Fernando Villarán, Ex ministro de Trabajo
Es un lugar común decir, como se ha hecho en los últimos meses, lo bien que le ha ido al Perú en sus resultados macroeconómicos; el crecimiento del PBI, las exportaciones, las reservas internacionales, la inflación, las inversiones, las utilidades de las empresas, han mostrado resultados muy positivos ya sea para estándares nacionales como internacionales.
Pero estas cifras no votan, votan los ciudadanos y ciudadanas, el 52% de los cuales vive en situación de pobreza, el 75% está desempleado o subempleado, 66% es informal, el 70% no tiene jubilación. Son las cifras que grafican la exclusión de la mayoría de peruanos de la modernidad y sus beneficios. Ellos se han pronunciado en esta primera vuelta, como lo han hecho en los últimos 17 años, votando por un candidato ajeno a la clase política tradicional: Ollanta Humala. Mayoritariamente, los excluidos se han pronunciado con claridad a favor de un candidato que viene de afuera, que significa un rechazo al actual estado de cosas, y representa para ellos la esperanza de que su situación concreta se modifique, en un sentido mejor.
El mensaje es claro, y debemos tomar nota la sociedad entera; si no hacemos cambios sociales profundos, dentro de cinco años volveremos a tener una situación igual o peor, creando más incertidumbre e inestabilidad. Cualquiera que sea el resultado de la segunda vuelta, cualquiera que sea elegida o elegido presidente debe trabajar con el objetivo de la inclusión social y económica entre ceja y ceja, dejando para un segundo plano los otros objetivos y prioridades nacionales. Creación de empleo decente, educación de calidad para todos, encadenamiento de las micro y pequeñas empresas al mercado mundial, ninguna tolerancia a la discriminación, que son los grandes integradores, deben estar en el primer lugar de su agenda. Con ello, se va a poder lograr que las cifras económicas se asocien y expresen las cifras sociales; su gran reto va a ser juntar ambas cifras, ambos mundos, ambas lógicas.