Domingo, 17 de setiembre de 2006
Un lugar llamado Manayaicuna
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CLAUDIA LLOSA
Tras presentar "Madeinusa" en muchos festivales alrededor del mundo, su directora conversó con nosotros sobre cada detalle que aparece en su fascinante creación de un viernes santo andino.

Cada Viernes Santo, en Manayaicuna, Dios muere a las 3 p.m. Es el comienzo del tiempo santo, en que no existe el pecado y los hombres pueden dar rienda suelta a sus pasiones. Es la premisa sobre la que se edifica el filme "Madeinusa". Una premisa que, como todos los otros detalles del filme, fue creada por su directora, Claudia Llosa.

¿Cuál fue el punto de partida de "Madeinusa"?
En realidad, son dos los puntos de partida. Uno bastante difuso, cuando estaba en Barcelona buscando una idea para mi primer largometraje. Así, escribiendo y desechando ideas, se me vino a la mente esta premisa. Tal cual. Por otro lado, creo que el origen es un viaje, ya sea imaginario o no, que supuestamente hice cuando era niña. Viajamos por el Colca y recuerdo las imágenes de una ceremonia, luego comíamos en una casa y el señor que atendía nos dijo: "No salgan porque Dios está muerto". Y de ese recuerdo o sueño, o interpretación infantil de un hecho, surge la idea. Y a partir de ella simplemente me sumergí en una serie de imágenes, recopilación que hice a lo largo de mi vida, de tantos viajes y lecturas. Poco a poco las fui transformando en algo distinto, en "Madeinusa".

¿Te interesa especialmente la cultura andina o es un referente que utilizas como resultado de tus viajes?
No es que quiera hacer una investigación cinematográfica sobre lo andino. No creo que vaya por ahí. Me interesa porque el cuerpo me pide que hable de lo que veo, de lo que siento, de lo que interpreto de ese mundo. He viajado desde muy niña por la sierra y por eso me siento ligada a ella.

Para los peruanos, el mundo andino se mueve entre dos extremos. Están quienes lo aman y piensan que es la expresión real de lo peruano. Y estamos quienes, sin desdeñarlo, simplemente no le prestamos la atención debida. Tu película aborda ese mundo en el punto medio. Es una manera muy original y válida de verlo.
Porque es así. Cuando estoy allí siento que, así como hay cosas ajenas a nosotros en lo andino, hay otras que tienen mucha conexión. Acabo de llevar la película a la sierra y es la primera vez que la veo contenta y tranquila. Porque sentía que lo que decía en la película no le era ajeno a toda esa gente ni a mí.

Está claro que la intención del filme no es hacer un estudio antropológico.
Totalmente lo opuesto. Pero a pesar de que la película es un universo construido, tiene tantas conexiones con la realidad que, de alguna manera, es también real. Y en la película siento más lejano al personaje de Salvador, el limeño, que a los andinos.

Me da la impresión de que Salvador, sin ser el narrador del filme, es el referente a través del cual podemos entrar en la historia del pueblo y mirarlo de cerca.
A veces me pregunto si lo necesitaba de verdad. Y me respondo con sinceridad: si volviera a escribir la historia de Madeinusa lo volvería a poner porque la mirada divina que se anula durante los tres días del tiempo santo se traspasa a los ojos de Salvador. Y a través de él al espectador. Y, algo más interesante, Salvador nos sirve para cuestionarnos un tema de fondo: ¿Qué importa realmente? ¿Lo que ocurre o la manera como miramos lo que ocurre? Por eso cuando se consuma el incesto no lo muestro; solamente vemos la reacción en Salvador. Quise plantear que el castigo está porque alguien mira. Y en ese punto Salvador es válido.

Lo que pasa también es que la película es muy original y el personaje de Salvador no. Es un lugar común.
Y eso no me gusta. Pero es parte también de mi propia búsqueda. Cuando comencé a escribir "Madeinusa" era, en términos cinematográficos, más ingenua. No había visto todas las películas que debía haber visto. No tenía todas las referencias. Recién cuando gané el premio por el guion me planteé que no podía seguir así toda la vida. Tenía que ponerme al día. A veces me angustio pensando en todo eso.

De repente no te hace bien ponerte al día.
Allí está la contradicción. Porque quiero que la siguiente película tenga la frescura de la primera. Las referencias nunca me han gustado. Cuando escribía poesía y me decían que se parecía a tal poeta, no era un cumplido para mí. Me daba cólera.

