Domingo, 28 de mayo de 2006
Alan García no debería dormirse en el laurel del 'menos malo'
Juan Paredes Castro
Editor central de opinión y política

Con Ollanta Humala ha pasado lo que con muchos candidatos presidenciales ganadores de una primera vuelta: casi automáticamente pasan a colocarse en las encuestas por debajo del que quedó en segundo lugar, y esa tendencia generalmente suele mantenerse.

Sin embargo, a prácticamente una semana exacta de la elección final entre Humala y Alan García, y ateniéndonos tan solo a las más serias mediciones de la intención de voto, no está dicha la última palabra. No solo por la volatilidad característica del electorado peruano y porque uno y otro candidato generan gruesas resistencias, sino también porque la amenaza de un voto en blanco y viciado pesa como una espada de Damocles sobre la cabeza de cualquiera de ellos.

La última intención de voto medida por Apoyo para El Comercio da una diferencia de diez puntos a favor de García, mientras que un simulacro de votación (52% a 48%) confirma lo que decimos: pueden darse más o menos sorpresas en la balanza final.

Al día siguiente de la primera vuelta fue sin duda muy cómodo para Alan García pasar a ocupar el sitial del candidato menos malo, con la ventaja adicional de tener al frente a un Humala más radicalizado en lugar de más abierto hacia un electorado que le permitiera remontar el 30% de los votos conquistados hasta entonces.

Confiado en esta doble ventaja, la automática del "menos malo" y la "plus" brindada por un oponente atrincherado en el voto rabioso, García ha descuidado el duro trabajo de convencer (aún más veces de lo que cree haberlo hecho) a aquellos que todavía dudan fuertemente en votar por él.

¿Por qué entonces empezar a mirar de arriba hacia abajo una ventaja que aún no ha sido plenamente trabajada y que en esta semana podría exigir, por ejemplo, la exhibición del nombre de quien pudiera ser un reflejo de garantía del manejo de la economía y las finanzas del país en un gobierno aprista? Recuérdese cómo Alejandro Toledo exhibía a donde iba a Pedro Pablo Kuczynski, porque sabía que con ello ganaba cada vez más votos en los sectores A y B, y hasta C, que no los tenía seguros.

García no tiene que mirar la paja en el ojo de Humala, sino la viga en el propio. Y convencer, además, que sí la tiene y que es capaz de quitársela.






¿Qué opina sobre la reforma migratoria aprobada por el Senado de EE.UU.?
4

Envíe su opinión



Copyright Empresa Editora El Comercio S.A.
Derechos reservados
Contáctenos

Edición impresa