Jueves, 28 de diciembre de 2006
Teatro 2006


Una nueva mirada a los clásicos, la reafirmación de la comedia y la apuesta por la audacia: el recuento de un año que trajo sorpresas.

Termina otro año y es obligatorio hacer un ejercicio de memoria. Y el 2006 que termina merece que se recuerden los aciertos de una temporada teatral que se mantiene saludable y nutrida. Y este año, en nuestra opinión, fue nuevamente La Plaza Isil la sala que consiguió los mejores logros en su propuesta anual. Comenzó con la obra que podría considerarse una de las mejores del año "El hombre Almohada", pieza de absoluto humor negro del dramaturgo irlandés Martin McDonagh, llevada a escena con riesgo y audacia por el joven director Juan Carlos Fisher. La historia de dos hermanos acusados de infanticidio retó al público poco acostumbrado a un arte que puede mostrar el lado cruel y amoral de la condición humana.

Continuó otra pieza notable: "Traición", del Nobel inglés Harold Pinter, dirigida con una perturbadora asepsia por Jorge Castro. La obra entusiasmó a público y crítica al presentarnos la historia, narrada de adelante hacia atrás, de un triángulo amoroso. Pasiones, deslealtades y rencores que se expresan con silencios en lugar de palabras fueron las pulsiones de un montaje que no dejaba de desafiar al espectador.

Finalmente, y cambiando radicalmente de registro, el teatro cerró a tope con "Morir de amor", la hilarante comedia dirigida por Marisol Palacios que aborda las vicisitudes de tres parejas de treintañeros que para expresarse apelan a la rocola de las más añejas baladas románticas . Sin duda, fue un año en que el buen teatro estuvo suelto en plaza. Así cerró el telón del año.





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