Una novela inédita del gran autor norteamericano. Crucero de verano es el título en español de una novela de Truman Capote que acaba de aparecer póstumamente. Se trata de un verdadero hallazgo editorial que nos devuelve al mejor Capote, una historia ambientada en Nueva York durante un tórrido verano posterior a la segunda guerra mundial.
Quién iba a pensarlo: veintiún años después de su muerte, el insólito y controversial Truman Capote vuelve a sorprendernos, esta vez con una insospechada entrega póstuma. Debemos admitir que nos sentíamos renuentes a leer un libro que él mismo no hubiera autorizado, sobre todo después de la publicación de su novela inconclusa Plegarias atendidas (1987), que no resultó ni por asomo la gran obra que supuestamente Capote estaba escribiendo cuando le sorprendió la muerte en 1984. No obstante, la aparición de Crucero de verano (2005; versión en español: Anagrama, Barcelona, 2006; 152 pp.), una primera novela que se creía extraviada, no es una mera curiosidad -como suele ocurrir con los títulos póstumos- sino que constituye un verdadero hallazgo literario, digno del mejor Capote. Veamos su historia.
A finales de 2004, su albacea literario recibió una carta de Sotheby's, donde le comunicaban que iban a subastarse unos papeles, cartas y fotografías del escritor norteamericano. Al parecer, habían pertenecido al guardián de un departamento de Brooklyn Heights en el que Capote había vivido durante los años cincuenta. A la sazón, el narrador se hallaba enfrascado en el proyecto de A sangre fría y había requerido los servicios del guardián, pues se había trasladado a Suiza para poder dedicarse por entero a su ambicioso libro. Más tarde, cuando este se publicó en 1966, Capote se hizo rico y optó por mudarse a un lugar más residencial en la isla de Manhattan. Su cambio de domicilio fue tan precipitado que dejó atrás ropa, muebles y cajas con papeles. Luego le dijo al guardián que sacara todo eso a la calle para que se lo llevara el camión de basura. Sin embargo, el empleado no se animó a hacerlo y prefirió guardar el material. Y sin duda que lo guardó bien, pues sólo volvería a emerger a raíz de su muerte, cuando pasó a manos de un pariente suyo que sí supo entrever el potencial valor del legado.
El descubrimiento del manuscrito de Crucero de verano ha sido un acontecimiento editorial. Después de todo, nadie esperaba toparse con un libro desconocido de Capote, un escritor cuya feroz autocrítica lo hizo avaro en publicaciones, más aún en los últimos veinte años de su vida. La novela fue escrita a mano en cuatro cuadernos escolares, más sesenta y dos páginas de notas adicionales. No se sabe con certeza si es un primer borrador, pero, dada la depuración del estilo podría suponerse que se trata de una versión corregida, muy próxima a la definitiva. ¿Habría querido Truman Capote que se publicara el volumen? El albacea y sus editores sopesaron el asunto con cuidado e incluso le dieron a leer el manuscrito a un estilista como James Salter antes de adoptar una decisión. Por fortuna, todos los lectores coincidieron en que era una novela de una factura impecable, al margen de una que otra palabra faltante. ¿Por qué Capote no difundió esta pequeña novela en vida? Hay algunas explicaciones al respecto.
Una de ellas señala que es su primera incursión en el género y que empezó a escribirla en 1943, cuando apenas tenía diecisiete años. Luego que el editor del New Yorker, Harold Ross, lo echara de su trabajo en la revista, el joven Truman regresó a su hogar en Alabama para terminarla. Según su biógrafo Gerald Clarke, en una anotación de su diario fechada en diciembre de 1944, se menciona lo siguiente: "Dije buenas noches, me encerré en mi cuarto, arrojé el manuscrito de Crucero de verano en el último cajón de mi escritorio, cogí varios lápices afilados y una pila nueva de hojas amarillas rayadas, me metí en la cama completamente vestido y, con patético optimismo, escribí: Otras voces, otros ámbitos, una novela de Truman Capote".
Si es cierto que entonces abandonó Crucero de verano para concentrar sus bríos narrativos en la nueva ficción que, finalmente, se publicaría en 1948 bajo el título consignado en su diario, es probable que después la haya retomado y continuado su revisión. En todo caso, también se sospecha que sus editores consideraran que no era oportuno publicarla como segunda novela. Esta explicación, empero, no resulta muy convincente al compararla con la que dio a la imprenta, El arpa de hierba (1951), una obra de menor alcance. En realidad, Crucero de verano hubiera sido una excelente presentación como novelista. Porque, a pesar de su éxito de crítica, Otras voces, otros ámbitos es una novela más bien críptica, intrincada, que encaja dentro de la vertiente gótica sureña y carece de mayores atractivos comerciales. En cambio, la historia que comentamos está ambientada en Nueva York y sus personajes parecen extraídos de una pieza de Tennessee Williams. Son rebeldes y tortuosos, hermosos y malditos, y se encaminan ineluctablemente hacia un desenlace trágico, en medio del fragor de un tórrido verano previo al aire acondicionado, un verano que sólo puede incendiar el deseo.
Se ha dicho que la protagonista es un antecedente de la inolvidable Holly Golightly de Desayuno en Tiffany (1958) y que su contraparte masculina, un joven ex combatiente de la segunda guerra, tiene algo, si no de Stanley Kowalski, por lo menos de la insolencia de los beatniks de la década siguiente. Aunque quizá el paralelo sea más adecuado con El gran Gatsby, no sólo por la capacidad de concentrar un universo tan vasto y complejo en pocas páginas sino por la belleza del estilo y el apego a los fastos de la alta sociedad tan característicos en Scott Fitzgerald. En esa dimensión, Capote se muestra como un alumno insuperable. Lo sorprendente es que a la edad en que escribió esta novela apenas salía de la adolescencia y de un mundo provinciano; por tanto, todavía se hallaba muy, pero muy lejos de la burguesía privilegiada que frecuentaría y le entusiasmaría hasta un grado enfermizo años más tarde. ¿Cómo hizo Capote para captar tan bien un ámbito social vagamente entrevisto a través de un escaparate? No lo sabemos, a menos, claro está, que recurramos a la palabra 'genio'.
Por cierto, Crucero de verano no refleja únicamente la fascinación que ejercían los ricos en Capote. Es, ante todo, una disección de los conflictos sociales en un Estados Unidos en recomposición después de la guerra, camuflada bajo la máscara de una novela romántica (joven y rica heredera se encapricha con chico pobre y basto). Y, si nos deslumbra ello también se debe a la maestría del autor para orquestar un relato con un preciso sentido del ritmo y de la progresión dramática, a la destreza para dosificar los efectos y conducirnos a un final tan intenso como imprevisto. Su perspicacia para adentrarse en la mente de sus protagonistas tiene su eco en una magnífica galería de personajes secundarios, compuestos enérgicamente con pocas pero seguras pinceladas. La prosa elegante y bruñida resulta exquisita, a veces demasiado. Si hay algún reproche que hacerle a este Truman Capote juvenil es su intemperancia verbal: el alumno aplicado se esfuerza y prodiga hasta bordear el exceso. Es decir, se engolosina con el vuelo poético y llega a "sobreescribir" en su afán por sacarle lustre a las palabras. De cualquier modo, Crucero de verano es una obra admirable que brilla con luz poderosa -aquella que irradian los talentos precoces- en una existencia en la que la altura del éxito hizo más dura la caída.
Guillermo Niño de Guzmán