aún si ello representa inundar nuestro país y el mundo de cocaína.

Cómo hacerles ver que todo eso no lleva sino a perpetuar su miseria, el atraso, las peores condiciones de salud y nutrición para ellos y sus hijos. Precisamente ahora cuando hay una luz al final del túnel, cuando las cosas comienzan a cambiar. Si sabemos que los países del sudeste asiático como Corea del Sur o Singapur hace treinta años tenían ingresos per cápita inferiores a los nuestros y, sin ir tan lejos, muchos recordamos cuando nuestros amigos chilenos venían a comprar en Lima cosas a las que las aduanas chilenas y en muchos casos su nivel económico les impedían acceder. Chile es hoy un país en el que cada vez hay menos pobres y que están cada vez más cerca de alcanzar su pleno desarrollo.

Finalmente y a manera de homenaje, permítanme poner como ejemplo de la fragilidad de nuestra memoria el olvido y el silencio en que ha caído apenas a los dos años de su muerte, que se cumplen este mes, un periodista de la talla de Francisco Igartua.

Infatigable luchador por la democracia. Su currículo en esa materia habla por sí mismo. Creo que su primer trabajo fue para "Jornada" un periódico en el que dio la batalla por el doctor José Luis Bustamante. Desde que comenzó a hacer periodismo su defensa de la democracia fue permanente. En "Jornada" le hizo Igartua una famosa entrevista al diputado aprista Góngora Perea, en la que este contó ciertas delicadas interioridades del partido que le valió ser emboscado en "La Tribuna" con la promesa de una entrevista a Haya en un ataque que lo envió al hospital.

En el siguiente gobierno deportado por Odría a Panamá. Más tarde por Velasco, que además le arrebató su local en la avenida Faucett. Fue expulsado también por Morales Bermúdez a quien le debe una estadía forzada en México pero de la cual trajo muy buenos recuerdos y en donde dirigió el suplemento dominical del diario "El Sol". Pero fue en el tortuoso gobierno de Fujimori, más cínicamente, más cobardemente que lograron que "Oiga" desapareciera asfixiada por impuestos.






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