Miércoles, 3 de mayo de 2006
Medio siglo de ingratitud

El viernes, la diva peruana recibirá en palacio de gobierno la orden el Sol del Perú. Reconocida como la artista nacional de mayor proyección en la historia de la música, fue, paradójicamente, poco valorada en el Perú



Cuando a finales de los años cuarenta, Yma Súmac regresó al Perú después de su exitosa primera gira internacional por Brasil, Argentina y Chile, quiso ofrecer un concierto en Lima y para ello pidió el Teatro Municipal. Pero no se lo concedieron por su supuesta "falta de calidad". Curiosamente, a la semana siguiente, los mismos administradores cedieron la sala para la presentación de una compañía de perros amaestrados.

"A ese extremo ha llegado el desaire de este país hacia la diva", recuerda amargamente Alejandro Yori, nuestro veterano crítico de canto lírico y amigo de la diva peruana. En efecto, el Perú, como suele hacerlo con muchos de sus artistas, ha sido una tierra ingrata para sus hijos más exitosos. Como recuerda Yori, los peruanos de entonces no le perdonaron a la intérprete haber adoptado la nacionalidad norteamericana en sus tiempos de mayor éxito.

El crítico hace memoria: "En 1955, cuando ella se encontraba en el segundo puesto de las listas de música en Estados Unidos, solo por detrás de Bing Crosby, ella debía pagar, como extranjera, muchísimos impuestos. Si no gustaba en el Perú, y en Estados Unidos tenía tanto éxito, era lógica su elección. Sin embargo, cuando regresó al Perú, al visitar el Cusco la recibieron con pedradas. A Yma Súmac se la ha tratado siempre muy mal".

El viernes 5 de mayo, el presidente Toledo le impondrá la Orden El Sol del Perú en grado de Comendador. Esta acción, comparada con el maltrato recibido anteriormente, intenta corregir una injusticia histórica. Para Miguel Molinari, promotor de la lírica y uno de los responsables de su regreso al país, Yma Súmac no fue indiferente ante tanto olvido. Por eso, mantuvo con el Perú una relación distante y fría en las últimas décadas. Sin embargo, este acto oficial ha devuelto a la aplaudida intérprete el entusiasmo. "Al enterarse de este reconocimiento, ella está feliz de regresar al Perú", señala.

¿Cuál pudo ser la causa de este desencuentro entre la diva y el público limeño? Para los críticos consultados, puede ser el rechazo de los más fundamentalistas a la fusión musical. Como recuerda Molinari, Yma Súmac fue la primera en mezclar la música folclórica con el jazz, el mambo o el rock, un pecado para los puristas, que se burlaban de las portadas de unos discos que más parecen de opereta, con disfraces costosos y joyas lujosas. Lejos del repertorio utilizado en sus giras en América Latina, cuando cantaba los más clásicos temas del folclor andino, en sus exitosos discos vendidos en Estados Unidos con los arreglos de su esposo y mánager Moisés Vivanco, la diva no tuvo problemas en hacer concesiones al gusto estadounidense, que la celebró pero también etiquetó con el concepto de "exótica".

Desde hoy, toda la atención estará puesta sobre la legendaria diva. Sería bueno que, además del reconocimiento oficial, el gran público peruano la redescubra olvidando los viejos prejuicios. Bienvenida a casa, princesa.



Enrique Planas
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