Lunes, 26 de marzo de 2007
El secreto de su fuerza

David Hidalgo Vega
SUPERMAN. Una nueva película ha despertado la afición por el hombre que llegó de Kryptón. Semiólogos, filósofos y otros intelectuales lo han analizado desde diversos puntos de vista. Como muchos personajes de leyenda, un racha negra alimenta la intriga sobre su significado.

En el cementerio de Pasadena, California, hay una urna funeraria que lleva la siguiente inscripción: "Para mi querido hijo, Superman". La puso la madre de George Reeves, el primer actor que interpretó al superhéroe en una serie de televisión de los años cincuenta. Poco antes, el artista había aparecido con un tiro en la cabeza que la policía atribuyó a su depresión por estar encasillado en el personaje que lo hizo rico y famoso. "Fue un final irónico para Reeves: Superman caía muerto por una bala", escribe el periodista venezolano Gonzalo Jiménez en el libro "Insólito". El impacto de la noticia en su momento no fue tanto que un actor se quitara la vida --otro más--, sino porque nadie estaba preparado para ver morir al hombre de acero de la pantalla, encarnación popular de un mito que está hecho para ser creído casi con fe religiosa. Como señala el famoso semiólogo Román Gubern: "Superman es una figura crística, un dios hecho hombre, que anda entre los hombres en forma mortal, para cumplir su misión redentora en la Tierra".

Cada nueva película trae la recreación --nada sutil, cada vez más tosca-- de ese mito. Su fábula es conocida: que llegó del espacio, de padres extraterrestres, que fue acogido en una familia pobre, que tiene poderes sobrenaturales y una misión redentora. Pero hay teorías que difieren de esa visión angélica. De hecho, hay planteamientos que fastidiarían a los seguidores más entregados del hombre de acero. Por ejemplo, el hecho de que no cayó a la tierra ya convertido en un ser protector, educado por computadora interactiva mientras viajaba por el espacio, sino aprendió a ser bueno aquí en la Tierra. Según el escritor estadounidense Irving Wallace --quien incluye al superhéroe en su lista de "gente famosa que nunca existió... y que sin embargo vive"--, de no haber sido por los muy terrícolas granjeros John y Martha Kent, sus padres adoptivos, el chico bien pudo ser el primer supergranuja. "Felizmente para el joven Clark y para el mundo en general, los Kent advirtieron que las cualidades de su hijo entrañaban un potencial que podía inclinarles tanto hacia el bien como hacia el mal. Sensatamente inculcaron al niño un fuerte deseo moral de ayudar a la gente sea cual fuere el lugar del mundo en que se encuentre. La contribución de los Kent está, pues, más allá de toda evaluación. Gracias a ellos Clark se convirtió en un Supermuchacho", escribe el autor de "El Almanaque de lo Insólito".

HÉROE CENICIENTA
Clark Kent, el tipo pusilánime, tembloroso y amanerado que le sirve de mascarada, es parte del mito. "El héroe es un ser inferior que llega a ser superior, representando de alguna manera a todos los que se quedaron atrás y abajo", explican los autores chilenos Ariel Dorman y Manuel Jofré en el libro "Superman y sus amigos del alma".

De hecho, el filósofo italiano Umberto Eco, en el ensayo "Apocalípticos e Integrados", sostiene que entre el personaje y los lectores hay una empatía digna de una buena sesión de psicoanálisis: "Narrativamente, la doble identidad de Superman tiene una razón de ser, ya que permite articular de modo bastante variado las aventuras del héroe, los equívocos, los efectos teatrales, con cierto suspense de novela policíaca. Pero desde el punto de vista mitopoético, el hallazgo tiene mayor valor: en realidad, Clark Kent personifica, de forma perfectamente típica, al lector medio, asaltado por los complejos y despreciado por sus propios semejantes; a lo largo de un obvio proceso de identificación, cualquier 'accountant' de cualquier ciudad americana alimenta secretamente la esperanza de que un día, de los despojos de su actual personalidad, florecerá un superhombre capaz de recuperar años de mediocridad".

Dorfman y Jofré matizan esta idea con un sentido ideológico: "El héroe puede representar las aspiraciones de los sectores oprimidos, ser uno de ellos y superar incluso a los sectores explotadores. Es el mito de la Cenicienta".

