Lunes, 22 de mayo de 2006
García sacó más provecho del debate ante las provocaciones de Humala
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Aprista propuso más, pero evitó responder ciertos temas relevantes. Upepista repitió sus argumentos y buscó confrontación en muchos pasajes

"Ollanta perdió contra sí mismo", comentaba un corresponsal de la prensa española al final del debate mientras cerraba su lap top. No le faltaba razón al colega. Si uno repasa las imágenes de la polémica, reparará en que varios de los golpes que recibió anoche el líder de UPP nacieron de su propia confundida mano. La tardanza que demoró el inicio del encuentro, por ejemplo, la propició él. No devorando un sándwich en el bar Quierolo, como sugirió criollamente Alan García, pero sí tomándose una inoportuna gaseosa en una bodega contigua a las 7:50 p.m., como contaron unos vecinos que lo atestiguaron. Producto de esa parada, Humala llegó impuntual al Museo de Arqueología y Antropología, dejando abierto un flanco que el candidato aprista no dudó en aprovechar. "Nosotros estuvimos a las 8 en punto, por respeto al país", precisó astutamente Alan en la apertura de su primera intervención.

Pero no sería ese el único autogol que cediera Humala. Antes de que pudiera comenzar su alocución, el moderador, Augusto Álvarez Rodrich, le pidió que retirara de su atril la bandera peruana que llevó como una suerte de simbólico amuleto, aun a sabiendas de que había un acuerdo previo para que ambos podios lucieran igual. El estandarte se confiscó, y la única bandera que se lució fue la que portaba el sobrio don José de San Martín, quien --acaso indiferente al retórico pleito electoral-- aparecía de espaldas en el enorme óleo con que, en 1904, el pintor Juan Lepiani ilustró la jura de la Independencia.

OLLANTA VS. HUMALA
Además de llegar a deshora, Humala se sintió en desventaja ante la impecable gestualidad de su contrincante. García --con su terno elegante y esa corbata ploma que tan bien combinaba con sus patillas grises-- se manejaba impolutamente ante la cámara y relajaba eventualmente el codo sobre el atril, proyectando una telegénica comodidad. Humala, en cambio, parado sobre un banquito, se bamboleaba de un lado al otro y solo supo qué hacer con las manos cuando Nadine, su esposa, le sugirió tomar ese lapicerito rojo que le confería un leve aire de profesor de colegio.

Para continuar con sus traspiés, en otro pasaje del careo, y en su afán de liberarse de la responsabilidad de la asonada de Andahuaylas (tema que abrió García cuando dijo: "Nosotros defendemos a la policía, no la asesinamos"), Humala soltó su línea de defensa menos feliz ("Que eso lo responda mi hermano"). Ahí, sin querer, dejó en el aire una pelota que García disparó con elocuencia. "Hay una frase popular que dice: 'Yo soy su hermano, pero no sé nada'", contestó el aprista y se anotó un poroto.

Pero a pesar de que el hombre de UPP cayó en sus propias zancadillas, acertó en algunas de sus réplicas. De hecho, supo arrinconar al ex presidente al pedirle, repetidamente, que contestara si estaba a favor del TLC, y si dejaría en libertad a Vladimiro Montesinos. Ahí Humala ganó puntaje. Lamentablemente (para él), volvió a fallar al jugar mal su carta secreta: unos documentos cuyo efecto se desperdició al ser leídos atropelladamente.

¿TREMENDA PELEA?
Aunque los reporteros no pudimos ver a los polemistas (para eso se habilitó una pantalla gigante en una sala anexa), y aunque ningún fotógrafo tuvo acceso al escenario central (debido a una descoordinación de los organizadores), sí se supo qué ocurrió tras bambalinas.

A la hora de los comerciales, cada candidato se reunía con algunos asesores. Humala conversaba con Martín Belaunde, Carlos Torres Caro y Gonzalo García, quien, además, fungió de emisario de Nadine Heredia, quien constantemente socorría a su esposo con notitas de ayuda.

En la esquina aprista, Alan aprovechaba las pausas y se refugiaba en los consejos de Hugo Otero, Luis Nava y José Chirito.

Detrás de esas camarillas, se encontraban los otros invitados. En la tribuna de UPP destacaban Ronald Velarde, Félix Jiménez, Eduardo Garibotto, Edmundo Murrugarra, Walter Aguirre y Mercedes Jiménez. En el banco del Apra, se vio a Benedicto Jiménez, Enrique Cornejo, Jorge del Castillo, Hernán Garrido Lecca, Luis Gonzales Posada, Mauricio Mulder, Mercedes Cabanillas y Ricardo Gibellini.

Al final de la confrontación, y tras el saludo de rigor (un abrazo mutuo que Humala coronó con un no tan cariñoso palmazo en el hombro izquierdo de su antagonista), Alan se acercó a despedirse de Nadine Heredia. Ollanta prefirió no devolver el gesto y salteó a Pilar Nores.

El balance final --por puntos, no por nocaut-- favoreció a García. Y no necesariamente por la brillantez de sus propuestas, sino porque Humala buscó el roce achorado con innecesaria recurrencia y --tal como sugería el periodista español-- se encontró con un rival que insospechadamente lo anuló: él mismo.



Renato Cisneros
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