PERSONAJES. La idea rebelde de libertad sacude al argentino Martín Caparrós, el deslumbrante escritor, viajero y cronista literario y gastronómico. Porque su vida es recorrer el mundo buscando historias convulsivas, analizar revoluciones, explorar armonías en las palabras.
Existe un momento misteriosamente criminal en la vida: el momento en que se define si una pasión pasará o se convertirá en amor. Bordeando esta tenaz incertidumbre, las pasiones de Martín Caparrós son "temporales": no en la acepción de sucesos que duran solo algún tiempo, sino en la de tormentas irrefrenables de mar y tierra. Caparrós padece de Boca Juniors, Diego Armando Maradona, Jorge Luis Borges, el compromiso revolucionario de los años 60 y 70, Dios, la patria, las dictaduras, la ambición estilística, el ritmo, los vinos, los toros, los viajes. Sobre todo esto último porque, para este asaz individualista --que, sin embargo, cree en lo colectivo--, viajar es la única fiesta patria.
Paul Válery decía que todos tenemos dentro un dictador y un anarquista. ¿En uno de tus más fascinantes libros, "Amor y Anarquía", soltaste a tu lobo libertario?
Siempre lo tengo, porque ese ideal anarquista como forma de mirar el mundo es el más digno que conozco, quizá la confusión sea pensar que de ahí se puede seguir una forma de organizar el mundo, aunque sería maravilloso; como forma de desconfiar de todo poder, me parece necesario. Pero es contradictorio, casi todos los pueblos del mundo tienen el anarquismo de creerse muy distantes de la ley y la norma en su vida más cotidiana, pero al mismo tiempo quieren que exista un papá, un presidente, un jefe, un hombre fuerte que les diga cómo se hacen las cosas.
El padre es la figura de la autoridad por excelencia, todos hemos sido anarquistas de adolescentes, había que matarlo simbólicamente. ¿Tu relación con tu padre fue revoltosa?
No fue conflictiva, pero sí complicada, nunca nos peleamos ni un poquito, nunca se impuso con órdenes, pero sí con inteligencia. Él era psicoanalista, y un clásico intelectual de izquierda de los años 60, militó en varios partidos, fue guevarista, amigo del Che cuando eran chicos y tenían una especie de proyectos juntos. Lo que pasó fue que en los últimos diez años de su vida tenía problemas graves de salud. Murió hace 20 años y siempre me quedó la sensación de que no había podido disfrutar de él.
Entonces al contrario: fuiste un seguidor de tu padre, porque también te volviste de izquierda y admiraste al Che Guevara...
No, jamás. Cuando tenía 8 años lo leí, pero en la serie de libros de aventuras que uno lee cuando es pequeño. El Che es un personaje extremadamente autoritario. Nunca me gustó ese mensaje del hombre nuevo y de Guevara como ejemplo de que "todos tienen que ser como yo, seguir mi ejemplo". Eso es infinitamente más autoritario que el que te dice acepten mi autoridad, te convierte en réplica de un personaje. Ya en la primera novela que escribí cuando tenía 23 años, pongo una cita de Guevara que pone en ridículo esta pretensión... Si tengo que definirme como de izquierda es por una idea de crítica sistemática del poder. Es la idea muy anarquista de que todo poder es nocivo y el trabajo intelectual consiste en poner en crisis ese poder.
Es más fácil ser anarquista como hijo que como padre. Tú tienes un hijo de 15 años, ¿aboliste las restricciones con él o has debido poner mano dura, ejercer tu poder "represor"?
Siempre traté de dejarle todo el espacio posible, que él supiera que yo estaba allí cuando quisiera, pero no imponerle mis decisiones... aunque estoy muy contento de que sea hincha de Boca Juniors como yo y de que vaya a la cancha. Y que vaya al Colegio Nacional de Buenos Aires, que es al que yo fui, porque él lo quiso. Obviamente uno modela a sus hijos, como modela a su novia y es modelado por ella, pero espero ser lo menos invasivo posible. Tenemos conflictos, pero he pasado mucho más tiempo con mi hijo que el que he pasado con mi padre.
