El celebrado escritor colombiano recicla las claves del más clásico melodrama para entregar una historia de degradación, codicia y sordidez. Y todo ello sucede en la espléndida ciudad luz, territorio de las grandes novelas
"Es el escritor colombiano a quien me gustaría entregarle la posta", ha dicho el mismo Gabriel García Márquez. Con tal elogio, sin embargo, Jorge Franco prefiere responder con modesta cortesía. "Es agradable oírlo de alguien que conoce el oficio de escribir como pocos. Lo siento como una palmadita en la espalda. Pero no hay que creérselo. Este oficio a veces tiene la luz prendida y otras apagada. Un éxito no garantiza el siguiente. No sé si después de leer "Melodrama" Gabo pensará lo mismo", bromea el escritor nacido en Medellín, quien justamente presentó su última novela el pasado sábado en la Feria Internacional del Libro de Lima.
Escritores de tu generación como los del grupo Crack o la movida McCondo han sido muy críticos con García Márquez y lo que generó, que el mundo vea toda América Latina como un gran Macondo. ¿Cómo se llevan los autores jóvenes colombianos con el abuelo Gabo?
Los que yo conozco sienten mucha admiración y respeto. Cuando leímos a García Márquez no se nos había ocurrido ser escritores. Lo leímos de una manera desprevenida, como se lee un clásico. Luego, ya como escritores, en ningún momento su sombra nos cubría. Simplemente ha pasado el tiempo y ha sucedido un cambio generacional y espacial. El espacio que contamos es muy diferente al que contaban nuestros padres literarios. Hay un tono, una voz y un ritmo completamente diferentes. Creo que gracias a él se mira Colombia, como se mira al Perú gracias a Vargas Llosa o a Ribeyro. Es importante tener estas figuras, padres y abuelos que nos abrieron el camino. Te pones a mirar países como Ecuador, Bolivia, Venezuela, que no tuvieron ese tipo de figuras, están un poco perdidas en el medio editorial y cultural. Hay un grupo que somos muy agradecidos con ellos. No faltan quienes optan por el parricidio, pero yo siento que las obras de García Márquez todavía tienen muchos años de vida y que hay que mirarlo como un clásico.
En "Rosario Tijeras" la crítica te convirtió en el escritor de la violencia en Medellín, como Andrés Caicedo lo hizo en Cali. Pero en tus últimas novelas, como "Melodrama", Medellín casi no aparece. ¿Quieres conscientemente escapar de ser el escritor de tu ciudad?
Sí. Lo de "Rosario Tijeras" es algo que me encontré por accidente. Sentía que era una deuda que tenía con la ciudad y salió con esta mujer, con el episodio del narcotráfico, que es solo un fragmento de toda esta historia loca que seguimos viviendo. Creo que todavía hay mucho que contar sobre el narcotráfico. Es un mundo mítico que todos los días está sacando historias que ni te las crees de lo absurdas que son. Pero yo dejé Medellín hace 15 años. Y esa distancia se ve ya en mis libros recientes.
Digamos que tampoco te sientes llamado a ser 'el escritor de Medellín'...
Yo me corro constantemente de los encasillamientos. Me asustan. Me pasó con "Rosario Tijeras", con la que me encasillaron como el autor que toca los temas del narcotráfico en Medellín. Ahora aparece "Melodrama", novela que toca de todo un poco pero no se compromete con ningún problema social.
En "Melodrama" abrazas el proyecto de la gran novela, te volcaste a una historia de largo aliento...
Esa fue una de las razones por las que quise escribir este libro. Lo que más disfruto del oficio es todo el proceso de escritura. Quería una aventura larga con una historia y quiero disfrutarla. Quería jugar con la literatura, con los tiempos, con la estructura. Creo que en los últimos años ha habido un retorno a la esencia, a la intención inicial de la escritura que era contar historias. Creo que ya pasaron los años de la experimentación, ya no hay nada por inventar en la escritura. Ahora hay un regreso a contar una historia.
Y tu novela ocurre en París, que podría ser el lugar común más grande de la literatura...
(Ríe). A mí no me dio tanto susto. Sé que en una de diez novelas siempre está París. Pero cada París que he leído es diferente, según quien lo vive. Simplemente, cuando construía el personaje de Vidal, el protagonista, un joven bello, pensé que al más bello había que buscarle el estereotipo de la ciudad más bella, donde supuestamente está el refinamiento, la cultura, la decadencia.
¿Como escritor y hombre de cine, Cómo defines el melodrama?
Hay dos cosas. No niego la influencia en mí del melodrama. Es de una fuerza increíble en Latinoamérica. En Colombia a veces paraliza el país. En "Betty la fea", por ejemplo, las calles estaban vacías en su último capítulo. El melodrama es nuestro. Está en la cultura y la sociedad. Pero, al mismo tiempo, en los últimos años me he vuelto crítico con él. Creo que se ha hecho un mal uso del género y se ha vuelto perjudicial. Colombia llevaba una línea de telenovelas bastante interesantes donde se utilizaba el humor, la ironía, con historias muy nuestras. De pronto, hay un regreso al esquema del culebrón mexicano y venezolano. En un país con tanta violencia, de pronto llegar por la noche a divertirte frente a la televisión era delicioso. Pero hoy el melodrama desperdicia un público de millones de habitantes en Latinoamérica que piden un poco más de respeto. Hoy el melodrama trata al espectador como un subnormal.
Melodrama
Autor Jorge Franco
Editorial Planeta
Nacionalidad Colombia
Páginas 394
Enrique Planas