ÍDOLO DE BARRIO. Del boxeador callejero y rebelde que cargaba cajas en el mercado y entrenaba pegándole a las reses de un camal solo queda la leyenda. Raúl 'Torito' Enciso vive hoy una metamorfosis: trabaja en un hospital y será instructor de niños mientras persigue su título mundial.
ROUND 1. PELEADOR CON LEY
Vieja, ya decidí, esto es lo que quiero hacer.
Y mamá Honorata imaginaba ya un futuro de hierbas y agua hervida para desinflamarle la cara a su hijo y grasa de culebra para relajarle los músculos y los tendones y el orgullo, y sabía que en la sala de su casa no tendría nunca muebles ni floreros como su vecina pero sí un saco de boxeo negro y callado para que él venga a pegarle y pegarle y descansar tomando aire para otra vez pegarle mientras la lluvia acosa las calaminas y el viejo tararea huainos en la cocina, huainos tristes como la parábola descendente de los párpados ayacuchanos de Raúl, que ya no era Raulito y que pronto sería 'Torito', y que más tarde seguiría entrenando duro en el patio de la casa con el riesgo de pisar los ollucos crudos que toman sol en San Juan de Lurigancho para más tarde ser cogidos, cocidos, comidos en un plato caliente y redondo como esos nudillos que juntos, uno por uno, irán formando un puño.
ROUND 2. EL HÉROE DE LEYENDA
A veces no me entienden que el boxeo es arte y no dos locos peleándose.
La historia es más menos conocida y podría empezar en los puñetes prestados durante los recreos del colegio a cambio de que le hagan las tareas y le aseguraran una libreta en azul. Antes de salir del colegio ya había ganado suficiente calle vendiendo productos típicos de semáforo en rojo, preservativos si era viernes o sábado. Avenida Aramburú, cruce con Paseo de la República: una pelea con otro vendedor y frena un auto, baja un tipo, detiene la bronca, separa a un Enciso magullado, le explica que para pelear bien hay que boxear y le dice su nombre y su apellido aunque Raúl no lo reconoce: Mauro Mina.
De Mina al profesor Ángel Bernaola que le enseñó a ser boxeador y a ser hombre, en el sentido ético de la palabra. Y de ahí al ring de verdad. 'Torito' alimentó la leyenda cuando alguien lo descubrió una madrugada cargando cajas en el mercado de frutas de San Luis y entrenando no en un gimnasio sino pegándole a las reses colgadas del camal más cercano -- Pégales, 'Torito', que la carne queda blandita, le decían--.
Pero para ser boxeador se necesita brazos, piernas, cabeza, espalda, hombros, cintura y dinero. A 'Torito' le faltaba eso último: la única puerta que se le abrió fue la de la Municipalidad de San Juan de Lurigancho, un día en que si no recibía una voz de aliento quemaba sus guantes y adiós a los golpes. Pero lo apoyaron y hoy es dos veces campeón bolivariano de box peso welter junior (63,5 kilos y ni un solo gramo más excepto que hagan trampa, que a veces pasa).
ROUND 3. DEL PUEBLO, DEL BARRIO
¡Tengo que crecer, tengo que crecer, tengo que crecer!
Tenía que crecer. Aún era adolescente Enciso cuando le entraron ganas de enrolarse en el Ejército, pero en la calle se divertían recordándole su condición de chato (hoy tiene 28, ya creció), y por eso se colgaba agarrado de una viga a ver si así crecía porque como sea quería vestirse de soldado porque de niño se iba a dormir viendo "Nam" y porque alguna vez, cuando se pasó de travieso, mamá Honorata lo mandó donde un tío que era militar para que lo enderece en un verano. Y le gustó imaginarse como ese tío.
No entró al Ejército y fue al poco tiempo que empezó a tomar en serio el boxeo y entenderlo como una profesión que dura poco. Los planes ya están hechos: en el corto plazo seguirá trabajando en el área de mantenimiento-conserjería-documentación-recepción en un hospital del barrio y como entrenador de box para niños y de defensa personal para las madres del Vaso de Leche, todo ello por afinidad a su distrito, que no quiere verlo otra vez cargando bultos de madrugada.
Ahora 'Torito' es un boxeador ordenado y al mismo tiempo dispuesto a visitar a sus amigos del mercado de frutas para que lo aplaudan y le regalen duraznos, saludar a los mototaxistas, abrazar a las caseras y darle la mano a cada uno de los mozos que le sirvieron hoy su cuarto de pollo a la brasa con papas fritas, ensalada y medio vasito de gaseosa, solamente, para no pasarse de los 63, 5 kilos.
ROUND 4. SÁBADO DE GLORIA
Yo no soy boxeador, a mí me gusta ir al ataque, yo soy peleador como 'Mano de piedra' Durán.
La pelea terminó como a las 11 de la noche de un sábado feliz. Qué recio es este cholo, se le escuchó balbucear a Éver Pérez en el ring del parque zonal Wiracocha salpicado de su sangre colombiana por los tres cortes en la cara que no le permitieron continuar y que le dieron a 'Torito' la reinvidicación del título bolivariano. Qué cholo más recio, y ahí estaban los gritos eufóricos que rebotaban en las arenas de San Juan de Lurigancho y los brazos arriba de 'Torito', esos brazos con los que luego abrazó a mamá Honorata y al viejo antes de invitarlos a comer para luego él irse a dormir, temprano y sobrio.
Esos mismos brazos le hicieron soñar despierto con los puños y el alma del púgil panameño, a quien admira porque conoce sus historias y los mitos y esa leyenda suburbana en la que un Durán borracho y valiente (a veces es lo mismo) noqueó de un gancho en la mandíbula a un inocente caballo para ganar esa apuesta y esa caja de cervezas y ese apodo, 'Mano de piedra'. Y esa fama. Y ese respeto. Aunque él quiere verse sano y sagrado pero de verdad, no como Durán, no como Tyson, no como Broncano, que sus años próximos los verá distorsionados porque está tuerto y encima preso. Y 'Torito' Enciso se jura a sí mismo con una convicción clerical que algún día traerá a Durán para que lo vea pelear, para enseñarle a su ídolo que él también sabe boxear siempre hacia adelante, como los toros, dando pasos hacia atrás solo para tomar impulso o para retirarse ante un contrincante que se desploma a sus pies.
ROUND 5. LOS PUÑOS Y LOS OTROS
No pienso en la fama porque todo llega en su momento, aunque debo prepararme desde ahora.
En la literatura pugilística (que no es poca y es buena) existe un cuento de Julio Cortázar que representa toda la vida y milagros a los que puede llegar un boxeador del pueblo que cambia los fierros de una pelea callejera por los guantes de una pelea profesional. Qué vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan... escribe Cortázar al inicio. Más adelante se lee:
... De pibe yo peleaba de zurda, no sabés lo que me gustaba fajar de zurda. Mi vieja se descompuso la primera vez que me vio pelearme con uno que tenía como treinta años. Se creía que me iba a matar, pobre vieja. Cuando el tipo se vino al suelo no lo podía creer...
Cortázar narra los recuerdos del argentino Justo Suárez, ídolo popular como Enciso, que embestía sin retroceso, como Enciso, que tuvo detractores miles, como Enciso y que evocaba siempre a la madre, igual que Enciso.
Por coincidencia, el cuento se titula 'Torito'.