Si bien este 2006 fue un año de efervescencia política, definitivamente la espuma no llegó hasta la CADE en Arequipa. Con las elecciones generales, regionales y municipales ya resueltas, esta cuadragésimo cuarta versión del encuentro anual de ejecutivos estuvo lejos de la expectativa de ediciones realizadas antes de comicios, cuando los candidatos se apoderan del protagonismo.
Sin este matiz electoral el mayor interés político estuvo puesto en confirmar si Alan García aterrizaría o no por la Ciudad Blanca, ya fuese para inaugurar --donde estaba originalmente anunciado-- o clausurar la cita. Ni lo uno ni lo otro. El jefe del Estado no tomó el avión para Arequipa, en lo que para muchos --sobre todo las autoridades locales-- fue considerado un desaire y el rompimiento de una larga costumbre.
En representación del Ejecutivo llegaron Jorge del Castillo y los ministros de Economía, Vivienda, Interior y Transportes, el primero para la clausura y los otros para seguir hablando de la tantísimas veces postergada reforma del Estado. Ausente físicamente, Alan García no pudo sustraerse a las críticas y temores que desde Arequipa le llovieron sobre la aparición de una presunta ola populista, cuya primera manifestación habría sido la cancelación de una deuda a prestatarios del Banco de Materiales, ocurrido en la víspera del arranque de esta CADE.
Y si no vino el actual mandatario, sí lo hizo el anterior. Sorpresivamente Alejandro Toledo apareció el primer día para hablar de lo orgulloso y feliz que se sentía de estar en una nueva CADE y callar de asuntos como el TLC o las citaciones judiciales y convocatorias de comisiones investigadoras sobre su gestión.
Así como Toledo llegó y se fue en un santiamén, lo mismo ocurrió con Lourdes Flores, quien disertó sobre inclusión y participación política, antes de partir rauda a México. Tal fue, en lo que a política atañe, la sucinta marcha de una CADE pasada por agua tibia.