Domingo, 14 de enero de 2007
Crítica de cine: El ilusionista


Salvo por "El niño", de los hermanos Dardenne, la cartelera comercial estuvo realmente fatal en las primeras semanas del año. Felizmente, el estreno de "El ilusionista" le devolvió un poco de interés y, esta semana, las cosas se pusieron todavía mejores con el sorpresivo arribo de "Escondido" a nuestras salas.

Por Raúl Cachay A.

Digamos, para empezar, que entre las muchas virtudes de la película de Neil Burger destaca particularmente el trabajo de sus protagonistas: Edward Norton, en el papel del ilusionista (ojo, no es un simple mago). Eisenheim, redondea una interpretación sutil, enigmática, excepcional. Por otro lado, la encantadora Jessica Biel, el siempre efectivo Paul Giamatti y el sorprendente Rufus Sewell no se quedan atrás y prueban que la elección del reparto adecuado suele ser el punto de partida de aquellas obras cinematográficas que están destinadas a crecer con el tiempo en la memoria de los espectadores.

Más allá del triángulo amoroso y las peripecias cabalísticas del personaje principal de la cinta, son muchos los temas que plantea "El ilusionista": estamos en la Viena de fines del siglo XIX, es la ciudad y son los tiempos de Sigmund Freud y Gustav Mahler, los años previos a la Primera Guerra Mundial, el cierre de una era estigmatizada por el lujo y la decadencia.

Y aunque en el filme no se haga explícito el influjo de estos personajes y episodios históricos, "El ilusionista" se las ingenia para reflexionar, por ejemplo, sobre el empleo y el abuso del poder, simbolizado tanto por la capacidad de Eisenheim para jugar con las mentes de sus espectadores como por las arbitrariedades del príncipe Leopold, que se comporta casi como la caricatura de un autócrata y pretende acceder al trono de su padre, el Emperador, con argucias y canalladas.

"El ilusionista" ofrece un fresco muy logrado de la época en que está ambientado; además, nos permite conocer un poco más el trabajo de un ilusionista en la que debió ser la edad dorada de ese oficio: aunque parezca increíble, los trucos y los actos que vemos en la película están basados en hechos rigurosamente reales. Magos, nigromantes y hechiceros, los de antes.





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