¿Eres casado, separado?
Soy soltero, nunca me casé, por una reminiscencia anárquica, porque no creo que tenga que comunicarles al Estado ni a la Iglesia con quien duermo.
En el anarquismo hay una frase: "Ni Dios ni patria". Comencemos por Dios, ¿tuviste alguna formación católica de tus padres?
No, ninguna, mi padre era un español ateo. Yo no creo que exista ninguna forma superior a esta porquería que somos. Y lamento mucho la infinidad de crímenes que se han cometido en nombre de eso, además la idea de que hay seres superiores que ordenan todo esto está en contra de lo que más me gusta creer: que somos todos más o menos iguales.
Dios es la respuesta metafísica a la muerte. ¿Cómo respondes tú a la agonía que nos aguarda a todos sin excepción, a ese sentimiento de la nada absoluta?
Con miedo por supuesto y con el orgullo de que no tengo el alivio de suponer que cuando me muera me voy a ir a un cielo, donde voy a cobrar, o a un infierno, donde voy a pagar por lo que hice en este mundo. Ese es un negocio que te lleva a resignar tantas cosas en esta vida, es una forma de secuestro y uno paga en cuotas su rescate. Creo que esta vida es lo único que hay, y voy a hacerlo lo mejor posible.
Una leyenda negra insinúa que tu querido Jorge Luis Borges, que era agnóstico y que se definió como un anarquista pacífico, pidió un cura al morirse. ¿No crees que te suceda lo mismo?
Nunca lo escuché de él, pero sí de Voltaire, yo escribí un libro que se llama "Un día en la vida de Dios", es una novela sobre Dios encarnándose en distintos personajes para tratar de entender a sus criaturas. Y una de las escenas es la muerte de Voltaire pidiendo un cura y arrepintiéndose de no haber creído. Espero que no me pase, o quizá debería decir que sí. Sería maravilloso, yo envidio a la gente que puede creer que después de esto hay algo. Ojalá pudiera creer...
¿Y también desearías creer en la patria? En mayo del 68 había un graffiti: "La patria es un egoísmo en masa". Y tú estudiaste en el París libertario tras ese año...
Sí, cuando estudiaba Historia en París tenía como profesor a una eminencia en historiografía francesa que tenía más de 60 años y llegaba quince minutos antes para poner las sillas en redondo y acabar con el lugar de poder del profesor frente de la clase... Nunca tuve la enfermedad de la patria. Pero ha sido un trabajo extraordinario cómo consiguieron convencernos de que compartes algo muy importante con personas de las que todo te separa. Puedo pensar que tengas comunión con alguien que viva en tu misma ciudad, el mismo paisaje, los mismos problemas inmediatos, pero no que formes parte de lo mismo que un señor que vive a 3 mil kilómetros...
Pero para ti el fútbol, sobre todo en un Mundial como el que acaba de pasar, representa la idea de patria...
Lamentablemente es el espacio donde mejor funciona el efecto patria, que consiste en que yo quiera, celebre las mismas cosas, al mismo tiempo que la gente que más puedo detestar en el mundo; que yo grite el mismo gol de Argentina con el general Videla me parece humillante y eso es lo que la patria intenta hacer: Establecer supuestas metas comunes para borrar diferencias que no deberían ser borradas. Como que podamos pensar que ese señor que nos hace trabajar por 300 soles al mes, antes de ser aquel que nos perjudica, es un compatriota.
Pero, a pesar de que fuiste jugador de rugby y nunca has sido futbolista, eres fanático de Boca, le has dedicado un libro, y de Maradona...
Porque es un genio, entendiendo como genio a aquel que hace lo mismo que hacen millones de personas y, sin embargo, lo hace distinto. Ahora me gusta menos, porque está como una especie de resucitado que hace discursos morales. Pero eso no hace que disfrute menos de volver a ver sus viejos videos.
