Sábado, 31 de marzo de 2007
La tormenta de sus palabras


POLÉMICA. Ha lamentado profundamente que su discurso sobre el islam y Mahoma haya sido malinterpretado, ha mostrado su respeto por el mundo musulmán, pero hasta ahora parece no ser suficiente. El papa Benedicto XVI enfrenta su primera crisis internacional y quiere dialogar

Por Milagros Leyva Gálvez

Las preguntas vienen solas. ¿Quién leyó el discurso del papa Benedicto XVI para esgrimir que en realidad ofendió al islam? Y peor. ¿Quién ha leído el Corán para fundamentar que es un libro que incita a la violencia? ¿Cuánto conocemos del mundo musulmán para satanizarlo y dividirlo? ¿Los hombres-bomba se fundamentan en textos religiosos? ¿Es posible invadir en el nombre de la moral países musulmanes y asesinar a inocentes? ¿Quién ha recorrido las páginas de la Biblia para rebatir los ataques de la razón? ¿Y acaso el Antiguo Testamento no tiene escenas que rebalsan agresión?

El problema de fondo es que solemos 'clonar' rumores y repetir párrafos, frases y leyendas urbanas sin antes desmenuzarlas. Su Santidad metió la pata, dijo la prensa internacional la semana pasada. Se enfrentó al islam. ¿Pero realmente metió la pata o toda la polémica desatada fue un exceso de intolerancia frente a un discurso académico sobre la fe? (1) ¿Fue un párrafo sacado de contexto? ¿O un desatino del tamaño de la historia de la Iglesia Católica? ¿El Papa debe pedir disculpas?

Este es el fragmento que levantó la polémica:

En el séptimo coloquio editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la jihad (guerra santa). Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 se lee: "Ninguna constricción en las cosas de la fe". Es una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en los particulares, como la diferencia de trato entre aquellos que poseen el "Libro" y los "incrédulos", él, en modo sorprendentemente brusco, se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: "Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba". El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es una cosa irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. "Dios no goza de la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Quien por lo tanto quiere conducir a otro a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, no de la violencia ni de la amenaza. Para convencer a un alma razonable no es necesario disponer ni del propio brazo, ni de instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte".

El párrafo es parte de un texto que Benedicto XVI leyó en la universidad alemana Ratisbona, en el mismo lugar donde estudió y discutió sobre Dios. En el discurso completo el pontífice, el teólogo reconocido por ser el mejor educador del catolicismo, reflexiona sobre la razón, la violencia y la fe. Habla de Mahoma, del pensamiento griego, de Sócrates, de Pascal, de Kant, de cómo la razón puede coexistir con la fe. Y es un texto tan denso que inevitablemente me hizo recordar al filósofo Miguel Giusti, quien con paciencia de santo explica a sus alumnos de la Universidad Católica que Jürgen Habermas no tiene por qué dar dolor de cabeza (aunque entenderlo origine migrañas).

"Hay que tener serenidad, las frases del Papa fueron sacadas de contexto olímpicamente. Hay que leer el discurso completo. Estaba hablando como un académico, no como Sumo Pontífice, nada oficial, como profesor universitario en una universidad alemana para alemanes", dice el padre Eduardo Arens, sacerdote, teólogo y no precisamente un conservador . "Cita a un emperador para dar a entender cómo este tema viene de hace mil años, que el islam, no es el problema, sino su interpretación. El Papa hablaba de la razonabilidad de Dios. De cómo una parte del islam se interpreta con violencia", agrega Michele Berchi, teólogo de la Universidad Católica Sedes Sapientae. El problema es que Joseph Ratzinger ya no es solamente un teólogo de indudable prestigio, es el Papa, el jefe de la Iglesia Católica, y sus palabras pueden ser usadas políticamente a favor o en contra. Por eso la necesidad de la prudencia. Por eso hay quienes lo tildan de provocador.

Breve aclaración al margen: El emperador, cuyas palabras citadas provocan la ira en los sectores radicales, es el bizantino Manuel II Paleólogo, quien en 1391 mantuvo una discusión teológica con un erudito persa. Manuel II, un hombre que luchó sin éxito contra el avance de los turcos, era conocido por su afición a la lectura. También escribió diversos textos sobre religión. Encarcelado y perseguido, el emperador no tenía una visión pacífica del islam.

LA IRA DESATADA
En Somalia una monja italiana murió en un ataque que , según una fuente islámica, podía estar relacionado con la polémica. "Los perdono", dijo Leonella Sgorbati antes de morir. En Irán se han quemado muñecos con la imagen del Papa, en Egipto se exhiben fotografías de Benedicto XVI como si fuera un pirata. Por primera vez en la plaza San Pedro se duplicó la presencia de agentes de seguridad, pues las amenazas no se hicieron esperar. O se retracta o se atenta. Eso es lo grave: La intolerancia frente a la libertad de expresión y además una expresión sacada de contexto.

