Jueves, 26 de octubre de 2006
La obra de Montero ya tiene su lugar


Una polémica iniciativa del Congreso de la República pretende retirar el cuadro de Montero del Museo de arte de Lima. La obra, propiedad del Congreso de la República, sería llevada al Palacio Legislativo.



Por Carlo Trivelli

Esta no es la primera vez que sucede. Hace tres años, Xavier Barrón tuvo la misma iniciativa. Tras conocer los resultados de una investigación que reveló que "Los funerales de Atahualpa", la obra cumbre de Luis Montero (Piura, 1826-Callao, 1869), era propiedad del Congreso de la República, inició una campaña para llevar el cuadro al palacio legislativo. Afortunadamente, algo lo disuadió y el cuadro permaneció, como lo ha hecho desde fines del siglo XIX, en el Palacio de la Exposición, como parte de la pinacoteca municipal Ignacio Merino, al cuidado del Museo de Arte de Lima.

Ahora surgen iniciativas similares. En comunicado de prensa, el Congreso de la República informó ayer del resultado exitoso de las gestiones de Mercedes Cabanillas para restituir el cuadro al parlamento, razón por la cual en los próximos días veríamos al cuadro dejar el Museo de Arte de Lima con dirección al Congreso. Las razones para esta gestión aparentemente tan sencilla --en realidad no lo es: las dimensiones del cuadro y el peso del marco, además de los cuidados que requiere una obra de arte invaluable como esta, tienen un costo elevado y requieren del trabajo de especialistas-- serían dos: que el Congreso es el legítimo propietario del cuadro y que el número de visitantes al palacio legislativo le daría a la obra mayor exposición al público. Varios medios de prensa, incautos por decir lo menos, celebraron ayer esta 'recuperación' de "Los funerales de Atahualpa" por parte del Congreso, como si se tratara de un aporte a la cultura nacional. Nadie parece haberse preguntado si este traslado es en realidad provechoso.

Muchas razones para el no
Nadie niega el derecho de propiedad del Congreso de la República sobre el cuadro, pero resulta claro para cualquiera que sacarlo del Museo de Arte para llevarlo al palacio legislativo es un despropósito. En primer lugar, el derecho al ejercicio de la propiedad se ve en este caso matizado por dos consideraciones: la primera es que el cuadro es patrimonio cultural de la Nación y por lo tanto las decisiones acerca de su suerte no competen solo al propietario, sino a todos; la segunda es que este es un caso más en el que los peruanos reclamamos ardorosamente la propiedad sobre algo de lo que, en realidad, no nos hemos ocupado. Solemos olvidar la responsabilidad que entraña la propiedad de un bien así.

En segundo lugar, el Museo de Arte es el sitio idóneo para el cuadro: cuenta con los expertos capaces de conservarlo adecuadamente, los especialistas que pueden comunicar a la comunidad su valor cultural y el contexto (la colección de pintura republicana del museo) que le da sentido como parte de nuestra historia. Nada de esto tendría en el Congreso, que no es un museo y no tiene por qué acaparar funciones que no le corresponden.

Todo esto causa suspicacia ¿qué ganamos los peruanos con que se traslade el cuadro al parlamento? Nada, salvo un conjunto de dificultades para ir a ver el cuadro con toda libertad, como sucede ahora en el Museo de Arte. ¿Habrá algo que ganen los congresistas en todo esto? Ciertamente prestigio por apoyar a la cultura no conseguirán, sino todo lo contrario.

Interesante salida
Afortunadamente, siempre hay una manera defender la institucionalidad: trabajar juntos en vez de arrebatarnos las cosas. Natalia Majluf, la directora del Museo de Arte ha elevado una propuesta al Congreso para que este, en vez de 'recuperar' el cuadro --como si este estuviera capturado-- se responsabilice por su propiedad e invierta en ella. Con el apoyo del Legislativo, el Museo de Arte de Lima podrá hacer realidad un proyecto largamente acariciado que supone la restauración de la obra, su puesta en valor mediante la investigación y la divulgación de su historia en un módulo especial en el museo, la convocatoria a un seminario internacional sobre la obra de Montero y la publicación de un volumen que por fin le haga justicia.

Con una propuesta así, saldríamos ganando todos. Ojalá no prime el protagonismo ni esa extraña avaricia que la posesión de la obra parece despertar en algunos.

Opiniones
Fernando de Szyszlo,
artista
"El museo está al alcance de la gente que va a ver cuadros. En el Congreso no sería más que una decoración histórica. Sin duda, el sitio de ese cuadro es el museo para los que quieren tener una idea del desarrollo del arte peruano en el siglo XIX."


Alfonso Castrillón, Historiador del arte
"Primeramente, el Congreso no es un museo. Segundo, "Los funerales de Atahualpa" es, ideológicamente, el cuadro menos apropiado para el Congreso de la República. Hay allí toda una ideología liberal decimonónica que tiene poco en cuenta a los indios. El mensaje de un congreso actual es otro, el de la igualdad de oportunidades para todos, sin las discriminaciones patentes en el cuadro. Definitivamente, el cuadro debería quedarse en el Museo de Arte

El dato
Pieza fundamental
"Los funerales de Atahualpa" es una obra decisiva, pues inaugura la temática histórica en nuestra pintura republicana. Montero la pintó en Florencia entre 1865 y 1867, siguiendo el estilo académico de entonces y la trajo a Lima en 1868.

La obra, basada en un pasaje de la Historia de la Conquista del Perú de W.H. Prescott, muestra dos grupos, uno solemne a la derecha, con el inca yaciente, otro en el que las mujeres del inca se ven desgarradas por su muerte. Al centro, en el piso, un candelabro roto simboliza el fin del imperio.





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