Martes, 26 de setiembre de 2006
La querida desobediencia


ENTREVISTA 4 ANTONIO OREJUDO
Se trata de uno de los escritores más audaces de la actual novela española. El autor del sorprendente libro "Ventajas de viajar en tren" llegó a Lima para participar en una serie de conferencias en el Centro Cultural de España



Por Enrique Planas

Hace seis años, el escritor Antonio Orejudo deslumbró tanto al público como a la crítica con su novela "Ventajas de viajar en tren" (Premio Andalucía de Novela 2000). Como no suele suceder en la correcta literatura española, Orejudo abrió su libro a lo grotesco, lo escatológico, lo absurdo y lo delirante. Se trata de una novela escrita con la intención de, muy castizamente expresado, "tocar las pelotas". Y explica sus motivos: "A mí me aburre una actitud que no sea la de la desobediencia en la literatura. Lo haría extensivo a la vida civil, pero en aquella soy más cobarde. No queda otra cosa que hacer que saltarse las reglas establecidas y las convenciones. Probablemente "Ventajas de viajar en tren" es la muestra más radical de esta actitud. Hacer siempre lo contrario de lo que la gente espera de ti".

¿Y qué crees que la gente espera de ti?
Que repitas exactamente lo que hiciste en la novela anterior. "Ventajas de viajar en tren" fue algo muy diferente a lo que había hecho antes. Luego de esta, los lectores querían "Ventajas de viajar en tren 2", algo que no estaba dispuesto a escribir.

En efecto, escribiste "Reconstrucción", una novela ambientada en la Europa de la Reforma. Uno no imagina a un autor tan desobediente incursionando en un género tan de moda y tan comercial: la novela histórica.
Cuando yo empecé a escribir "Reconstrucción", todavía no se hablaba del daño que la novela histórica ha hecho a la literatura. Soy muy lento para escribir. Pero en el proceso me di cuenta de que me estaba metiendo en un terreno en donde me iban a decir "otra novela histórica más". Lo primero que hay que decir es que la novela histórica no la inventó Dan Brown. Segundo, lo que a mí me interesaba de la cáscara de la novela histórica era ver hasta dónde se puede llegar con el género. Es decir, saltarme sus normas. Los escritores que prefiero son los que tuvieron esta actitud. Vivieron en un momento en el que había una serie de ofertas genéricas, cogieron una de ellas pero la reventaron desde dentro. El caso más ilustre es el de Cervantes, quien se encontró con una serie de géneros y los utilizó todos, viendo hasta dónde podía llegar con ellos.

Además de jugar con el género, en "Reconstrucción" planteas una reflexión muy actual: La Reforma del siglo XVI puede leerse como el actual enfrentamiento entre Oriente y Occidente...
La novela histórica intenta, por definición, recrear un mundo que no es el nuestro. No estaba interesado en explicar mejor que otros la reforma. Hay grandes ensayos, estudios o novelas sobre Martín Lutero o Miguel Server. Yo quería hablar sobre lo único que me interesa: mi mundo. Por circunstancias azarosas, me di cuenta de que el mejor modo de hablar de mi mundo era, curiosamente, situando a mis personajes en la Europa del siglo XVI.

¿Sin el atentado de los trenes en Atocha, en Madrid, hubiera sido posible escribir esta novela?
Te contestaría de otra manera: no hubiera sido posible si no hubieramos tenido durante ocho años en España un gobierno de derechas. La novela echa sobre la mesa la necesidad de implicarnos políticamente. Siempre he dicho un poco cínicamente que lo mejor que puede ocurrir para que una sociedad desideologizada se politice es que tenga un gobierno de derechas. Fue precisamente con la llegada de Aznar y todas sus tropelías que la sociedad española, como si hubiera recibido una transfusión de sangre, se echó a la calle a gritar contra la guerra de Iraq. Para mí fue algo emocionante.

La Contrarreforma fue el proceso de la Iglesia Católica por el cual se defendió con intolerancia de la amenaza que constitía leer e interpretar libremente los textos bíblicos. ¿Cómo funciona esa parábola para el presente?
Lo que me interesaba de esa parábola era mostrar lo imposible que es para los ciudadanos pensar con independencia de los núcleos de poder. La Reforma y todas las guerras ideológicas me servían para reflexionar sobre la necesidad de implicarse políticamente y ser independiente a toda ideología. En la Europa de la Reforma los protestantes nacieron como una renovacion de los católicos, pero acabaron convirtiéndose en un poder igual de conservador. Entre esos dos focos de poder apareció Miguel Server, una especie de Quijote de la teología que consiguió mantenerse independiente de ambas iglesias. Me pareció la metáfora perfecta de lo que yo creo debe ser hoy un ciudadano. Irónicamente, Servet se convirtió en el primer ejecutado por la inquisición protestante. La Iglesia disidente quemó en la hoguera al mayor disidente de la historia, el hombre que se enfrentó con los católicos y con los protestantes. Claro que esa actitud independiente lleva casi siempre al fracaso. Hoy, en mi país, es muy difícil ser un intelectual independiente. Yo echo en falta un compromiso de mis contemporáneos con su entorno. ¿Pero merece la pena? ¿Sirve para algo el sacrificio de tu vida, de tus intereses, de tu vida, por esa independencia? Esa es la pregunta.





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