Sábado, 31 de marzo de 2007
Un escritor entre las ruinas

Por David Hidalgo Vega
FICCIONES. El escritor Óscar Medina es un personaje que ha forjado su historia sobre las piedras del Cusco. Sus libros están basados en mitos y especulaciones científicas que han intrigado a muchos visitantes. Es un amante declarado de Machu Picchu, escenario principal de sus relatos

Primera escena: Plaza del Cusco. Óscar Medina, relator de misterios incas, novelista de lo insólito, aparece con un discreto traje verde de oficinista tranquilo. En un pequeño bolso lleva ejemplares de su último libro: "El enigma de Machu Picchu". Es una versión traducida al inglés. "Es que mis principales lectores están afuera", dice con la certidumbre de autor de oficio. En el prólogo hay un comentario explicativo: "El ochenta por ciento (de la historia que cuenta) está respaldado por numerosos trabajos de investigación en los campos de la historia, antropología, etnología y arqueología (...). El veinte restante es creación literaria". Quiere decir que su novela, como las que ha escrito antes y las que escribirá después, es una fusión de referencias científicas, esotéricas y literarias. Medina, un antiguo corresponsal de diarios limeños, define su faceta de escritor como la de un creador de "realidad fantástica". Un género para el que, sin embargo, no necesita vestirse de Indiana Jones.

Medina no es cusqueño, sino cajamarquino. Nació en una zona rural de Celendín. "Creo que mi afición por contar historias viene de mi niñez. Me mandaban a buscar leña al monte. Mientras caminaba, solo, iba relatando en voz alta cuentos en los que yo era el protagonista", recuerda. Años después, convertido en periodista, siguió buscando historias para alimentar su imaginación. Una vez, durante un viaje al territorio shipibo en la selva de Ucayali, quedó intrigado con las figuras geométricas con que los nativos decoraban su cerámica. "Le pregunté a un anciano si sus antepasados conocieron a los incas y me dijo que sí y que esperaban su retorno", afirma. Quedó fascinado con la referencia al mismo mito del Inkarri descubierto en 1955 por Óscar Núñez del Prado, del que existen otras quince versiones en distintas partes del Perú. Fue el primer antecedente de su relación con el mundo antiguo.

El primer encuentro real, asegura, se produjo en 1968, cuando realizó su primer viaje a Machu Picchu. "Allí sentí una energía extraordinaria que venía de la tierra, algo que nunca pude olvidar. Durante los tres años siguientes vine a pasar mis vacaciones en Cusco y fui desarrollando mi compromiso con la cultura andina", comenta. En ese tiempo empezó a leer cuantas referencias encontraba sobre el origen de los incas, sus mitos o el desarrollo cultural que alcanzaron. Algunas de esas teorías pueden resultar descabelladas para algunos, pero Medina es un hombre sin barreras mentales.

En sus historias, siempre de realidad fantástica, hay espacio para toda clase de misterios. "El enigma de Machu Picchu" cuenta la historia de un personaje que bien puede ser su alter ego. "Es un periodista que viene a cubrir la fiesta del Inti Raymi. Pero se va quedando y un día descubre una organización secreta que se propone restaurar el Tahuantinsuyo e imponer como gobernante a un llamado Apo Inca", explica el hombre. La historia va más lejos: incluye a un comando militar incaico, dotado de la más alta tecnología, dirigido por orejones y descendientes directos de los antiguos reyes andinos.

Segunda escena: Fortaleza de Sacsahuamán. La extensa terraza brilla como una alfombra dorada. El sol cubre de un dramatismo áspero las piedras que Medina abraza con respeto. Camino al segundo nivel, un guía improvisado suelta para un par de turistas la leyenda de que las construcciones incas fueron hechas por extraterrestres. En ese mismo escenario, su personaje se entera de la existencia de un Sapa Inca verdadero, descendiente del último emperador, que forma parte de la organización secreta. La prueba, en el relato, es un medallón en el que puede verse la silueta de un rey cusqueño. Esa ficción es todavía más alucinada: supone la existencia de una ciudadela de tres niveles escondida bajo Machu Picchu, en lo profundo de la cordillera, donde habita un pueblo de incas sobrevivientes.

