Lunes, 22 de mayo de 2006
La serenidad versus la exaltación
Ver más fotos

LOS GESTOS DEL DEBATE
Y así fue. García se presentó sereno. Asimiló algunos ataques y manejó su tiempo con maestría. Humala jugó a ser el pugilista campechano. Terminó alzando la voz como si estuviera en un mitin



El candidato de la olla fue el provocador que buscó picar. El hombre de la estrella el estadista imperturbable. Esa fue la imagen que quisieron vender con guion aprendido.

LOS GESTOS DE ENTRADA
Humala llegó tarde al escenario. ¿Por qué lo hizo? ¿Para incomodar a García, porque sus nervios lo traicionaron, para provocar un ataque de sus opositores? "Cuando un paciente llega tarde a la consulta desarrolla lo que se llama una resistencia: no quiere estar todo el tiempo en el lugar por factores inconscientes. Pero si hubiera sido consciente sería una criollada, un mensaje de: yo pongo las reglas de juego y te pongo nervioso mientras me esperas", asegura el psicoanalista Alberto Péndola. Para el semiólogo Óscar Quezada fue un incidente patético: "Me pareció una pésima imagen para el país. Ver a García y al moderador Álvarez Rodrich comenzando el debate con el podio de Humala vacío fue grotesco". El sociólogo Sandro Venturo tampoco se explica la actitud: "Fue un absurdo", piensa en voz alta. "Habría que preguntarle bien. Sería ridículo, infantil y estúpido que haya sido intencional", enfatiza el psicoanalista Saúl Peña.

Ollanta siguió con su plan para desconcertar. Ni bien la cámara devolvió un plano conjunto mostrando a los tres protagonistas, una bandera peruana llamó la atención por estar únicamente en el podio humalista. Astuto, el líder que se llama nacionalista colocó el símbolo nacional a su diestra dejando a su rival en desventaja: quiso parecer más patriota que García. "El asunto de la bandera jugó en contra, lo pintó como un achorado", piensa Venturo. "El gesto demuestra su autoritarismo y su afán manipulador", agrega Péndola. Que fue una trampa y un truco, piensa Quezada: "Humala se presentó como el muchacho malcriado que llega tarde, que se pone liso con el moderador y que termina usando términos del habla popular para denotar cercanía con el pueblo".

GUION EN ESCENA
Si de joven ensayó frente al espejo, ahora utiliza la oratoria en piloto automático. Alan es un viejo zorro. Maneja las palabras por segundo y no se desespera cuando la luz ámbar lo apura. Sabe rematar con contundencia. No en vano Javier Diez Canseco ha dicho que es el mejor actor de la política nacional. "Alan ha seguido un guion para demostrar que es un estadista que controla la situación y que tiene propuestas para todos los puntos. Se afanó en no perder altura frente a los ataques. El guion de Humala lo llevó a demostrar que tenía carácter y que empataba con la indignación de la gente con la situación del país. Lo ha seguido bien y eso incluía pullas contra García", enfatiza Venturo.

Humala no es orador. Ni pretende serlo. Estuvo nervioso, se atropelló con el lenguaje, no midió sus minutos y hasta inventó la palabra 'coberturar'. Queriendo robar el título de populista y demagogo a García, no prometió bajarse el sueldo presidencial, juró no cobrarlo. Con tono acuartelado se prendió del pasado aprista para atacar y perdió tiempo leyendo un informe del investigador social Julio Cotler, quien hoy critica su autoritarismo.

"Humala manejó un tono 'militarote', con volumen alto y voz de mando. Alan quiso dar una imagen de autonomía respecto de su rival. Humala estuvo más preocupado en atacar y hablar de García que en focalizar sus propuestas", asevera Quezada.

"Se lo notaba nervioso con la frente arrugada y el entreceño. Humala se equivocaba, leía con mayor frecuencia, tenía lapsus y terminó con una proclama. Alan no lo apabulló. Sabía que si entraba al cuerpo a cuerpo, perdía. Si sacaba la espada, el otro sacaba la chaveta", reflexiona Péndola.

García es un experto en la ironía, pero esta vez midió su piconería. Recordó a Chávez, al hermano Antauro y la supuesta farsa de Locumba. Hasta se rio con autosuficiencia. Ahora bien, si la ironía cala en los sectores menos favorecidos es una incógnita.

EL ACTO FINAL
Alan invoca a Dios y Ollanta se invoca a sí mismo. "El final me ha parecido el momento más extraño. Ha sido el impacto de un hombre exaltado frente a un hombre sereno. Humala tiene una convicción de sí mismo como un sujeto mítico llamado a salvar el país, habla de sí mismo en tercera persona como lo hacía Julio César", opina Quezada. "El punto más destacado fue cuando Humala aclaró que no dejará salir de prisión a Montesinos y Alan le respondió que eso no dependía de él sino del Poder Judicial. Dejó en evidencia su autoritarismo. Fue contundente", asegura Péndola.

"En su afán de ser estructurado, Alan no habló de temas cruciales. No dijo nada de la CVR, nada de los derechos humanos. A Humala lo sentí sobreactuado y su manera achorada empata con sus electores. Con esto no gana más votos, él ha actuado para el público que ya tenía ganado. García ha hecho un esfuerzo por llegar a un sector más amplio. Su estrategia ha sido más inteligente", afirma Venturo. Saúl Peña discrepa: Ollanta fue el ganador. "A García lo vi sorprendido. Con la actitud de no responder para que las acusaciones en su contra sean vistas como guerra sucia. Ambos dieron múltiples propuestas, pero Humala me sorprendió. Él ganó el debate, pero no abismalmente".

Derrotas al margen, la vergüenza de la noche fue que ninguno de los candidatos mencionara al prófugo Alberto Fujimori en el rubro de la lucha contra la corrupción. Con los ojos puestos en el 4 de junio no se atrevieron a chocar con el voto anaranjado.



Milagros Leiva Gálvez



¿Considera que la crisis que vive Brasil es consecuencia del descuido de un estado con respecto a la seguridad ciudadana?
4

Envíe su opinión



Copyright Empresa Editora El Comercio S.A.
Derechos reservados
Contáctenos

Edición impresa