Miércoles, 28 de marzo de 2007
"Ahora soy una luchadora social"


PAULINA LUZA
La trajeron de Puno y, desde los 7 años, sirvió en una casa. A los 16 se fugó. Una religiosa la forjó en el liderazgo. Hoy orienta a las nuevas generaciones de trabajadoras del hogar

En los colegios por la noche, en los parques (siempre en domingo) es que ellas están. Ellas, las mujeres del Centro de Capacitación para Trabajadoras del Hogar. Van en busca de chicas que las quieran oír, que quieran aprender a hacer respetar sus derechos. Paulina Luza preside esa institución. Sus derechos, cuando niña, le fueron negados. Quienes le enseñaron a que los llamase 'papás', la trataban como sirvienta. Un día, Paulina se emancipó. Quiere que toda trabajadora del hogar haga lo propio.

¿Por qué lucha?
Todo parte de mi vivencia: si yo no me hubiese liberado de la esclavitud a la que estaba sometida, quizá a mis 45 años seguiría siendo una esclava, ¡y sabe Dios si hubiera terminado la primaria! Por eso lucho, porque no quiero que haya trabajadoras del hogar explotadas, excluidas, sin el amparo del Estado. Nosotras también somos ciudadanas.

Por lo general, ustedes han proyectado sumisión.
Tienes que entender que al interior de las familias siempre ha habido una relación laboral de dependencia, y no solo laboral, sino hasta sexual. Ha habido una relación de sometimiento y abuso. En mi caso, gracias a Dios no he pasado por eso, pero a nuestra institución llegan cotidianamente casos a los que les tenemos que brindar apoyo profesional.

La trabajadora del hogar no tiene CTS ni contrato laboral; trabaja mucho más de ocho horas al día.
La Constitución es bien contradictoria, dice que el trabajador no debe ser excluido ni marginado, pero, en el caso de la trabajadora del hogar, los congresistas --muy capaces ellos-- nos han dado una categoría inferior. ¿Cuál es su temor? Lo que pasa es que si nos otorgan los derechos que nos corresponden, la más afectada sería la clase media, pues tendría mayor gasto y, a su vez, tendría que exigir que crezca la canasta familiar, ¡es eso! Por eso no nos dan una mejor calidad de vida.

Habría que replantear sueldos.
Así es. Todo el personal de la planilla del Estado --profesores, médicos, militares, todos-- tendría que tener consignado en su sueldo el mínimo a pagar a la trabajadora del hogar.

¿A qué edad empezó su lucha?
A los 16: el día que a mí me maltratan físicamente. A mí me maltrataron toda la vida, pero a los 16 ya fui consciente: me di cuenta de que estaba entre explotadores. Fue traumático. Descubrí que no pertenecía a la clase de ellos.

¿Desde cuándo es trabajadora del hogar?
Desde los 7 años.

Usted es de Lampa, Puno. ¿La trajeron a Lima con el cuento de la 'madrina'?
Es lo típico para evitarse responsabilidades, para no tener que pedir la tutela al juez de menores. A mí me trajeron como a miles: con el cuento de que iba a estar bien, de que iba a ser tratada como hija, que me iban a hacer estudiar. A mí me trataron como si fuese lo peor de la familia: yo comía en platos oxidados, separada... (Paulina se lleva la mano a la boca. Sus ojos están rojos). Uno no se da cuenta, sigues trabajando. No eres consciente, pese a que ellos te lo reafirman: ¡Bruta! ¡Ignorante! ¡Tu papá y tu mamá huelen a llama! Todas esas cosas que bajan tu autoestima. Por eso agradezco el salto que he dado en mi visión de liderazgo: yo ahora soy una luchadora social. Ni política ni feminista. Yo no sorprendo a la opinión pública, yo me he forjado al lado de mis compañeras y, por mi misma necesidad, he resuelto las taras de mi ignorancia.

Todo empezó a los 16.
Tomé la decisión: o sales, Paulina, o te quedas para siempre en esta casa. Ese día les pedí salir como empleada del hogar, por primera vez en mi vida.

¿Nunca antes había salido? ¿Desde los 7 años?
Yo estaba prohibida de tener amistades. Pero una voz me decía: Paulina, tienes que decidir tu futuro. Entonces hice la prueba, si ellos en realidad me quieren --porque decían que me querían, me obligaron a que les dijera papá, mamá--, me van a dar un día de descanso. ¿Por qué vas a descansar? Porque yo trabajo todos los días, porque soy empleada del hogar. ¡Para qué les dije eso! ¿De dónde había sacado esa palabra? El doctor, que nunca me había pegado --él solo me gritaba--, me sacó la chochoca. Ese día, al primer descuido, me escapé. Ese día cambió mi vida. Yo corría y corría, volteaba y veía el edificio: nunca más voy a volver, decía. Y así fue.