Dios está muerto durante tres días es el eje central de tu película. ¿Eres religiosa?
Mi relación con la religión ha ido cambiando mucho. Siento que, de alguna manera, he tenido muchas perspectivas. Vengo de una familia católica pero no precisamente practicante. Mientras crecía, mi madre estaba molesta con Dios. Luego desarrolló una onda más espiritual. Y mi padre, más bien, practica los valores cristianos pero no nos llevaba a misa ni esas cosas. Sin embargo, toda la matriz cultural cristiana estaba siempre en mi casa. La culpa, la dificultad con la sexualidad y todo eso. Y esa contradicción entre el deber y el querer siempre me llamó la atención.

La idea de que Dios esté muerto es fascinante. Es como que se abren todas las posibilidades para hacer lo que uno quiere.
¡Claro! De alguna manera yo fantaseaba con esta búsqueda de la libertad. Cuando es el amor en sí, y eso me ha costado entenderlo, lo más necesario. Pensar que Dios está muerto para ser libres es absurdo, pero para llegar a ello hay que descubrirlo. El pueblo de la película no existe, como no existe esa libertad.

Pero las costumbres de Manayaicuna, pese a que todo es ficticio, son resultado de una investigación.
Y muy ardua. Por ejemplo, el incesto aparece en la película como un elemento más. ¿Sabías que en las altas esferas del incanato no había una mirada negativa hacia el incesto? No es que esté haciendo una apología del incesto en "Madeinusa", para nada. Simplemente empiezas a sacar del cajón un montón de ideas y las vas colocando en un plano cinematográfico.

El incesto está presente en toda la película. Al comienzo es un elemento más en la vida de los personajes y luego, al consumarse, lo vemos a través de los ojos del extraño. Y es una mirada de asco, desaprobación, incluso horror, porque en principio no entiende lo que está viendo.
¡Exacto! En ningún momento esa situación debe producir asco ni horror. Es algo que está ahí.

El incesto es siempre un tema muy espinoso. Wagner fue atacado por incluir el incesto sin condenarlo en sus óperas.
Tiendo a pensar que el hombre lo rechaza. Salvo casos extremos de supervivencia de la especie, como Lot y sus hijas en la Biblia. Pero es una realidad, el incesto es algo que pasa. Y que muchas veces ni se enfrenta por no perturbar una aparente tranquilidad social. Vivimos en un país lleno de diferencias y más que las raciales son las culturales las que crean abismos. Asumamos eso y veámoslo con sus luces y sus sombras, con sus contradicciones y realidades. Yo no quiero enfocar a los personajes de la película únicamente con una luz.

Hay una fascinación especial por todo lo iconográfico.
Es increíble. El guion de "Madeinusa" es larguísimo solo por lo descriptivo que es. Y eso, obviamente, se fue enriqueciendo al 120 por ciento mientras hacíamos la película. Mi formación más que cinematográfica es plástica. Yo no veía cine de chica, iba a galerías de arte. Por eso lo iconográfico es algo inherente a la historia, no lo puedes separar de ella. Y quería enriquecerlo. Hemos dedicado mucho tiempo a detalles que se ven 30 segundos en la pantalla. Pero es importante porque tú sabes que están ahí.

El público probablemente no recuerde cada detalle, pero la película no estaría completa sin cada uno de ellos.
Eso es lo que intuía. Una de las cosas que más he escuchado decir a los cineastas es que tu peor enemigo es el tiempo. Y el tiempo te impide completar los detalles. Y yo suspiro de alegría cuando veo las escenas del filme repletas de los detalles que quise poner. No hay nada allí que esté por azar. Fue un trabajo de equipo con Miguel Rubio, Patricia Bueno y Susana Torres. Es importante estar rodeado de gente que valora tu punto de vista, porque si no lo entiende, entonces no deberían estar allí.

Hay algunos elementos muy visibles. Uno es el reloj. ¿De dónde lo sacaste?
Es inventado. Crear el reloj fue toda una chamba. En el guion estaba descrito como un señor sentado en una silla y que señalaba el paso del tiempo como en el vóley. Pero no había descrito la caja en forma de cruz ni la manera en que se ponía en funcionamiento. Creamos al relojero con la imagen del ekeko en mente. Queríamos hacerlo más humano, por eso se queda dormido, come, va al baño. Por eso se duerme, porque el tiempo santo debe tener fallas. Y se convirtió en un elemento importantísimo para la historia.

