Por Ricardo González Vigil
En años recientes hemos tenido las putas asesinas del malogrado Roberto Bolaño y las putas tristes del desgastado Gabriel García Márquez.
Frente a ellas, nuestro talentoso Fernando Ampuero rinde un feliz tributo a la "puta linda", no solo por su belleza física y destreza sexual, sino por su condición de puta de pura cepa, orgullosa de ser ramera y de que su madre lo haya sido, dispuesta a tener el éxito económico y social que su madre no supo obtener. Puta convicta y confesa: "Una puta linda es una mujer con lirismo putañero. Hablo de putas con auténtica vocación de putas (...) No es el arquetipo de la mujer de vida alegre, señoras con falsa alegría que en el fondo están muy tristes" (Ampuero entrevistado en Somos, 14 de octubre, 2006).
Veamos: en la narrativa latinoamericana, el personaje que mejor encarna a la puta contenta de serlo, surtidor de amor, comprensión y alegría (literalmente "vida alegre"), puta hasta la muerte (anciana, regenta un burdel zoológico), es la Pilar Ternera de "Cien años de soledad", la antítesis de la mujer-tabú, la mujer-censura, la mujer-preocupación doméstica, que es Úrsula Iguarán.
La Noemí de Ampuero se diferencia de esa vocación desinteresada (y totalmente positiva) por el placer sexual y el puterío, ya que le imprime un sello ambicioso de riqueza y figuración. La novela comienza en 1992 (año de la mayor violencia terrorista y de la captura de Abimael Guzmán) cuando Luis Alberto conoce a Noemí; la seguirá tratando en el contexto corrupto de Fujimori-Montesinos (al cual se alude constantemente), etapa en la cual aquello de que el Perú "es un burdel" (sentencia del historiador Pablo Macera, antes metaforizada por el prostíbulo de "La casa verde" de Vargas Llosa), alcanzó ribetes increíbles: "Cuando hablo de una realidad emputecida, pienso que el Perú pasa por una situación similar. Vivimos en un país de moral relajada. (...) La novela está ubicada entre las décadas del 80 y 90, una época bastante negra en nuestra historia, en la que esta chica asciende socialmente gracias a la corrupción." (Entrevistado por Enrique Planas, El Comercio, 15 de octubre, 2006).
Además, Noemí es una narradora oral, asimilable al modelo sexual-artístico (aunque sin refinamiento) de las geishas o la islámica Scherezada. El proceso de construir historias, de ficcionalización, ocupa un papel relevante en "Puta linda" junto con varias alusiones literarias: las piuranas prostitutas y/o incestuosas de Vargas Llosa y Miguel Gutiérrez; el no querer escribir sobre indios (un guiño "criollo" contra los "andinos", en la p. 11), pero sí sobre la realidad emputecida, echando mano a una narradora oral de extracción popular (tan del gusto de los "andinos"); la soterrada relación sentimental con una "niña mala" (Vargas Llosa); en fin, la idea pirandelliana de un personaje en busca de autor (citada explícitamente en la p. 126).
Título "Puta linda"
Autor Fernando Ampuero
Editorial Planeta
Calificación ***
Argumento
Luis Alberto, un joven aspirante a novelista, decide encontrar una puta linda que le cuente la historia de su vida. Conoce así a Noemí, una piurana muy hermosa y con vocación de puta, satisfecha de serlo y sin censuras morales para hacerse rica a como dé lugar. Noemí se revela una estupenda narradora oral: no sabemos hasta dónde mezclando la verdad con la mentira, le relata sus experiencias a Luis Alberto, quien comparte la fascinación que siente (con su dosis de enamoramiento, en parte correspondido por la meretriz) con su amigo Tapia, otro joven deseoso de volverse novelista. De modo imprevisto, Tapia hará suyos los apuntes de Luis Alberto y asumirá la tarea de escribir la novela que leemos.