Hay redacciones que tienen un ángel y el que nos tocó tenía su escritorio cerca de la pared, para que no le diera el aire, desde el que nos contaba historias reveladoras que con talento al escribir desbordaban siempre de pasión.
Como sus socios de las estampitas, ella era rubia y menuda. Sobre su PC había una imagen de un San Martín niñito --que algún entrevistado le regaló-- y al que su mirada azul parecía enternecer.
Por más que algunos le recomendamos que guardara distancia y que ya escribiendo de las injusticias y necesidades que otros padecían cumplía con su cuota, ella siempre se empeñaba en hacer algo más.
A nuestro ángel le gustaban los chocolates y adoraba ir al estadio para gritar por el Perú con bandera como capa y su vincha roja y blanca. Era de las primeras en salir corriendo a la calle cuando en los años duros las bombas nos estallaban cerca. Hincha número uno de Vargas Llosa y del padre Lanssiers, le rebelaban las injusticias y no toleraba las dictaduras.
Nuestro ángel ayer temprano se puso las alas que le habíamos escondido. Y si por un rato nos hizo creer que nos había dejado, pronto nos dimos cuenta de que si ahora está en el cielo es para mirarnos mejor. Por eso, Jimena Pinilla Cisneros, estarás siempre con nosotros.