Por Andrea Castillo
José Antonio del Busto Duthurburu emprendió, como creyente que era, el camino de regreso a la casa del Señor. El último adiós se cumplió, como él dispuso en vida, en la sede del Instituto Riva Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú, ubicada en la cuadra 5 del jirón Camaná, en el Centro de Lima. En el patio principal, aquel que muchas veces cruzó como joven académico y, más tarde, como uno de sus más destacados presidentes, se ofició la misa de cuerpo presente. "La búsqueda de la verdad histórica de José Antonio del Busto ha terminado. Ahora va al encuentro del Señor, pues fue un creyente sincero", recordó el padre Armando Nieto Vélez, quien ofició la eucaristía con los sacerdotes Jeffrey Klaiber y Luis Fernando Crespo.
Personalidades académicas como Luis Jaime Cisneros, José Agustín de la Puente, Salomón Lerner, además del ministro de Relaciones Exteriores, José Antonio García Belaunde se hicieron presentes.
También participaron jóvenes discípulos del historiador. Uno de ellos, Joseph Däger, habló en nombre de la familia: "Hace tres meses me llamó y me hizo saber su última voluntad para el momento final, de cómo debería ser su velorio, cuestiones que hemos tratado de cumplir".
La directora del INC, Cecilia Bákula, también discípula del historiador, enfatizó: "Quizá el homenaje que no se le dio en vida fue entregarle las Palmas Magisteriales".
"Sus relatos te trasladaban al lugar de los hechos; podías sentirte caminando al lado de Pizarro, en Cajamarca, durante la captura de Atahualpa. En verdad fue un maestro exigente pero bueno, de allí que haya cosechado tantos discípulos y hombres de letras", comentó el canciller José Antonio García Belaunde.
Para Salomón Lerner: "Los dones que conquistó fueron el resultado de una vida honesta, guiada por una búsqueda terca de la verdad vinculada con la historia. Se especializó en la Conquista y Colonia para llamar la atención sobre los valores que estas etapas tienen para comprendernos mejor y mirar con optimismo el futuro, futuro que para él dependía de tomar conciencia de nuestro mestizaje".