Sábado, 31 de marzo de 2007
Un cazador suelto en Londres

Fernando Lucena
Especial para El Comercio

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ESPECIAL Fue parte del oscuro mundo del tráfico de arte y hoy Michel van Rijn, descendiente directo de Rembrandt, es un cazador de saqueadores de arte. Así, recuperó el tocado de oro moche

LONDRES. "A las doce y media o a la una... tú decide, hora peruana", me indicó, riéndose, Michel van Rijn, el famoso perseguidor de traficantes de arte. Se refería a la hora en la cual nos reuniríamos en su casa en Londres para conversar sobre la publicitada recuperación del artefacto de oro moche, entre otras cosas.

Al entrar a su casa quedé confundido: ¿cómo era posible que un heredero de Rembrant y cultivado especialista en arte y antigüedades tuviera semejante decoración? Van Rijn intuyó mi asombro: "¿ya viste la decoración?, nada de arte, solo kitsch". Docenas de soldados de plástico, muñecas de colores, gorilas, arañas y otros juguetes forman parte de su patrimonio artístico. Su manifiesto personal en contra de las colecciones de arte privadas.

Van Rijn sirve una taza de café y explica que su hobbie es la "cacería" de traficantes de arte. Y cazar a Leonardo Patterson era uno de sus principales objetivos. "Conozco a este tipo, conozco el modo en el que opera. En los años sesenta era un saqueador de tumbas en Guatemala y México. En estos países tenía a autoridades sobornadas que le permitían volar templos completos con dinamita y luego sacar las piezas en los helicópteros del Ejército".

El relato continúa. El arma más eficaz que este cazador utiliza es su página web, la misma que cada mes es visitada por más de un millón de personas que acceden a la más valiosa información relacionada al tráfico de piezas de arte. El nombre de Patterson figuraba en la página web de Van Rijn desde hacía bastante tiempo. La información lo señalaba como un traficante inescrupuloso y saqueador de tumbas, datos que entorpecían los millonarios negocios del costarricense, quien prefería pasar como un legítimo coleccionista para ofertar sus piezas únicas a selectos compradores.

Y llegó la estrategia. Michel van Rijn utilizó una expresión que le abrió el camino a Patterson para entablar una denuncia por perjurio ante los tribunales alemanes. El objetivo de la acción legal era conseguir que Van Rijn se abstuviera de mencionarlo en sus reportes. Luego de un largo proceso legal, Patterson perdió el caso y Van Rijn prosiguió con sus publicaciones.

Luego de su infructuoso intento por la vía legal, Patterson decidió acercarse directamente a Van Rijn. Y entonces llegó lo inevitable: le ofreció dinero a cambio de remover de su página web cualquier referencia a su nombre. Van Rijn fue directo al grano. Le explicó que dinero no le faltaba y sugirió que ofreciera algo más atractivo. Patterson cayó en la trampa y poco a poco le fue proponiendo distintas piezas de arte precolombino a manera de soborno. Van Rijn las rechazaba: "Vamos, Leonardo (Patterson), yo tengo tu libro, sé qué piezas tienes, ofréceme algo mejor". Michel van Rijn hacía referencia al libro publicado por Patterson en 1997, donde se muestra parte de la colección privada de este último, la misma que --como lo informó ayer El Comercio-- contenía varios de los objetos robados de la casa deRaúl Apesteguía, luego de su asesinato en 1996.

Finalmente Patterson le ofreció la codiciada pieza de oro moche. Van Rijn fingió haber llegado a un acuerdo con el traficante y lo retiró de su página web con el compromiso de que este viajaría a Londres a entregarle la pieza. "Lo que Patterson no sabía es que cada paso del camino lo di con el conocimiento de Scotland Yard", dice Van Rijn. Luego de reunirse en la casa de Van Rijn, ambos decidieron que la transacción y el acuerdo con respecto a las menciones en la página web se concretarían a través de los abogados de ambas partes. Según Van Rijn, Patterson no podía permanecer en Londres por mucho tiempo. Temía ser arrestado. Por eso ingresó al Reino Unido trayendo la pieza moche y, luego de reunirse con Van Rijn, dejó la pieza en manos de sus abogados y salió del país.

Es en esta etapa cuando, con conocimiento de Interpol-Perú, Scotland Yard decide intervenir. La agente Michelle Roycroft ingresó a las oficinas de los abogados y así confiscó la reliquia moche.

