Lunes, 30 de octubre de 2006
El pensamiento de Chomsky


Volando de Los Ángeles a Beijing, un joven estadounidense que viajaba para estudiar chino me dijo: "Usted es de los nuestros". "¿De los suyos?", le respondí. "Es que lo veo leyendo a Chomsky, que en EE.UU. es admirado y tiene muchos seguidores". "Mire usted, también está traducido al español", le dije.

Por Francisco Miró Quesada Cantuarias Rada, politólogo

Efectivamente, leía una de sus últimas obras: "Secretos, mentiras y democracia". Este genial lingüista es uno de los críticos más ácidos de la política internacional de EE.UU. en los últimos años. Tzvetan Todorov, en su reciente obra "Le nouveau desorde mondial" ("El nuevo desorden mundial"), que todavía no ha sido traducido al español, califica la política internacional estadounidense de neoimperialismo-fundamentalista. El libro de Todorov es una visión desde Europa, pero la visión de Chomsky pertenece a la más clásica tradición de los valores estadounidenses, aquella que se fundamenta en la democracia y las libertades civiles.

La mayoría de sus libros se publicó durante la Guerra Fría. Para él, tanto la otrora URSS como EE.UU. podrían ser afectados en el futuro por una revolución que termine definitivamente con los mecanismos represivos que existen en ambas sociedades. Ahora sabemos qué pasó con la Unión Soviética y, en ese caso, se ha cumplido la predicción de Chomsky, pero en cuanto a EE.UU. la historia no ha terminado.

En su libro "Conocimiento y libertad", el famoso lingüista explica que, en su mayor parte, los que no aceptan la ideología oficial ni la contribución al ejercicio del poder del Estado están deseando acumular notas a pie de página para los libros de historia, mientras permiten que el Estado democrático asesine y destruya a su antojo, lo que, desde luego, no es nada democrático. "Razona cuanto quieras, pero obedece. Esta es la política de Federico El Grande, tal como lo describe Kant", afirma Chomsky.

Con un coraje inusitado, pone en evidencia los fundamentos que justifican el imperialismo de las potencias occidentales. Para él, razonar políticamente no es solo utilizar nuestra razón para hacer algo, es también luchar por cambiar un orden injusto. Pensar y decir lo que pensamos, hacer ciencia y tecnología siempre y cuando nuestra "crítica libre no vaya más allá de la 'sacrosanta' ley de quienes controlan el poder, la ciencia, tecnología y la industria para la destrucción y dominación de nuestra especie". Esta situación, según Chomsky, se produce porque nuestra actitud racional y nuestra práctica política están limitadas por formas de coacción efectivas, que son ideológicas, económicas, políticas, culturales y militares, amparadas por una propaganda subliminal y alienante.

En su libro "La guerra en Asia", denuncia las atrocidades cometidas en Vietnam que, como otras guerras imperiales, atentan contra los esfuerzos de movimientos indígenas para independizar sus sociedades de un sistema mundial dominante.

El pensamiento de Chomsky, que estuvo en Lima para impartir conferencias en la Católica y San Marcos, cobra actualidad en un mundo globalizado en donde el poder es unipolar y el neoliberalismo se impone como "pensamiento único", una especie de "pax romana", sobre todo cuando una alternativa contraria a la verdad oficial, que ahora se hace universal, es satanizada como el mal. No cabe duda de que una parte de Occidente, la más poderosa, se ha convertido en fundamentalista. El muro que se construirá entre las fronteras de EE.UU. con México es la prueba más reciente.





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