Viernes, 1 de setiembre de 2006
Rincón del autor: Sorpresas te da la vida

Por Jaime de Althaus Guarderas
Lo que en especial sorprende favorablemente y tranquiliza respecto del futuro son los temas a los cuales García ha decidido dedicarse personalmente



Todavía es muy temprano para juzgar, pero no cabe duda de que la mayor parte de señales que ha emitido Alan García, cumplido ya un mes de gestión, es sorprendentemente promisoria.

Es cierto que hay una búsqueda del máximo efecto publicitario posible con algunas medidas o propuestas como la reducción de sueldos o la pena de muerte para los violadores-asesinos. El propósito de esa clase de anuncios no es resolver problemas. Por el contrario, la reducción de sueldos rebajará a la larga la calidad de la tecnocracia estatal e incentivará la corrupción, y la pena de muerte distrae de las causas profundas del problema. Su propósito es, en el mejor de los casos, conseguir la identificación de los sectores populares con el Estado luego de años y décadas de desconfianza y rechazo crecientes a la clase política, para asegurar así mejores condiciones de gobernabilidad, ganándose alguito, de paso, en las próximas elecciones regionales y municipales. García es básicamente un animal político brillante, y lo está demostrando día a día en las decisiones que toma y en la manera como las modula para los medios.

Es cierto, también, que algunas actitudes y gestos han encendido la alarma del recuerdo del García que conocimos en su primer gobierno: esos 45 imperiales grados hacia atrás en las revistas de tropa, la mirada a las alturas de la gloria cuando ingresa a Palacio o al Congreso, y las llamadas a los ministros para que ejecuten mandados nacidos de su entusiasmo momentáneo.

Pero, hasta ahora por lo menos, lo que vemos en el haber es mucho más importante. Lo que en especial sorprende favorablemente, y tranquiliza respecto del futuro, son los temas a los cuales García ha decidido dedicarse personalmente, a los cuales volcaría su incontenible energía. Y esos son, según ha podido verse, los siguientes: conseguir mucha más inversión privada y pública, simplificación administrativa y reforma del Ejecutivo, lucha contra la desnutrición y primera infancia, y sierra exportadora. Faltaría incorporar educación y reforma de la justicia para que el listado sea perfecto.

Si el presidente García mantiene constancia en el liderazgo personal de esos temas, pues obtendrá resultados que podrían enrumbar definitivamente al país. Ojalá lo haga. Pero, además, han sorprendido también favorablemente decisiones y orientaciones clave: el énfasis puesto en una mística de austeridad, moralización y trabajo a toda hora --expiación de culpa, claro, pero no importa--, aumento de la inversión pública y no de los gastos corrientes, formulación de metas evaluables, presupuesto por resultados, nueva relación con Chile e integración con los países latinoamericanos del Pacífico, etc.

En suma, un gobierno serio, organizado, trabajador y bien orientado en sus prioridades y definiciones de política, con una dosis de populismo hasta ahora relativamente inocua. Que así se mantenga.






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