¿Adónde fue?
En mi colegio había una religiosa, la hermana Emilia Torrico, boliviana. Ella había notado algo en mí. Claro, yo andaba muy mal vestida, andaba peor que el Chavo del 8, con mis ropitas muy deterioradas... (Paulina se ha vuelto a tapar la boca. Se resiste a llorar). Mis compañeras andaban como empleadas del hogar: humildes, pero sus ropas no estaban descoloridas... Yo decía que no era empleada, ¡que ellas eran sirvientas! Era despectiva, pero la hermana me hizo tomar conciencia: si tú eres hija de esa familia, ¿por qué estudias con las cholas?

Se había comido el cuento.
Yo sabía que no era como ellos. Yo me daba cuenta, pero me sentía sola: ¿quién iba a hablar por mí? Pero las palabras de la hermana me fueron dando seguridad, y decidí cambiar mi vida: me escapé y la busqué.

¿Cuál fue el siguiente paso?
Pasé a la tutela de la hermana. Entonces comencé a trabajar en casas, y por primera vez tuve mi primer sueldo, mis primeras vacaciones. Incluso me aseguraron.

La hermana le consiguió trabajo.
Sí, ella estudió en la Católica --Antropología-- y una de sus compañeras necesitaba a una persona para que cuidara a su bebe. Estuve con ellos tres años. Fue la primera vez que compartí la mesa. Fue una relación distinta: estaba contenta, me compraba mi ropa. Luego pasé a otras casas.

La hermana era su hada madrina.
Yo la veía como a una líder: como la persona que resolvía todas mis dudas, ¡hasta en lo musical! Porque con ella aprendí a tocar guitarra, a cantar. Aprendí a entregarme a los demás a cambio de nada, como Jesús. Conocí la Teología de la Liberación y, en ese trance, con mis compañeras formamos el Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Jesús María. Me nombraron secretaria general, ¡éramos como 400! Y gracias al sindicato supe que había muchos más en todo Lima.

Supo que no estaba sola.
Y conocí a otras líderes, ¡yo estaba enamorada de la lucha! ¡Estaba con todas las ganas de que los explotadores se fueran a otro lado!

¡Al diablo!
Seguro van a decir que soy medio senderista, pero no: yo estaba en todo mi despertar de la rabia, de la cólera e impotencia contenida.

Hoy, además, es cantante.
Soy folclorista.

¿Y en su interpretación también volcó toda esa furia?
Esta fuerza, esta esperanza, esta corriente que dice que nosotras podemos.

Pastorita Huaracina --nada menos-- fue su madrina artística.
Yo la escuchaba desde muy chibola, mientras cocinaba, ¡ni imaginaba que llegaría a tener el privilegio de ser su amiga!

Ella también fue trabajadora del hogar.
En sus inicios, desde los 11 años. La realidad que vivió su generación fue mucho más dura que la que yo pasé. Son 40 años de cambios progresivos, pero aún hay una resistencia terrible. Sin embargo, diez años atrás no teníamos quién nos asesore. Ahora, lo que yo y mis compañeras hemos avanzado se lo transmitimos a las nuevas generaciones.

El 2004, el Estado Peruano le otorgó la Orden al Mérito.
A diez mujeres.

Entre ellas, a María Rostworowski. ¿De qué le ha servido ser condecorada?
Ha servido para decirme: mira, Paulina, toman en cuenta lo que haces, ¡ahora tú tienes que tomarte más en cuenta todavía! El ser humano tiene que crecer, no descuidar sus principios. Yo me he sentido respaldada. Ese acto simbólico ha servido, además, para que las compañeras trabajadoras del hogar --de todo el Perú-- se adhieran, digan: a través tuyo por fin se han acordado de nosotras. Eso es lo que a mí me interesa: que se acuerden que existimos.

La ficha
Nombre
: Paulina Luza Ocsa.
Colegio: Lo hizo en la nocturna, empezó a los 13 años en el San Felipe, siguió en el San Antonio de Padua y terminó --a los 29 años-- en el Santa Catalina Rosado.
Estudios: Concluyó cuatro ciclos de Ciencias de la Comunicación en el Instituto Sistemas Perú. "Quería hacer un programa radial para las trabajadoras del hogar".
Edad: 45 años.
Cargo: Presidenta del Centro de Capacitación para Trabajadoras del Hogar (CCTH).





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