Y llega al delirio cuando se le integra un coro de niñas.
Surgió como una necesidad del guion. Necesitaba que Madeinusa se enterara de que ya había acabado el tiempo santo y la única manera era escuchando al coro que acompaña al relojero. Así, ella ya sabe que está pecando porque se acabó el tiempo santo. Además, quería que se reflejara el aburrimiento de las niñas que cantan. Esos detalles hacen la película. Y los ocho meses que duró la preproducción valieron la pena. Muchas veces me decían que para qué pedía esto o aquello, y me tenía que imponer. Felizmente era productora ejecutiva también. Uno debe tener muy claro lo que quiere.

¿Por qué inventarlo todo? ¿Para evitar responder a los expertos o porque lo entendiste todo como ficción?
Porque se trata de un pueblo inventado. No existen sus tradiciones, no existe la posibilidad de vivir sin pecado, no existe nada de lo que ves en la pantalla. Incluso buscamos un pueblo sin mayores referencias geográficas. La virgen, por ejemplo, no debería remitirte a ninguna virgen de los altares. La estética tampoco corresponde a la región donde filmamos. El Cristo articulado lo hicimos todo lo distinto que pudimos. Cada día había una idea nueva y cada idea se incorporaba a la película. Todo eso formaba el cuerpo de mi propuesta porque narrativamente he sido muy académica. Simplemente he contado lo que tenía que contar.

El ritual de las corbatas es especialmente significativo.
Es una especie de precastigo antes de la libertad. "Si te vas a tirar a mi mujer, por lo menos te corto la corbata". Es un símbolo de castración. Es tan fuerte lo que viene con el tiempo santo que mejor escenificamos un castigo simbólico.

La construcción del filme sugiere un enorme retablo vivo.
Es que toda la película es como un retablo. La luz está planteada como si se tratara de uno, iluminado por fuera y oscuro adentro. La película comienza como si fuera un retablo abriendo sus puertas. Y el concepto del retablo se cierra realmente cuando volvimos al pueblo donde filmamos y pusimos la pantalla gigante en la iglesia. Era un retablo viviente. ¡Algo totalmente surrealista!

En la película nunca revelas por qué la protagonista se llama Madeinusa. Pero el espectador lo entiende cuando ella mira la etiqueta en la camiseta de Salvador y se siente unida a él. ¿Has pensado en el momento en el que el padre le pone ese nombre?
Sí. Pero mi imaginación debe ser más tímida que la del resto porque lo que yo me imaginé es que se lo pone porque pensaba que era el nombre del dueño del pueblo. Sin embargo he conocido Madeinusas que recibieron su nombre por motivos que no me supieron explicar.

¿Dónde encontraste a tu Madein-usa ideal?
Viajé con mi familia a Ayacucho. Ya estaba buscando a la actriz ideal pero en ese momento quería ver un determinado ritual en un pueblo. Llegué poco antes de las 3 p.m. y encontré a Magaly, sentada en las escaleras de la iglesia, vendiendo golosinas. Primero me impactó su belleza. Fue como si se me hubiera aparecido una virgen. Sus movimientos, su gestualidad, eran perfectos para Madeinusa. Le tomamos una foto, hablamos, le propuse hacer el cásting y aceptó. Mientras tanto hicimos pruebas a 600 niñas.

¿Alguna actriz profesional?
No. Sabía desde el principio que no quería una actriz. Estaba convencida de esa necesidad. Agotamos las posibilidades y llamamos a Magaly. En ese momento me dije: "Si no es ella, no tenemos película".

Corrías un riesgo tremendo.
Corría un riesgo pero no por el hecho de que no fuera actriz, porque sabía que tenía talento. El riesgo era en el plano emocional. Era una niña, la iba a sacar de su casa y todo iba a cambiar para ella. Espero que para bien. Ahora está estudiando ópera y piano. Quiere entrar al conservatorio y a San Marcos. Se está descubriendo a sí misma.

Ha pasado mucho tiempo desde que comenzaste a rodar "Madeinusa". ¿Qué cambiarías de esa experiencia?
Muchas cosas. Defendería el instinto ante todo. Cuidar el buen ánimo. Yo me sobreesforcé al inicio porque venía de fuera y no conocía este medio. Me tenía que ganar todo. Ahora ya tengo un grupo con el que puedo trabajar. Cuidaría mucho el cásting, la edición y el proceso de rodaje. Y no apurarme porque es fantástico filmar en agosto o por cualquier otro motivo. No tenía la seguridad interna para imponerme y hacer una toma más, aunque todos estuviéramos cansados a las tres de la mañana.



Alberto Servat



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