Por Juan Vargas Sánchez, periodista
Si el ministro de Economía y Finanzas quiere mantener su credibilidad intacta, deberá empezar a reducir el ITF y los demás impuestos antitécnicos desde el próximo año. No le quedan razones para no hacerlo.
Hace 45 días Luis Carranza dijo en el Congreso que el Estado tenía necesidad de los recursos que generaban esos tributos, pero que, cuando la economía crezca a una tasa de 7%, se podría empezar a reducirlos. Pues bien, ese día ha llegado.
En julio, la actividad productiva tuvo un crecimiento anualizado de 6,97% y en agosto fue de 7,25%. Según el propio MEF, en el tercer trimestre se habría crecido un 8% y, a juzgar por el temprano inicio de la campaña navideña, la producción de fin de año no desentonará. Es decir, que el requisito de 7% de crecimiento para empezar a reducir el ITF, ITAN y el punto adicional del IGV ya se ha cumplido. Lo que falta saber es si el ministro mantendrá lo dicho o si esquivará la medida diciendo que lo que se requiere son dos o tres años con crecimiento superior al 7%.
Es difícil encontrar razones para mantener invariables los impuestos antitécnicos. "El Estado necesita esos recursos para no caer en déficit", ya no es una explicación válida. Al contrario, tenemos un Estado al que, literalmente, le sobra la plata: contablemente, porque tiene asegurado su objetivo fiscal; y en la práctica, porque sus entidades no están preparadas para gastar --productivamente-- tanto dinero. Si el Estado no sabe qué hacer con el dinero que le entregamos, ¿no es lícito pensar que mejor sería que seamos los ciudadanos quienes dispongamos de esos soles extra, más aun si nos los quitan a través de tributos que todos, sin excepción, califican de inapropiados?
El ministro Carranza tiene la palabra. Si mantiene su pensamiento, debería anunciar un alivio para los bolsillos de los contribuyentes; si no, tendría que explicar las razones que justifican mantener el sinsentido.