Jueves, 30 de marzo de 2006
Entrevista Juan Cruz Ruiz: Recuerdos de un hombre sentimental

Inclasificable. Así resulta el último libro del escritor, editor y periodista Juan Cruz (Tenerife, 1948). Para el director adjunto del diario español "El País", "Retrato de un hombre desnudo" es una novela sentimental, un instrumento psicoanalítico, el retrato de una persona que, con la tranquilidad de quien observa el mar, recuerda las relaciones a lo largo de su vida con escritores, sea como insidioso periodista o amable editor (estuvo por seis años al frente de la editorial Alfaguara España).



El resultado son recuerdos melancólicos, en los que Cruz, que recientemente estuvo en el Perú acompañando a Mario Vargas Llosa en cada celebración familiar, no deja de hacer preguntas tanto a sus amigos autores como a sí mismo.

¿Cómo puede un escritor, a la vez, participar de oficios con intereses tan distintos como ser director de una editorial y periodista literario? ¿Sentiste en algún momento cierta esquizofrenia?
Sí. La esquizofrenia la sentí desde el primer día que dejé el periodismo. No hubo un solo día en los 13 años que estuve alejado del periodismo (ahora he vuelto a "El País"), en que yo no llamara al periódico por alguna razón. Esa ha sido, desde niño, mi vocación. No hay nada que me guste más que un encargo periodístico. Es una vocación violentada, pero no interrumpida, por el trabajo editorial. Seguí escribiendo columnas semanales y haciendo entrevistas...

Parte de esa esquizofrenia queda plasmada en tu último libro. La promoción editorial ofrece "Retrato de un hombre desnudo" como un libro de memorias. Pero más parece un continuo pensar sin control, la memoria de quien mira el mar y los recuerdos se suceden sin orden...
Fíjate, cuando empecé este libro, trabajaba otro previo, "La playa del horizonte", sobre la reconstrucción del amor, a través de la experiencia, con la playa como escenario. Ese paisaje es el que siempre me ha hecho escribir. Miraba el mar y escribía sobre él para entenderlo. El mar siempre me ha dado muchísima paz. Era una playa que no se parece a la de Máncora ni mucho menos, pero que tiene esa densidad de ensoñación que tienen las playas casi desiertas. Y mientras trabajaba ese libro muy doloroso de escribir (casi todo lo que he escrito es verdad y me ha ocurrido), me entero de la enfermedad de una amiga mía, con la que tuve una relación muy intensa. Eso irrumpió en el libro con una fuerza extraordinaria. A partir de entonces, el mar y el recuerdo de la experiencia me fueron trayendo otros personajes a los que había visto en condiciones similares, en las épocas finales de su existencia, cuando el dolor les aviva la mirada y cuando la tristeza hace que casi todo lo que han vivido se empañe por lo que está ocurriendo.

¿Perdona la cursilería, pero el fluir del mar tiene que ver con ese fluir tan libre de las palabras de tu libro?
Sí, me interesa mucho el sonido y el ritmo de las palabras.

El libro es también una reflexión sobre las razones de escribir...
Cuando escribo, soy de verdad yo mismo. Como periodista o editor he simulado cotidianamente un montón de escenas públicas. Pero cuando escribo me siento de verdad y lleno de energía sentimental. Entonces no puedo mentir. Recuerdo que al entrevistar ahora a Mario Vargas Llosa, le recordé una pregunta que le hicieron el año 90 en la revista "París Review": "¿Y usted por qué escribe?" Entonces él respondió: "Para huir de la infelicidad". En esa respuesta está la raíz de su escritura y la de muchas escrituras.

¿Te robaste esa definición para ti?
Sí.

Tienes una cualidad rara para ser escritor: Te gusta escuchar a la gente. En general los escritores están enfermos de vanidad y solo se escuchan a sí mismos...
En el Perú hay, por lo menos, dos ejemplos de escritores que escuchan: Bryce y Mario Vargas Llosa. El domingo, en Máncora, quedé con Mario para hablar de Pablo Picasso, por un texto que estoy preparando. Estaba él mirando el mar en pijama, cuatro horas después de haberse acostado por la boda de su hija, y miraba al cielo. Me dijo que me fijara en los albatros, y luego me estuvo contando cómo se comportaban durante el vuelo, y cómo seguían a su líder. Luego me habló de Picasso y, más tarde, me preguntó si los cambios que hay en mi diario me iban a afectar. Estaba preocupado por mí. Personajes así en el mundo de la literatura encuentras muy pocos. El escritor tiende a ensimismarse, a escucharse a sí mismo. Lo que a mí me gusta de la convivencia con los demás es saber cómo les ha ido a los otros. Aunque creo que la vanidad es consustancial al escritor. Es imposible si no hay vanidad que alguien se ponga delante de una máquina de escribir.

Hay en el libro riquísimos detalles que muestran esa vanidad del escritor. Sobre Neruda, por ejemplo, cuentas algo que lo define: era alguien que daba muy débilmente la mano...
Hombre, ¡Neruda fue un gran vanidoso! Si no, hubiera sido imposible que hubiera publicado tanto. Solo los muy vanidosos publican todo lo que hacen.

¿Crees que Vargas Llosa es un escritor vanidoso?
Creo que no. Es de los escritores menos vanidosos que he conocido. Tiene su ego como todo escritor, como cualquier mecánico o piloto.

Supongo que con tantos años de mezclarte con escritores, como editor o como periodista, has aprendido a portarte como un psiquiatra con ellos.
Justamente estoy haciendo un libro sobre la gente que he conocido durante cuarenta y tantos años como periodista. Se va a titular "Toda la vida preguntando". Eso es lo que he hecho toda mi vida: preguntar.

¿Y cuál ha sido la mejor respuesta que recuerdes?
La mejor respuesta es el silencio.


Retrato de un Hombre Desnudo
Autor Juan Cruz / Editorial Alfaguara/ Nacionalidad españa/ Páginas 320
"Retrato de un Hombre Desnudo" es un inclasificable libro de memorias. Su autor, el influyente director adjunto del diario "El país", estuvo en el perú acompañando a Mario vargas llosa



Enrique Planas



¿Cree usted que las páginas web de los partidos ofrecen ahora información de utilidad para el elector?
4 Envíe su opinión


Copyright Empresa Editora El Comercio S.A.
Derechos reservados
Contáctenos

Edición impresa