Domingo, 4 de junio de 2006
La ceja de selva de Lambayeque
OASIS EN CAÑARIS
A unos 150 kilómetros de Chiclayo hay un paraíso que el desierto norteño no ha tocado. Este bosque con flora y fauna amazónica ha sorprendido a los científicos

Cada vez que los investigadores Santos Llatas y Mario López anunciaban que se iban a la selva, sus amigos de Chiclayo no les creían. Los tildaban de locos porque, según se ha escrito, Lambayeque es una pequeña franja costera enclavada en medio del inmenso desierto. Como es natural, ambos tenían que soportar los comentarios irónicos de sus colegas de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, quienes les recordaban que la región, con las justas, contaba con una parte de sierra y que era descabellado pensar en la existencia de ecosistemas amazónicos.

Sin contar con el suficiente apoyo logístico, salvo una vieja camioneta proporcionada por la mencionada casa de estudios, el botánico Santos Llatas realizó en los últimos años varios viajes expedicionarios hasta el distrito altoandino de Cañaris (Ferreñafe), donde ni los mismos lugareños se habían atrevido a pisar.

RECOGEN MUESTRAS
En principio, el catedrático realizó dos viajes hasta la alejada comunidad quechuahablante, los años 1988 y 1989, que fueron complementados en febrero y mayo del presente año, y que le permitieron recoger muestras de desconocidas especies de la flora. Estas son analizadas por científicos amigos en laboratorios de Estados Unidos e Italia.

A los expedicionarios, con quienes participaron varios grupos de universitarios, les bastó caminar unos veinte kilómetros desde el poblado más cercano denominado Huacapampa para encontrarse con tupidos bosques que les impedían avanzar hacia un maravilloso lugar conocido como Shin Shin, que para los botánicos es un pequeño paraíso de trece mil hectáreas con palmeras, arbustos y helechos de singular belleza.

APORTE CIENTÍFICO
Las interminables caminatas los convencieron de que estaban frente a un nuevo aporte para la comunidad científica. Solo en el año 1801, el naturalista Alemán Alexander von Humboldt y un botánico francés habían cruzado por un sector de estos bosques cuando se dirigían a Huambos (Chota), en Cajamarca.

Tras elaborar un informe, los estudiosos lambayecanos no solo desterraron la idea de que la región no tiene selva, sino que su investigación ha permitido conocer que los bosques constituyen un alto potencial de recursos naturales.

Esto no solo se refleja en la enorme cantidad de plantas medicinales, frutales, especies maderables, pastos y una gama interminable de orquídeas, sino también en animales como el tapir, oso hormiguero, sajinos y guacamayos que han encontrado en Cañaris un excelente refugio para reproducirse y preservarse.

Aquí es posible observar bosques de neblina que presentan características similares a los que existen en el oriente peruano, debido a que lo peculiar del territorio ha facilitado el trasvase de vientos cargados de humedad atlántica, que frecuentemente originan lluvias intensas. Un paraíso que debe ser declarado un santuario natural que impida su depredación.


Más datos
4El estudio de Santos Llatas y Mario López se llevó a cabo a lo largo de los 376 kilómetros cuadrados que posee el distrito de Cañaris.

4En estos bosques hay yacimientos polimetálicos y auríferos en las zonas de Kañaryaku y Qiwamarka.

4Aquí viven personas que hablan un tipo de quechua diferente al del Cusco o Ayacucho.



Wilfredo Sandoval
4 Se le debe declarar Santuario Natural



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