Lunes, 26 de marzo de 2007
Cuidado: jóvenes observando


INICIATIVAS. No hay que ser congresista ni ministro para hacer política: también las aulas universitarias son un escenario ideal para generar propuestas, forjar futuros líderes y, sobre todo, vigilar a un gobierno que no se debe equivocar. Para eso nació Proyecto Coherencia.

Por Ricardo León

El desaparecido Mario Campos escribió en la revista "Somos" uno de los reportajes más notables sobre la marcha estudiantil que protestaba por la destitución de los tres magistrados del Tribunal Constitucional y empezaba así: A las 4 de la tarde del jueves 5 de junio, la plaza Francia no da más. Está repleta de estudiantes, todos los estudiantes del mundo, y como una corriente de energía empieza a brotar entre un bosque de puños en alto, y el vocerío que repite: 'acá el miedo se acabó'.

Un Congreso plagado de prooficialistas destapó, aquel 1997, la ira contenida y los jóvenes después de mucho tiempo salieron a las calles a ensuciarse las zapatillas con barro y las fosas nasales con el humo de las lacrimógenas que los policías --obedientes-- les ofrendaban. Cosa rara. Cosa feliz. Cosa extraña. Cosa curiosa. Cosa urgente.

(Somos estudiantes, no somos terroristas. La arenga remeció el Centro de Lima como un escalofrío de pasiones objetivas, mientras en el Congreso los padres de la patria miraban por la ventana y preguntaban ¿son muchos los manifestantes?).

UNA NUEVA ERA
Nueve años después, Elohim Monard recuerda el hecho con una media sonrisa en la cara y parece ver de nuevo el humo, las banderolas, los puños en alto y también el desorden con el que un grupo de extraños entre sí protestaban contra los mismos políticos de ayer, hoy y siempre en uno de los momentos más sublimes y hermosos de la década pasada pero sin consolidarse como un ente organizado. Era comprensible, hacía años que los jóvenes no sentían la política en la cara. En los 70 y 80 los jóvenes entraban a la política a través de la militancia partidaria; entre finales de los 80 y los 90 hubo, en cambio, un vacío participativo de la masa juvenil/estudiantil porque no había instituciones, abundaba el clientelismo y Sendero Luminoso había metido cierto miedo.

Elohim es de Pucallpa, tiene 24 años, estudió Comunicación en la Universidad de Lima y entiende la política como algo mucho más profundo que mancharse el dedo con tinta púrpura cada cinco años para elegir a un presidente, y esto es. Una vez que cayó Fujimori, los jóvenes no sabían hacia dónde ir con sus ideas, hubo una especie de desconcierto, la gente se preguntaba '¿y ahora qué hacemos?'. Pasó el gobierno de Toledo y nada. Nadie se organizaba para hacer aquello que él, sin roche, llama 'política positiva', un concepto que para otros es un vago oxímoron.

Elohim es ahora coordinador de Proyectos y Actividades del Proyecto Coherencia, que nació en el 2005 como una respuesta a ese vacío, a ese limbo, a ese silencio.

COSA DE TODOS LOS DÍAS
Hay una frase de Quino que estos 40 jóvenes del Proyecto Coherencia (llámense 'coherentes') han hecho suya: Tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud. Justamente esa es la idea de la que ellos se cuelgan para hacer política a su modo y dándole la contra a dos verdades enlazadas entre sí: que los universitarios no piensan en la política de su país, y que la cosa política no afecta la vida cotidiana del que toma su combi, almuerza su menú y lee un diario chicha. Aquel de a pie.

En una encuesta que ellos mismos realizaron entre medio millar de jóvenes estudiantes de universidades públicas y privadas, casi el 70 por ciento consideraba la política como 'algo poco o nada importante para la vida cotidiana', aunque para ellos, los 'coherentes', es algo vital como pagar una deuda o leer los periódicos para estar enterados de qué diablos pasa en su país. Como diría Diego Luna (24 años, Sociología en la PUCP), coordinador general de Proyecto Coherencia, ellos no son solo un puñado de jóvenes que hacen política: Somos políticos jóvenes reflexionando constantemente.

