Lunes, 27 de noviembre de 2006
De Pizarro a Santa Rosa de Lima


El pasado 11 de noviembre, en su acogedora casa miraflorina, el doctor José Antonio del Busto Duthurburu fue condecorado con la Orden El Sol del Perú.

Por Joseph Dager Alva, historiador

En íntima ceremonia, presidida por el canciller, embajador José García Belaunde, no se buscó concitar la atención del flash público, sino honrar en vida a quien tiene en su haber más de cinco décadas de enseñanza universitaria y alrededor de cincuenta libros que han iluminado diversas etapas de nuestra rica historia. Inmejorable decisión del Gobierno del Perú, digna de la más efusiva felicitación.

Del Busto nació en Barranco en 1932, allí mismo cursó la etapa escolar, en la cual destacó nítidamente en la preparación militar. Al principio, se creyó que seguiría la carrera de las armas, pero, aunque la idea le atraía, se encontraba más inclinado a la tauromaquia y, en faena, fue muy buen banderillero. Sin embargo, puesto a optar, escogió la vida universitaria. A los 25 años ya era doctor. Sus libros sobre Pizarro dan clara cuenta de la calidad de su trabajos académicos, así como su "Diccionario Histórico Biográfico de los Conquistadores del Perú", cuyos tomos finales están ya terminados. Es de destacar que hace apenas un par de meses, a sus 74 años, ha dado a conocer, a través del Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, su más reciente libro: una documentada biografía sobre Santa Rosa de Lima.

Su presencia en la enseñanza superior y a favor del desarrollo cultural del Perú ha sido en verdad fructífera. En su alma máter, la PUCP, ha sido decano de la facultades de Estudios Generales y de Letras y Ciencias Humanas, profesor emérito del Departamento de Humanidades, director del Instituto Riva-Agüero, en el cual ostenta la distinción de director emérito. Asimismo, ha ejercido la docencia en la Universidad de Lima, en la Universidad Femenina del Sagrado Corazón, en la Universidad de Piura, en la Escuela Militar de Chorrillos, en la Escuela Naval de La Punta. Además, ha sido director general del Instituto Nacional de Cultura (INC) y asesor de asuntos culturales en el Ministerio de Educación.

La actual distinción viene a confirmar los merecidos y casi innumerables reconocimientos que ha recibido. Ya desde el colegio obtuvo la condecoración El Sol Radiante; también se ha hecho acreedor del premio nacional de fomento a la cultura Inca Garcilaso y de la Cruz al Mérito Naval. Además, es miembro de número de la Academia Nacional de la Historia, de la Sociedad Geográfica de Lima, de la Sociedad de Fundadores de la Independencia. Las distinciones han traspasado nuestras fronteras: miembro de la Real Academia Española de la Historia, de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina, de la Academia Nacional de la Historia del Ecuador y comendador de las órdenes españolas Alfonso X, El Sabio e Isabel La Católica.

Junto con el patricio e intelectual, está también el esposo y padre, siempre protector. En 1963 se casó con Teresa Guerin, su fiel compañera de toda una vida. De ese feliz matrimonio nacieron cuatro hijas: Rosa María, Luisa Teresa, Ana Gabriela y Laura Sofía. Igualmente, está el maestro que nos sigue regalando un modelo de cómo ser Auténtico (así con mayúscula), sin dobleces, de ideas claras y distintas, como diría el filósofo, de impecable coherencia e invariablemente leal.

Sin duda, pronto llegarán las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta y otras muestras de agradecimiento y justo homenaje de diversas instituciones nacionales y extranjeras, públicas o privadas, a las que honró con su labor.





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