Domingo, 17 de setiembre de 2006
Arte: La capital y la mente

Instalaciones reunidas. La exposición Cambios Estructurales 1 viene alojada en el marco de otros cambios (no precisamente estructurales) en el Museo de Arte del Centro Cultural de San Marcos. Esta se convierte así en la última muestra organizada ahí por la gestión de Armando Williams, quien ha tenido desde 1999 una significativa actividad como curador.



Aunque no todas las obras sean explícitas en esto, el tema de la muestra es Lima, tomando amplios espacios de la casona sanmarquina con instalaciones de Víctor Castro, Miguel Andrade, Joaquín Liébana, Ishmael Randall, Raura Oblitas y José Carlos Martinat. Randall presenta una suerte de estructuras (columnas, vigas, techos) que insinúan un proceso de construcción en ciernes. El material es papel maché (de periódicos, como el que tiene en sus manos), así, las partes diseccionadas del recinto se asumen como hechas de tiempo o historia sólida. Un fluir cotidiano que se alude también en el agua o lluvia, insinuada con tanques metálicos, mangueras y canaletas sin punto de partida ni destino.

Liébana coloca en el dintel de acceso un cartel expropiado de la calle, en los linderos de una huaca. Aquí enmarcado, el texto anuncia "prohibido orinar / llueven piedras": amenazante en su propio contexto, el aviso reclama un respeto elemental cuya transgresión puede producir un ataque impersonal que adquiere resonancias de castigo divino. Dentro, un muñeco articulado y erguido de cuatro metros de altura puede ser puesto en movimiento con un sistema de cables y contrapesos que le proporcionan un animismo impresionante. Las paredes virtualizadas con un cielo pintado, saturado de nubes, nos colocan en un telón de paisaje abierto donde esta enorme caricatura de desnudo humano se ve rodeada por fálicas formas de tótems abstractos. Así, toda ritualidad religiosa se diluye en clave humorística al cruzar el umbral. Más aún en la inauguración, cuando el artista pone a bailar al gigante con cierto desenfreno alrededor de luces cortadoras y máquinas de humo cual discoteca nudista.

Combustiones y pánico

Prescindiendo de recursos ajenos al espacio mismo, Martinat exhibe el resultado de un desmantelamiento de-constructivo (palabra remarcada por Williams) de los muros de madera del espacio que se le ha concedido, con los cuales construye otro recinto más pequeño en su interior, colocando en él una puerta que se azota continuamente. "Estado Pánico" es el título, cuyas palabras apenas se leen al superponer una palabra a la otra, creando visualmente (con la obra y con el texto) una sensación de agorafobia, desesperada saturación y afasia producida por la falta de aire.

Por su parte, Castro crea una suerte de estructura hecha de columnas de latas metálicas apiladas (recicladas, aun cuando brillantes) desmantelada sobre el suelo, junto a un muro donde siluetas gráficas de brea y plomo sobre papel sugieren una suerte de fuga de espermatozoides. Como señala Miguel López, hay en él la intencionalidad de afirmar los elementos que utiliza como dando cuenta de su sola existencia y su capacidad de ser afectados por transiciones o procesos físico-químicos, ya inducidos o espontáneos. Sus 'dibujos' con cerillas de fósforo sobre papel son el rastro indiciario de una combustión hecha trazo en las que se destaca un inagotable poder ritual y estético.

La América ausente

Andrade nos resulta algo más críptico esta vez: en su sala, cuatro volúmenes de un atlas enciclopédico (dos de Europa, uno de África y otro de Asia) cierran hacia ellos sus forros de tapa dura creando un cuadrado suspendido, perforado por círculos planos que permiten calar incluso sus coloridas páginas interiores. Hay ahí un juego orbital de 'geografía global' cuya sombra se proyecta en el suelo sobre los círculos tomados de las tapas, como una suerte de tierra plana de connotaciones insulares (acaso la América ausente). De allí parecen provenir las "cuatro esquinas" que se destacan en el título de su trabajo: una obra cuyo aspecto acerca lo 'planetario' a lo 'barrial' (o carcelario).

Oblitas ha creado una serie de frágiles estructuras de yeso, malla metálica, cemento y madera. Una composición que segmenta el espacio en recintos de resonancias diversas. Su trabajo apela a las texturas de los materiales en fricción con la escala humana que se desplaza entre ellos como en medio de una arquitectura más próxima al cuerpo y la psicología. El mapa general dibuja un territorio mental: metáforas y utopías (Randall, Oblitas); reclusión (Martinat) y lecturas que nos parecen tangenciales para pensar la ciudad capital (Castro, Liébana, Andrade). Estas han hecho no obstante aquí un énfasis en el manejo de lo espacial y de lo casi efímero que se permite el arte contemporáneo.



Emilio Tarazona
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