Además son amigos, amigos que se divierten, amigos que hablan de los mismos temas tres horas cada sábado, levantando la mano cuando hay que participar, no criticando a menos que sea para proponer salidas, escuchando, amigos que hablan del TLC desde el enfoque de una economista, un comunicador, un ingeniero, un filósofo, una educadora, una bióloga, un psicólogo, etc. Como un Congreso a escala solo que más ordenado donde un grupo de jóvenes hace lo que Quino soñaba.

(Por último, y con el perdón de la congresista Luciana León, no hay que ser hincha de la Ley del Concejal Joven para entrar en política. La cosa es querer hacerlo.)

SER POLÍTICO DE A POCOS
Julio César Mateus (24, Comunicación en la U. de Lima) recuerda que de niño jugaba a ser congresista. Y que su padre le decía --qué curioso-- que ser político era un honor. Por ahí le vino la vena participativa. A Lorena Arcelles (24 años, Comunicación Social en San Marcos), en cambio, le gustó el mundo de la participación política porque estudia en una universidad con tendencias tradicionalmente proactivas y porque casi toda su familia pasó por esas mismas aulas y olió ese mismo olor a inconformidad que ahora la lleva a actuar desde la humilde pero bienintencionada ventana del Proyecto Coherencia.

María Antonieta Alva (21, Economía en la U. del Pacífico), una de las iniciadoras del proyecto, empezó a preocuparse cuando vio que las universidades cargan con la responsabilidad de formar empresarios y los empresarios cargan sus maletas para irse del país a hacerla linda. Eso le chocó. Se juntó con un grupo de amigos y cada uno convocaba a sus amigos y sus profesores le recomendaban a sus mejores alumnos y las ramas se fueron uniendo: al final era un grupo de perfectos desconocidos con todos los intereses del mundo en común, materia prima riquísima para pensar en futuros políticos, algo que las universidades no fomentan. Ahora mis amigos me dicen que soy una 'roja', comenta María Antonieta, y Gonzalo Gómez (21 años, Ingeniería Pesquera en la U. Agraria) se ríe como buen cómplice en esta mesa en la que todos comparten algo más que un café. A Gonzalo le pasó la voz una amiga suya que lo había visto con la pancarta en ristre durante las marchas de protesta por la homologación docente, y eso que su universidad es apolítica.

Hoy, Gonzalo maneja en su cabeza una orgía de ideas tan lúcidas como establecer alternativas de alimentación en base al pescado, o crear una campaña de acercamiento entre el transportista y el pasajero con carnet de medio pasaje, que incluirían capacitaciones mutuas o algo tan simple e inteligente como la creación de una campaña con un eslogan tal como 'El cobrador es mi pata, por eso le pago con sencillo'. Eso también es política. Ellos, los 'coherentes', están asimilando que el hombre por naturaleza es un perfecto animal político.

Espacio de mentes coherentes
Proyecto Coherencia nació en el 2005 como un espacio de formación, discusión, análisis y observación de la materia política actual. Sus 40 miembros (por ahora, luego serán más) saben que para ser buen político hay que saber debatir, y que para saber debatir hay que estar informado; por eso han llevado a cabo capacitaciones generales sobre los fundamentos básicos de la política nacional y mundial y luego se organizaron foros para debatir, entre líderes políticos, especialistas y estudiantes, temas como la gratuidad de la educación superior pública, el rol del Estado, el Plan Integral de Reparaciones y la formalidad en el contexto de la competitividad. Uno de los proyectos en funcionamiento es Lupa 180, un sistema de vigilancia que, en alianza con la organización Observa, analiza los primeros meses del gobierno actual mediante un semáforo en que se estipula el cumplimiento total o parcial o el incumplimiento de las promesas de la administración de Alan García. A la fecha, de las 30 promesas, y a pesar de que aún es prematura cualquier evaluación, solo se ha cumplido con el 13 por ciento. Para conocer más sobre esta iniciativa universitaria ingrese al portal: www.proyectocoherencia.org



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