Domingo, 6 de agosto de 2006
Crtítica de arte: Sabino Springett (1913-2006)
Ayacuchano de origen, Sabino Springett pasó a residir en Lima a muy temprana edad. Egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1934, tuvo como maestros a Daniel Hernández, Jorge Vinatea Reinoso, José Sabogal y Alejandro González Trujillo.

Pese a esta cercanía con los artistas del grupo indigenista, y de la previsible influencia que su líder ejercía, mantuvo siempre su independencia estilística, lo que no impidió su elección por una temática ligada, en los primeros tiempos, a la lucha social, que luego derivaría, a través de distintas etapas, en la búsqueda de un discurso que se centraba en el tema campesino,sus personajes y paisajes. Es esta opción la que motivó su participación en el Primer y Segundo Salón de los Independientes, de 1937 y 1940.

Refiriéndose al modo en que Springett concilió estas experiencias, centradas en la mirada atenta a la obra y las enseñanzas de sus maestros, al mismo tiempo que desechando cualquier canon impuesto por la pintura exitosa de entonces, Teodoro Núñez Ureta apuntó que esto fue posible porque "... era poseedor de una ductibilidd de paleta y una habilidad de ejecución connaturales en él, que le facilitaron asimilar con fortuna y dentro de su propia concepción de la forma, aquellas premisas y sacar de ellas realizaciones plásticas de calidad, sin desmedro ni de la frecuentación del tema vernacular, ni de las búsquedas de los valores plásticos puros, más allá de significaciones temáticas...". Juicio que también es válido en lo concerniente a su obra posterior, donde la influencia picassiana, en especial, encontró una hábil y característica forma de materialización.

Esta capacidad de comprender, utilizar y recomponer elementos instrumentales, logrando un nuevo resultado, donde la impecable realización era complementaria de composiciones oscilantes entre fuerte expresión y cuidado conceptualismo, permitieron al maestro Springett ser autor de una serie de pinturas abstracto-expresionistas de gran vigor y decidido riesgo, siguiendo el concepto matriz de la escuela neoyorquina de la pintura-acción. Y luego, en un ciclo posterior, dejar entrar en el ámbito de iconografías ligadas a períodos históricos lejanos, no solo elementos del arte popular sino reminiscencias de los clásicos mediterráneos, a través de un tratamiento informalista de riguroso planteo, austero cromatismo y contenido despliegue.

Docente en la ENBAP entre 1943 y 1974, fue maestro de varias generaciones, practicando con sus alumnos la misma actitud que adoptó en su etapa primera, la de una siempre ejercida libertad de elección.

Representante peruano en importantes eventos internacionales, fue Premio Nacional en 1940 y Medalla de Oro en la Exposición Latinoamericana de Nueva York, entre varias otras distinciones.

Su silencioso retiro de estos últimos años, respetado por amigos y discípulos, se ha vuelto, con su partida, un deseo de reconocimiento agradecido a toda una vida consecuente con su arte.



Elida Román



El Apra dice que ministros dejarán de pasarse las luces rojas y cerrar el tránsito a su paso. ¿Cree usted que lo cumplirán?
4 Envíe su opinión


Copyright Empresa Editora El Comercio S.A.
Derechos reservados
Contáctenos

Edición impresa