Viernes, 1 de setiembre de 2006
El Caso Yanacocha y la responsabilidad del Gobierno
Por Francisco Miró Quesada Cantuarias, filósofo
Lo sucedido en torno a la empresa minera Yanacocha ha sido muy grave no solo para el país, sino también para el Gobierno.

El bloqueo de la carretera Cajamarca-Bambamarca por los comuneros impidió que la minera continuase sus operaciones, pues no podía transportar el oro que extrae continuamente, aplicando los métodos más modernos. Esto ha permitido a la empresa, solo en el primer semestre, vender 936,5 millones de dólares, cantidad fabulosa.

Si se tiene en cuenta que en el próximo semestre podría vender una cantidad igual o mayor, las cifras ascienden a niveles extraordinarios. Estas ganancias significan un importante ingreso para el fisco, ingresos hoy más necesarios que nunca. Según se informó, diariamente la empresa ha perdido aproximadamente seis millones de soles y el Estado dejó de recaudar dos millones de soles, lo que desmiente varias acusaciones durante la campaña electoral de que no pagaba impuestos.

Ha sido importante el papel cumplido por el presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo, para manejar las negociaciones, restablecer el diálogo entre la minera (que quiere aumentar su producción) y los comuneros (que incluye la protección del medio ambiente), para evitar la violencia. Se logró desbloquear la carretera y hacer que la minera reanude sus actividades productivas.

Mientras tanto, el Gobierno propicia una estrategia nacional de alivio a la pobreza en la que el presidente García ha colocado prioritariamente a la comunidad de Cayara, en Ayacucho, para que inicie un rápido desarrollo y se puedan restañar las heridas causadas por la guerra antisubversiva que aún no cicatrizan.

Hay también problemas en Puno y Arequipa, y puede haberlos en los departamentos costeños, como en Ica, a pesar de que sobra la fuerza de trabajo, al haberse convertido en uno de los centros exportadores de espárragos más grande del mundo. La empresa más grande opera en dos lugares, uno no muy lejano del otro. Pero en uno los trabajadores ganan más que en el otro. Y, como es natural, esto podría generar conflictos.

¿Qué está pasando? Como puede verse, el Gobierno está corriendo el riesgo de convertirse en bombero que corra de un sitio a otro para apagar incendios. Y todo sin aplicar la violencia. El presidente García está decidido a resolver los problemas que surjan sin que las fuerzas policiales tengan que disparar, ojalá pueda lograrlo. Las grandes cualidades negociadoras de Jorge del Castillo, tal vez, le permitan cumplir esta finalidad.

Sin embargo, subrayamos que se trata de un objetivo muy difícil, que demanda una política coherente y sólida de gobierno, que restablezca el principio de autoridad y el orden, propicie el desarrollo de todas las regiones, invierta en programas de apoyo social y desarrollo sostenible, y promueva la inversión, la generación de empleo, la igualdad de oportunidades y la defensa del medio ambiente.






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