EL CAZADOR Y LA PRESA
Michel van Rijn es uno de los descendientes de Rembrandt. Heredero de parte del vasto patrimonio del pintor holandés, en su juventud decidió revelarse contra su familia y dedicarse a construir su propia fortuna traficando piezas de arte de Turquía, Líbano, Libia y Cuba, entre otros países. "A los 18 años crees que puedes hacer todo mejor que nadie. Yo llegué a robar piezas del patrimonio personal de Gaddafi, y saqué obras de arte de la Unión Soviética durante la Guerra Fría", cuenta Van Rijn a quien por entonces se le atribuían diversos robos, algunos cometidos por él y otros no. "Una vez le dije a la prensa que quería robarle a Gaddafi y todos rieron mientras tanto yo me llevaba las piezas (del líder Libio)". En Cuba tuvo mucho trabajo luego de la revolución. Muchos coleccionistas tuvieron que salir de la isla dejando atrás valiosas obras de arte que misteriosamente fueron desapareciendo.

A los 37 años decidió dar un giro de 180 grados y se convirtió en un cazador de saqueadores de arte. Y para lograr recuperar piezas alrededor del mundo invirtió gran parte de su patrimonio personal. "Los valores cambian cuando maduras", sentencia. Según Van Rijn, el mundo del arte había cambiado y a él le correspondía cambiar también.

Cuando publicó un libro explicando sus hazañas y las formas como opera un traficante de arte internacional, implicó a muchos en el mundo del arte, incluyendo las famosas casas de subastas Sotheby's y Christie's. Y fue cuando Van Rijn se volvió persona non grata. No se arrepiente.

LEONARDO PATTERSON
Según Michel van Rijn, Patterson es un "saqueador de proporciones industriales" que se codea con miembros de la realeza y de los más altos círculos sociales internacionales, a quienes ve como clientes.

El costarricense vive entre Munich y Ginebra, y es un gran jugador de polo, deporte para cuya práctica posee su propio equipo.

En los últimos días, Michel van Rijn habría enviado a Interpol información confidencial acerca del paradero y de la identidad falsa con la que Patterson estaría viajando. "Patterson sería afortunado si lo capturan en Suiza o Alemania, Si lo atrapan en México, por ejemplo, lo colgarán de los testículos (sic) hasta que escupa todas las piezas que robó", aclara Van Rijn, con su crudeza característica.

SU RELACIÓN CON EL PERÚ
La visita a la casa de Michel van Rijn me permitió tomar contacto con diversa documentación que muestra la extensiva labor que, durante varios años, el holandés ha venido realizando con el fin de repatriar obras de arte al Perú y a otros países. "El Perú guarda un lugar muy especial en mi corazón, a pesar de que a mí no me han tratado muy bien," dice.

La recuperación de la joya moche es uno más de sus logros obtenidos en beneficio del Perú. Antes Van Rijn fue parte fundamental en la restitución del altar de Challapampa, el mismo que había sido transportado de Puno a Estados Unidos por un traficante. También expuso a un "saqueador" mexicano que se encontraba en posesión de una capilla completa (con paredes y techo incluidos) que fue desmantelada cerca del Cusco y llevada del Perú a México.

Además de haber financiado parcialmente estas operaciones y de haber donado computadoras a Interpol-Perú, Michel van Rijn ha puesto su vida en peligro al enfrentarse a poderosas grupos de poder, implicando a varios criminales en el proceso. Por eso vive rodeado de guardaespaldas permanentemente.

Tiempo atrás ofreció 1,5 millones de dólares por la colección de Enrico Poli, con la finalidad de donarla al Gobierno Peruano. "Es inconcebible que un saqueador de las dimensiones de Poli pueda tener su propio museo en el Perú. Él importó la tecnología que se utiliza para saquear restos arqueológicos", dice sobre el coleccionista italiano.

Según su testimonio, en el pasado también habría tomado parte en una investigación encubierta que destapó una red de tráfico de piezas precolombinas que contaba con la colaboración de miembros del Instituto Nacional de Cultura. "Miembros del INC catalogaban importantes piezas de valor histórico como 'artesanías', y así se conseguía la ilícita exportación de las mismas".

En esta oportunidad, Michel van Rijn tampoco se siente debidamente reconocido por el Perú: "Siempre es lo mismo. Luego de haber invertido muchísimo dinero de mi propio bolsillo, haber puesto mi vida en peligro y haberme pasado meses viajando al Perú y a otros países a fin de conseguir que las autoridades peruanas se pongan en movimiento, cuando una pieza es finalmente recuperada, mi labor parece ser repentinamente olvidada".

SCOTLAND YARD
La detective Michelle Roycroft, de la Unidad de Arte y Antigüedades de Scotland Yard, no se encontraba disponible para comentarios porque la investigación continúa. Pero un comunicado oficial de dicha autoridad dice, en clara referencia a Michel van Rijn: "...estamos enormemente agradecidos por el amplio conocimiento de los profesionales en la industria del arte que han trabajado con nosotros de manera cercana, permitiéndonos lograr tan importante recuperación".





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