NATURALEZA DEL HÉROE
El hombre llegado de Kryptón es el primero de los superhéroes modernos, pero pertenece a una larga tradición de seres míticos. "Superman, como el Gilgamesh babilonio, es en parte dios y en parte mortal. Su fuerza física le convierte en un homólogo del Herakles griego o del Hércules romano. Pero, pese a su fuerza, padece una vulnerabilidad específica a la kryptonita, como les ocurrió a Aquiles, a Sigfrido o Sansón. Es, además, el protector de Metrópolis, como los animales totémicos de muchas tribus", insiste Román Gubern en el libro "Máscaras de la ficción".

Su carácter mitológico requiere ciertas condiciones especiales: vive en un tiempo propio, indeterminado, de manera que no envejece. Según Eco, cada historia en la que se involucra termina en la última viñeta para empezar de cero en la siguiente historia. Si hubiera continuidad, Superman tendría que envejecer y, por tanto, acercarse más a la muerte. "Superman es mito a condición de ser una criatura inmersa en la vida cotidiana, en el presente, aparentemente ligado a nuestras propias condiciones de vida y de muerte por muy dotado de facultades superiores que esté. Un Superman inmortal dejaría de ser hombre para convertirse en dios, y la identificación del público con su doble personalidad (la identificación para la que ha sido pensada la doble identidad) caería en el vacío", dice el filósofo. Pero, ante el riesgo de que las historias aisladas se agoten o causen desconfianza en el lector, los autores han eludido ese dilema con la ubicación del personaje en un tiempo onírico. Quiere decir que el cualquier momento se hace referencia a las aventuras pasadas, pero sin ser tan específico. Esto permite que incluso la historia se saltee etapas cronológicas, de modo que paralelamente puede aparecer como Superboy o Superbaby, e incluso viajar en el tiempo sin mayor problema. Lo importante son sus hazañas.

El pensador italiano Antonio Gramsci --citado por Eco en "El superhéroe de masas"-- explica el valor de esas historias aisladas como un ejercicio de reivindicación: "La novela por entregas sustituye --y favorece al mismo tiempo-- el ejercicio de la fantasía en el hombre del pueblo, es verdaderamente como soñar con los ojos abiertos... largas quimeras sobre la idea de venganza, sobre la idea de castigo de los culpables de los males padecidos".

Superman es una metáfora del mundo contemporáneo: "Su fuerza queda descrita en términos científicos: se reafirma al hombre como controlador de la naturaleza. Muchas veces los rivales de Superman (el malvado Luthor o un enano de nombre impronunciable proveniente de la quinta dimensión) abusan de la ciencia. El representante del hombre común apropiándose de la ciencia sin sus defctos y peligros logra derrotar al que mal aprovecha de esos recursos", señalan Dorfman y Jofré.

MALDITA KRYPTONITA
El único elemento que podría causar su muerte, la kryptonita, es un elemento con pocas posibilidades de resolución dramática, a decir de Eco. Por el contrario, Superman siempre aparece enfrentándose a desafíos que puede vencer, por más extraños o sofisticados que resulten.

Por una coincidencia que no deja de resultar extraña, algunos personajes reales que han estado bajo el influjo del superhéroe han tenido un final más o menos trágico. En el libro "Hollywood Kryptonite" se afirma que en el caso de George Reeves, varios indicios sugerían que había sido asesinado: para empezar, no tenía rastros de pólvora en la sien, inevitable en un disparo a corta distancia; tenía el cuerpo salpicado de moretones; y encima, una versión no confirmada dijo que la policía encontró dos impactos de bala en el suelo de la habitación donde fue encontrado muerto. Una amante celosa lo habría mandado asesinar por uno de sus socios.

El actor Christopher Reeve --considerado el mejor de los Superman-- desató en 1995 otra racha, porque dos años después de que él quedó paralítico al caer de un caballo, la actriz Margot Kidder, recordada como Luisa Lane, tuvo un arranque de locura que la arrojó a vagabundear por las calles de Los Ángeles. Al año siguiente, Richard Pryor, quien hizo de su enemigo en Superman III, confesó públicamente padecer de esclerosis múltiple. Y casi al mismo tiempo, Kirk Alyn, uno de los primeros Superman del cine, fue declarado enfermo de Alzheimer. "Los tabloides sensacionalistas tendieron lazos entre estas tragedias y el oscuro episodio de la muerte de George Reeves casi medio siglo atrás", dice Jiménez. El mito de lo indestructible solo alcanza para la historieta.





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