Ismail Haniye, primer ministro palestino, ha sido tajante: "Las declaraciones del papa Benedicto XVI van contra la verdad y hieren la esencia de nuestra fe. Lo exhorto a dejar de atacar el islam". Lo dijo a la salida de una mezquita mientras aclaraba que existen más de 1.500 millones de musulmanes en el mundo. "No debemos tomar a la ligera este ataque", dijo serio el jeque sunita iraquí Mahmud al Issaui y abogó por la expulsión de los embajadores del Vaticano radicados en países musulmanes. Tasnin Nasrin, vocero de Asuntos Exteriores del gobierno pakistaní, advirtió que esas "lamentables y polémicas declaraciones podrían inflamar los sentimientos religiosos". En Cisjordania el portavoz del partido Al Fatah, Fahmi A-Zaarir, levantó la voz: "el discurso solo refleja la intolerancia cristiana".

Como era de esperar, los jefes de Gobierno del mundo occidental salieron al frente. El francés Jacques Chirac rechazó criticar al Papa por sus comentarios y pidió serenidad: "Debemos evitar todo lo que avive las tensiones entre pueblos y religiones. Debemos evitar hacer cualquier conexión entre el islam, que es una gran religión respetable y respetada, y el islamismo radical, que es una actividad totalmente diferente y de naturaleza política". José María Aznar, ex presidente español, fue el más enojado: "¿Cuál es la razón por la que Occidente siempre debe pedir perdón y ellos nunca? ¡Ellos ocuparon España durante ocho siglos!". El presidente peruano, Alan García, también pidió la palabra: "Nosotros lo acompañamos y elevamos una oración para que esta situación sea superada a la brevedad, en la búsqueda de la paz mundial".

A CALMAR LOS ÁNIMOS
Una cosa es cierta. Benedicto XVI no es Juan Pablo II. El primero, siempre guardián de la fe, carece del carisma y del manejo mediático que tenía el papa viajero. Ningún político, ningún personaje público logró en los últimos años lo que hizo Karol Wojtyla: manejar como nadie el discurso público. Fue Juan Pablo II quien pidió perdón al mundo por la violencia ejercida en el pasado en el nombre de Dios. No tuvo problemas en recordar los excesos de las Cruzadas, de la caza de brujas, de la Santa Inquisición, no tuvo problemas en pedir perdón y en aclarar una y otra vez que la fe no es sinónimo de muerte. Ironías de la vida, uno de sus principales asesores, el verdadero ideólogo de su pensamiento, fue justamente el mismo hombre que hoy enfrenta su peor crisis desde que asumió el gobierno de la Iglesia Católica.

Voceros del Vaticano ya salieron a explicar con paciencia el contexto del párrafo polémico (2). En la última semana, el mismo Papa ha expresado su enorme aprecio por el islam y su tristeza por la mala interpretación de su discurso en el que, por cierto, no existe una sola mención a la violencia pasada de la Iglesia Católica, pero las relaciones parecen seguir sobre arena movediza. El viernes se decretó el Día de la Ira en Medio Oriente y se realizaron protestas para exigir públicas disculpas. Mañana, el Papa se reunirá con los embajadores musulmanes acreditados en el Vaticano para aclarar una vez más que no dijo lo que se dice que dijo. Y no ofrecerá disculpas, al parecer. "No tiene por qué hacerlo", dice el padre Arens: "Más bien la violencia de la minoría islámica confirma la tesis de la cita, sobre la intolerancia, la falta de diálogo. Un académico no puede estar pensando en las reverberaciones de sus discursos. El fanatismo expresado no da razones ni explicación. Occidente, con todo y su espíritu democrático, se doblega cuando la tolerancia tiene un límite, no se puede ser tolerante con el intolerante, con las masacres. Me molesta, además, la incapacidad de autocrítica que tiene el islam".

Alí Agca, el hombre que quiso matar a Juan Pablo II, le ha sugerido al papa Benedicto XVI no viajar a Turquía. Más ahora que en su discurso ha recordado al emperador bizancio. Pero el Vaticano es claro. La cultura de diálogo entre religiones y culturas no puede aceptar chantajes o amenazas. El Papa visitará Estambul en noviembre.

Benedicto XVI tiene críticos en las comunidades no católicas por su exceso de conservadurismo, sobre todo en el plano de la identidad sexual y planificación familiar, pero nadie tiene derecho a amenazarlo de muerte simplemente porque no se piensa como él o porque no se entiende o se tergiversa lo que dice. Damin Hussein, presidente de la asociación islámica del Perú, lo resume mejor : "El Papa repitió un discurso de un gobernante del siglo XIV en un ámbito académico. Ya aclaró su opinión. Un hombre sabio no puede reaccionar violentamente por leerlo. Por eso, rechazo todo acto individual y terrorista proveniente de malas interpretaciones del Corán. Toda violencia es rechazada en el islam. ¿Terrorista que se inmola en nombre del paraíso de Alá? No existe ningún párrafo que promueva el suicidio. Sí, dice que hay que luchar por liberar a tu país, pero en un combate, como sucede en los países cristianos". He allí el problema de las palabras malinterpretadas. He allí la cuestión: La intolerancia que hoy pretende reinar.

MÁS INFORMACIÓN
4 Lea aquí el discurso del Papa

4Ver declaración del secretario de Estado del Vaticano.



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