Rilke decía que su patria era su niñez. Si tuvieras que elegir algún arraigo, tú que eres un viajero incesante, ¿cuál sería?
Muy modestamente mi patria eran las ocho o diez manzanas en las que viví casi todos los años, en Argentina. Era mi barrio, por el Botánico de Palermo. Pero acabo de mudarme... No es lo mismo irme de la Argentina, si me voy a Nueva York, París, Madrid, porque no estoy dejando el barrio, pero ahora sí me fui a otro lugar de Buenos Aires y me siento un apátrida.
Hablamos del padre como figura de autoridad... Pero la madre, suele ser el símbolo de nuestros afectos, de la capacidad de expresar ternura; es la 'matria'...
Mi madre está viva, es psicoanalista. Humm, supongo que desde el principio ella fue muy exigente y quería que yo fuera alguien inteligente... Creo que ya se resignó a su fracaso.
¿Cómo fue crecer entre dos psicoanalistas, te analizaban continuamente o guardaban la espontaneidad del hogar?
Eran gente normal pese a lo que uno podría pensar cuando los ve. Mi madre nunca me habló del complejo de Edipo.
¿Las drogas fueron o son un ideal de libertad para ti?
Hace mucho que no tomo drogas, me fumo un porro muy de vez en cuando. Pero no me interesan, en una época probé bastante cocaína, pero es una droga odiosa, que te da una idea capitalista de compre ahora y pague en cuotas, a plazos.
Pasando a la literatura. ¿No has sido parricida con Vargas Llosa, tú cuentas que aprendiste de él con "Conversación en la Catedral" y "La Casa Verde", pero que después ha escrito "una buena mierda"?
Vargas Llosa me dio una entrevista y la titulé "El escribidior", porque era súper Christian Dior. Fue una entrevista mala, fallida. Él no tenía ganas de hacer ningún esfuerzo.
De García Márquez declaraste tu antipatía porque "ha inventado un continente lleno de monos y palmeras". Y que Borges te parece más revolucionario...
He dicho cosas duras, y es lamentable porque formo parte de una institución que él preside. No lo conozco. "Cien años de soledad" es un libro del carajo como texto. Lo que me molesta es esa idea de América Latina acorde con la visión que tienen los países centrales: un lugar maravilloso, lleno de mujeres voladoras y cacatúas que hablan. Es mucho más conservador. Borges era un derechista, pero hace una literatura revolucionaria porque retoma las certezas europeas, las combina, pone en crisis y produce que el pensamiento hegemónico tenga que haber cambios a partir de lo que él repensó.
Existe la idea gruesa de dividir a los escritores de acuerdo con quienes están más cerca de Ernest Hemingway: el aventurero, cazador, viajero o de William Faulkner: el experimentador del lenguaje. Tú eres un intermedio...
Yo detesto a Hemingway, me parece un idiota que nunca entendió nada de toros. Yo publiqué justamente en El Comercio hace 15 años una crónica taurina, en la que digo que él es un cabeza dura que convenció a millones de millones de rubias que los toros son una cuestión de huevos, de coraje y de fuerza cuando lo que importa es el arte, la estética, la coreografía.
Schopenhauer decía que no puede ser una buena persona alguien que disfruta con el sufrimiento de un animal.
He visto muchas corridas de toros y nunca disfruté con el sufrimiento de un animal. Yo disfruté con la belleza de ciertos movimientos, de ciertas danzas.
Sé que tienes una superstición: tocarte el testículo izquierdo para atraer la buena suerte. Y la superstición roza lo metafísico... ¿No será que en el fondo, tu ácrata interior sí cree en algo superior?
Ja ja ja, que sea ateo no quiere decir que no sea supersticioso, es una de mis innumerables contradicciones. A quién le estoy pidiendo esto que estoy pidiendo tocándome el testículo izquierdo, por supuesto que no tengo ninguna respuesta. Y sí, la superstición es como el sentimiento primitivo al que milenios de pretensión cultural convirtieron en metafísica. Pero yo siempre seré un bárbaro primitivo.