Jueves, 17 de agosto de 2006
Letra viva: El crítico es el enemigo
La tendencia dominante en la narrativa joven del Perú es la metaliteraria, es decir la que convierte a la literatura en la materia misma del relato: las diferencias entre realidad y ficción planteadas desde una óptica adversa al realismo, ya que subraya el carácter autónomo y estético de la ficción; las continuas referencias a libros como soporte del hilo narrativo, etc.

Pensemos en Luis Hernán Castañeda, Carlos Gallardo, Johann Page, Edwin Chávez y Leonardo Aguirre. Esa vertiente creadora cuenta con el gran antecedente de "La casa de cartón" (1928) de Martín Adán, más algunos aportes fantásticos y metaliterarios de la Generación del 50 (Luis Loayza, José Durand, Manuel Mejía Valera y Luis León Herrera); y adquirió concreción nítida con los libros que Harry Beleván editó en 1975-1977, aunque nunca se desplegó y proliferó como lo está haciendo en los dos últimos lustros.

Un ejemplo valioso de esa tendencia es "El círculo de los escritores asesinos", de Diego Trelles Paz (Lima, 1977). Hace patente, a modo de homenajes, sus principales referentes literarios: Roberto Bolaño (desde el eco de los títulos "Los detectives salvajes" y "Putas asesinas" hasta la cita del gran compañero de Bolaño: Mario Santiago p. 251); Julio Cortázar (el Círculo de la Serpiente de "Rayuela", los cuatro testimonios más las notas cual un juego por armar, una rayuela); los sobrenombres alusivos a escritores españoles suicidas e inconformes (Larra, Ganivet y el escasamente conocido Alejandro Sawa); numerosas conexiones con los poetas 'malditos', los vanguardistas, los beatnik, etc. Tan excesivamente librescos son sus personajes que su enemigo mayor es literario: un crítico (compárese el horror al crítico, en "Casa de Islandia", de Castañeda). Además, Alejandro Sawa se venga del círculo siendo su editor-crítico.

Mención aparte reclama que el Círculo idolatre a Vallejo como su mayor tótem literario (un autor vitalista, adverso al esteticismo); y que uno de sus integrantes ostente un apodo callejero y corriente, el Chato, y que sea un admirador de Oswaldo Reynoso (quien retrató una collera realísima, nada metaliteraria, en "Los inocentes"), aparte de que el sobrenombre de Casandra no remite a la literatura de España (fuente también del apodo impuesto al crítico asesinado: García Ordóñez, el traidor en el "Poema del Mío Cid") sino a la Maga de "Rayuela", en tanto Casandra era una vidente troyana. Todo ello apunta a la crítica de la realidad existente, y no solo al juego esteticista: de hecho, por debajo de la bibliofilia y la cinefilia compartidas, hay una rebeldía contra la mafia literaria y, sobre todo, es la pasión amorosa la que agita al Círculo, como también al pervertido García Ordóñez y al sofisticado Alejandro Sawa.

Título

"El círculo de los escritores asesinos"

Autor
Diego Trelles Paz
editorial
Candaya, 313 páginas
calificación ***

Argumento
Un joven crítico literario de comentarios venenosos dictados por sus animadversiones personales cuando no su servilismo a la mafia literaria de Lima (y, en el trasfondo, por el acoso sexual a escritoras que anhelan hacerse famosas), es asesinado por uno de los jóvenes escritores y cinéfilos que integran el Círculo: Ganivet, el Chato, Larrita y Casandra, congregados por su amistad con Hudson, un adulto vallejiano y, sobre todo, el amor que los tres varones sienten por Casandra. La novela contiene manuscritos de los cuatro sobre el Círculo y el asesinato del crítico, reunidos y comentados, con humor insidioso, por otro admirador de Casandra.



Ricardo González Vigil



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