Medina pasó tres años visitando y estudiando todo lo que encontraba sobre la ciudadela antes de escribir. Hasta ahora tiene listos los tomos "Misterio en el camino inca", "Profeta de los Andes" y "La historia secreta de Machu Picchu". El segundo título es una novela de espionaje que transcurre catorce días después del atentado de las Torres Gemelas de Nueva York. "Un guía recibe a un grupo de turistas de varias nacionalidades. Hay momentos de intriga y pasión, hasta que se descubre que todos esos turistas son en realidad agentes secretos que están en busca de un árabe que es el último hermano de Bin Laden", relata, a grandes rasgos, para no matar el suspenso. Porque si de algo vive ahora es del suspenso de sus tramas quiméricas. Y tiene hilo narrativo para rato. "Me he propuesto escribir diez libros, para dedicarle uno a cada uno de mis hijos. Es el mejor gesto que un autor puede dejarle a sus hijos", refiere.

Medina se precia de tener lectores de abolengo. Hace unos años, asegura, conoció a la reina Sofía de España, cuando ella visitó el mayor monumento del Cusco. "Le entregué mi libro. Al día siguiente volví a encontrarla y me dijo que había leído dos capítulos mientras descansaba en su hotel. Le había gustado la trama". Una recomendación personal de la soberana al embajador español permitió que el escritor presentara la obra en el Centro Cultural de España a fines de los años noventa. En andanzas parecidas pudo alcanzar al primer ministro de la India, cuyo nombre no recuerda, para presentarle su trabajo. "Me dijo que también sabía lo que era ser un educador. Hablamos un par de minutos, fue muy amable".

Su ubicuidad de escritor fantástico le permitió conocer a un alto mando militar estadounidense que llegó de visita a la capital imperial. "La esposa del almirante Kissinger quedó tan encantada con el libro que al día siguiente me mandaron a buscar con un oficial. Yo pensé que me iban a detener, pero era para invitarme a una ceremonia. Allí me dieron una medalla del Comando Sur del Ejército estadounidense". La placa existe realmente. Es una medalla que dice: United States Army South. Se indica que fue entregada por el comandante general por su 'outstanding performance' o actuación destacada. En este caso, apunta, el mérito estuvo en sus libros.

Tercera escena: Aeropuerto del Cusco. Medina suele pasar todas las mañanas en la segunda planta del terminal. Está pendiente de la venta de sus libros entre los turistas. "Yo mismo los autografío y converso con ellos de estas historias", comenta. El breve diálogo le sirve, además, para llevar un registro de sus lectores en un grueso álbum que luce lleno de firmas y tarjetas de visita. La mayoría es de visitantes europeos o estadounidenses, algunos con cargos elevados en grandes corporaciones, profesionales, intelectuales, algún director de museo, viajeros por vocación. "Debo tener como siete de estos tomos", asegura. Machu Picchu atrapa a todos.

El hombre sube hasta la ciudadela todos los domingos. "Me pongo a meditar, a veces solo, a veces en grupo. Así he conocido gente muy mística", dice. También ha recopilado historias que le servirán en sus próximos libros. "Hubo una mujer que se perdió en la noche mientras bajaba. Tenía que pasar un túnel muy oscuro, pero tropezó y cayó. De pronto una luz muy intensa la guio hasta la salida y desapareció. Ella agradeció al cielo y se puso a llorar. Es una historia real".

El escritor de Machu Picchu alimenta su realidad fantástica con lecturas sugerentes. "Me gusta 'El retorno de los brujos', de Louis Pawels, o 'Los reinos americanos del Sol', de Von Hagen". Por ahí tiene algún libro antes prohibido. Óscar Medina, escritor de lo insólito, relator de misterios incas es una mente abierta. La verdad está allá afuera, parece decir, como en cierta serie de ciencia ficción.





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