Domingo, 10 de setiembre de 2006
"En la infelicidad nos desnudamos"

El joven narrador y guionista peruano habla acerca de su más reciente libro de cuentos: "Mujeres a punto de alzar vuelo" actualmente está en escena su obra teatral "La cisura de silvio"



En su faceta de escritor, Víctor Falcón Castro (Lima 1979) goza mientras destruye la felicidad. En su más reciente libro de cuentos, "Mujeres a punto de alzar vuelo" (Solar 2006), se dibuja la frustración femenina ante el engaño, la monotonía, la lujuria y las ganas de sobrevivir dignamente. Pero hay algo que se contrapone a ese instinto destructor. Resulta que a Falcón la casualidad lo llevó a ser guionista de "Qué buena raza" y "Vírgenes de la cumbia", series en las que los problemas se solucionan en el último capítulo. "Sucede que en televisión los finales casi siempre tienen que ser felices, pero en literatura me encargo de volver al estado de infelicidad", cuenta el joven narrador que hace unos meses se inició como dramaturgo. "La cisura de Silvio" es el nombre de la pieza que ganó el Segundo Concurso de Textos Teatrales - Décima Muestra Regional de Teatro Peruano, que ha sido llevada a las tablas por Óscar Carrillo. La obra estará todos los fines de semana de este mes en el centro cultural Cafae -Se.

¿Por qué ese gusto por escribir sobre mujeres frustradas y fracasadas?
Tenía una insatisfacción por los personajes femeninos que había logrado en "Cómo alterar el orden de todo", mi primer libro. Así que decidí construir algo más complejo para lograr voces adecuadamente planteadas. Por otro lado, el tema de la frustración es un tema que me llama, es interesante descubrir que en la infelicidad el ser humano se desnuda. A ello podríamos agregar el elemento de la casualidad: sin desearlo, siempre me cruzo con seres amargados que están al borde de cambios negativos, al borde de la muerte.

Iwasaki dice que tu narración es como una oda a la destrucción de la felicidad
Es un gesto que le agradezco mucho. Sucede que siempre he tenido un gusto por ello, me gustan los escritores que se encargan de abolir el derecho a ser feliz, como Elfriede Jelinek. Aparte, la felicidad no me da mucho para escribir.

Una diferencia clara es que tus guiones siempre terminan en finales felices, gente común que logra algo
Sucede que en la literatura puedo lograr cosas que nunca podría hacer en televisión. Pero de la literatura no puedo vivir. Y para eso están lo guiones que son una gran pasión, que casi siempre tienen que ser felices porque la idea es que ese personaje se realice, que logre su cometido. Felizmente nunca he escrito nada en televisión de lo que me pueda arrepentir.

Tú no te arrepientes pero tus personajes de "Mujeres a punto de alzar vuelo" lo hacen todo el tiempo
Son seres insatisfechos, eso que el título suena medio positivo, como si las mujeres estuvieran a punto de emerger. Y eso le pasa a mucha gente que he conocido. El estado de fracaso tiene que ver con la casualidad. Es como si los personajes me persiguieran.

Tus mujeres piensan mucho para hacer las cosas
Diría que tienen un mundo interior rico. Yo he querido construir la relación de la mujer con ella misma mas no con su mundo exterior. Por eso la indecisión

Esa indecisión hace que tus cuentos acaben en la acción misma. ¿En algún momento te planteaste quitarle la incertidumbre al final?
Sí, pero los finales felices pueden resultar inverosímiles. Por eso al final vence mi gusto cinematográfico. En la televisión tú cierras todo. En el cine la cosa es distinta; un final abierto te puede decir mucho. En uno de mis cuentos nunca se sabe si esa mujer mata a su esposo con el martillo; lo tiene en la mano apuntando a la cabeza y ahí finaliza.

En tu libro, los hechos transcurren por escenas. Parece que intencionalmente las hubieras escrito para llevarlas a las pantallas
No lo hago deliberadamente. Sucede que la formación televisiva es parte de mí y no puedo cambiarla. Vivo viendo televisión, leyendo guiones... Por eso tengo que separar la tele de la literatura. Es difícil, porque el guion no te desampara, pero comprendí que son dos temas diferentes. Ni la televisión puede ser literatura, ni la literatura televisión.






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