Entrevista 4 AARON CIECHANOVER
Para el Premio Nobel de Química 2004, el doctor israelí Aaron Ciechanover, las brechas entre Latinoamérica, Europa o Estados Unidos son un asunto de decisiones y actitudes
El doctor Aaron Ciechanover dejó por algunos días las aulas del Technion o Instituto de Tecnología de Haifa, en Israel, para atravesar el Atlántico y visitar Latinoamérica por segunda vez. En esta oportunidad (ya estuvo en Uruguay), Lima fue la ciudad de destino para quien obtuvo el Premio Nobel de Química 2004 por el descubrimiento de la degradación de las proteínas.
Desde entonces se ha convertido prácticamente en un embajador de buena voluntad de la ciencia y la tecnología y --como él mismo lo dice-- ha asumido una misión: llevar un mensaje de aliento a los jóvenes que buscan su camino.
"Los jóvenes no deben dejar de luchar y de crecer, deben entender que el cielo es el límite", declaró a El Comercio el último lunes, antes de emprender viaje al Cusco para conocer Machu Picchu --le fascina la cultura de los Incas-- y alistar maletas para volar luego a Brasil y Argentina. El decimotercer Curso Internacional de Avances en Neumología y Cuidados Intensivos de la Universidad Peruana Cayetano Heredia había terminado y dejaba a muchos jóvenes médicos y otros no tanto con el gusto de haber escuchado a un mensajero de la ciencia bien hecha.
¿Se considera un embajador científico?
Quiero creer que soy un embajador científico. Después de ganar el Premio Nobel comprendí que tenía una misión en este mundo: dar coraje a los jóvenes, decirles que pueden superarse y crecer sin límite aun en los países pobres. Mi país, Israel, lo es porque no tiene petróleo ni diamantes, pero comprendimos que lo más importante era la educación, y la ciencia, el camino de la superación. Considero, entonces, que mi misión es ayudar a los jóvenes de escasos recursos a que comprendan que el cielo es el límite. Yo, por ejemplo, quedé huérfano a corta edad, a los siete años. Me quedé sin nada, pero entonces comprendí que debía superarme, perseverar, que el cielo era el límite.
No obstante, hay una brecha de conocimiento entre los países de Latinoamérica y Europa, pasando por Norteamérica. ¿Cuál sería la estrategia para dar el gran salto?
Eso es verdad. En Latinoamérica hay gente muy inteligente, pero la región tiene que tomar una decisión importante: dar prioridad a la educación. Al llegar al Perú he podido comprobar que tienen una cultura maravillosa. He visitado las iglesias del Centro de Lima y también al pintor Fernando de Szyszlo y he advertido que el arte y la cultura en el Perú son fascinantes. Por eso creo que más que un problema de noción de conocimiento se trata de una cuestión de decisión. China, por ejemplo, debido al régimen comunista se vio en un problema de falta de desarrollo, pero hace algunos años tomaron la decisión de que la ciencia y la tecnología eran claves. Creo que para un gobierno poner la educación, la ciencia y la tecnología en un primer nivel debe ser una prioridad. Si Latinoamérica en 20 años hace uso de la ciencia y la tecnología partiendo de la educación como base, podrá dar el gran salto. Entonces los latinoamericanos podrán exigir ser parte del juego de la ciencia si ponen en primer lugar la educación.
Usted ha comentado que antes de existir como Estado, Israel ya tenía tres universidades.
Eso es verdad. Se decidió que era importante tener educación, y por eso se vio la forma de impulsarla.
Por otro lado, también es cierto que el conocimiento es una forma de llevar la paz, pero también de hacer la guerra. ¿Qué opina del papel de la comunidad científica al respecto?
La ciencia puede ser utilizada para el bien o para el mal, pero eso depende de los políticos. No es una decisión que tomen los científicos, a menos que sean villanos. Entiendo que el conocimiento debe hacerse para la paz.
Sí, pero...
Ahora bien, los países totalitarios no son buenos en ciencia porque esta y el autoritarismo no van de la mano. Por esa razón los gobiernos totalitarios no están bien desarrollados. Si miramos el mundo, la ciencia y la tecnología se encuentran en países como Canadá, Suiza, Alemania, EE.UU., Italia y también Japón, que ha destacado precisamente después de la Segunda Guerra Mundial. A China, por ejemplo, ahora le va mejor porque está en proceso de seguir hacia una democracia. Es decir, el totalitarismo y lo científico jamás van juntos porque la ciencia necesita libertad para desarrollarse. Los países que quieren tener medios masivos de destrucción no lo pueden hacer, porque no cuentan con los científicos que aporten la ciencia para hacerlo. Por eso tienen que comprar conocimiento, como Hussein o elpresidente de Irán.
¿Y qué deberían hacer los científicos?
Los científicos deberían dar a conocer su opinión para que no se abuse de su propio conocimiento, para que no se use para fines negativos. Por ejemplo, en el caso de la clonación, hay que ser muy cuidadosos, pues podría ser que los gobernantes autoritarios quisieran clonar gente con ciertas características para formar ejércitos de clones. Por otro lado, tampoco podemos frenar el desarrollo de la ciencia. Si esta se maneja bien, en forma inteligente y con sabiduría, todo el universo se beneficia. Es nuestra responsabilidad hacer que el conocimiento sobre el genoma humano no se utilice en los regímenes autoritarios. Esto es algo que podría ocurrir, pero es responsabilidad de la comunidad científica evitarlo.
¿Está de acuerdo con la clonación humana?
En absoluto. No se pueden clonar humanos,, pero sí plantas y animales que pueden ayudar al desarrollo. Ese es el límite. Además, hay un límite moral.
Usted ha comentado que su misión es llevar el mensaje de la ciencia a los jóvenes, pero la mayoría de estos prefieren al cantante o al futbolista de moda.
Estoy consciente de que los cantantes y los jugadores de fútbol son mejores héroes para los jóvenes que los ganadores del Premio Nobel, pero considero que en la sociedad y en los hogares se debe dar más importancia a los físicos, economistas, políticos, abogados, médicos y demás especialidades en las ciencias sociales y las ciencias exactas para generar un contrapeso. Ahora bien, no me molesta y tampoco pienso cambiar las prioridades de los jóvenes. Si ellos prefieren a los cantantes o a los futbolistas quizá sea parcialmente culpa del sistema educativo. Por esa razón, la prioridad es dar énfasis a la educación, en la agenda política y en la casa.
Andrea Castillo Calderón