Sábado, 17 de junio de 2006
Comentario del editor: Las preguntas que despierta García en política exterior

Torre Tagle necesita recuperar cuanto antes el rumbo que le dio prestigio en América Latina



La política exterior del gobierno saliente ha sido sin duda más exitosa fuera que dentro de Sudamérica.

Y hablando más concretamente de nuestras vecindades más cercanas, como Chile, Brasil, Bolivia y Ecuador, hemos nadado contra la corriente casi todo el tiempo, atendiendo mucho a premisas puramente políticas que a realidades geopolíticas vinculadas al desarrollo nacional y regional y a nuestra inserción en el mundo moderno y globalizado de hoy.

A propósito, la asunción de Alan García despierta demasiadas interrogantes sobre lo que será en adelante la política exterior peruana.

Hay fundadas razones para pensar que el congelamiento de nuestras relaciones con Venezuela tendrá un contrapeso expectante en la distensión que se ve venir con Chile, a propósito de la invitación a visitar Santiago extendida por Michelle Bachelet al mandatario entrante. Su reciente viaje a Brasil refuerza con creces la diplomacia de avanzada hacia el Este inaugurada por Toledo y los ejes carreteros transoceánicos en beneficio principalmente del interior del país más abandonado en infraestructura vial. Y de cara a Colombia García buscaría amortiguar desde ese país cualquier malhumor chavista contra el Perú, establecer una relación bilateral basada en el buen entendimiento común con Estados Unidos y retroalimentar el eje Bogotá, Lima, Santiago y Brasilia, que recién aparece dibujado en Sudamérica como el nuevo espacio en el que hay que depositar nuevas inquietudes políticas integradoras.

¿Hacia dónde tendrá que mirar más el Perú en términos de comercio y mercados? ¿Hacia el ALCA, el Asia Pacífico, la Comunidad Andina, el Mercosur, la Comunidad Europea, al ejercicio de la multilataralidad sin banderas exclusivas?

García sabe al detalle lo que debe y tiene que hacer en política interna y en desarrollo interno. Pero lo hemos escuchado decir muy poco sobre lo que sabe y lo que piensa hacer en política exterior. Claro que es una garantía tener de su lado a José Antonio García Belaunde para recibir los mejores consejos sobre el hombro, como tener también, a más distancia, a un amigo y diplomático de tanta experiencia y solvencia como Allan Wagner como consultor ad honórem para lo que tuviera que necesitar.

No obstante ello, Torre Tagle espera un toque casi mágico de profesionalismo, sabiduría diplomática y espíritu cohesionador a favor de una línea de política exterior que empezó a dañarse profundamente desde Fujimori y que necesita, por supuesto, de un proceso de restauración que evite toda ideologización, politización y manoseo mediático en el tratamiento de sus grandes temas.



Juan Paredes Castro



Los niños pasan más de 300 minutos al día viendo la TV. Violencia y sexo inundan la programación.

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