Viernes, 20 de abril de 2007
Redescubriendo a Manuel Puig


Entrevista con Graciela Goldchluk. La obra de Manuel Puig es una de las más diversas e interesantes de la literatura latinoamericana. De paso por Lima, Graciela Goldchluk, quizá la más reconocida estudiosa de la obra del autor de El beso de la mujer araña, afirma, entre otros hallazgos, que el mejor lector de Puig es Charly García.

Por Ezio Neyra Magagna

Usted empezó a tener contacto con los manuscritos de Manuel Puig en 1994. Cuéntenos cómo llegó a ellos y cuáles han sido los hallazgos más importantes.
Tras la muerte de Manuel Puig en 1990, su hermano Carlos guardó todos los papeles de trabajo que encontró en el escritorio y después de tenerlos en la Universidad de Princeton, los llevó a Buenos Aires. Cuando fui al departamento de la madre, en donde se guardaba el archivo, con un grupo de investigación de la Universidad de La Plata (Argentina), nos ofrecimos a clasificar el material, y de ese modo comenzó una relación con la familia que muy pocas veces se da entre un investigador y un heredero. Los hallazgos en el archivo -que hoy te puedo decir que consta de algo más de 18.000 hojas de papel, ya digitalizadas y fichadas- nos descubrieron un nuevo Manuel Puig. Como escritor, se vio su interés inclaudicable por el teatro, la comedia musical y los guiones cinematográficos. Como novelista, descubrimos un trabajador incansable y un tanto obsesivo por encontrar cierta sonoridad que perseguía incluso en las traducciones. Parte del archivo lo forman las pruebas de traducciones en inglés, francés e italiano en las que Puig intervenía. Era un escritor que elegía a sus traductores, y revisaba meticulosamente las "adaptaciones", como las llamaba él. No buscaba fidelidad, sino sonoridad, adaptación a nuevas culturas.

En una obra tan prolífica y diversa como la de Puig, ¿pueden encontrarse algunas constantes? ¿Hay algún tópico recurrente en su obra?
Creo que un tópico que atraviesa toda la obra de Puig, en sus diversos géneros, es el de la aventura de conocer al otro en tanto otro. En ese camino se tiene desde los fracasos más rotundos, como en The Buenos Aires Affair, hasta encuentros conmovedores como los de El beso de la mujer araña o la obra de teatro Misterio del ramo de rosas. Pensemos que Misterio... es la historia de una curación a través del entendimiento entre dos mujeres opuestas, una enferma y una enfermera, pero esa misma historia, protagonizada por hombres en Maldición eterna a quien lea estas páginas, tiene un final completamente opuesto. Pero no es el resultado lo que interesa, sino esa búsqueda del otro, entender al que es diferente; no intentar hacerlo un igual. Y la literatura un poco es eso, llevarnos al encuentro de lo que no es como uno.

Hay quienes sostienen que la literatura de Puig es gay. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?
Es curioso, porque cuando descubrí la importancia estructural que tienen los boleros en El beso de la mujer araña, donde se vuelven, más que tema, dispositivo narrativo, incursioné en el mundo del bolero, que en Argentina es un poco ajeno. Entré con el prejuicio de que iba a encontrar un código gay, que el bolero era la canción por excelencia del amor homosexual, y descubro que la retórica del bolero sobrepasa las diferencias homo-hétero con un recurso gramatical. El bolero, a diferencia del tango, que siempre cuenta una historia pasada, es una historia que se canta de tú. Y la diferencia es entre amores grandiosos y amores mezquinos, no hay otra línea divisoria. Del lado de las grandes pasiones, de los grandes amores, el tú lo es todo, y el todo no es varón o mujer, esa diferencia es mezquina.

Usted ha dicho que el mejor lector de Manuel Puig es Charly García, ¿cómo se explica esto?
En la cultura argentina de los años 70 y 80, que es la época en que Puig está exiliado, hay un fenómeno de resistencia que pasa por lo que llamamos erróneamente "rock nacional". Mientras la literatura se debatía entre la filosofía y el compromiso social (Borges saca la primera edición de su Obra completa en 1974, ese año Cortázar publica El libro de Manuel y David Viñas publica Literatura argentina y realidad política), el rock venía pensando en nuevas formas de constituir identidades. Dentro de ese movimiento, Charly García ya era un clásico, y en 1982 le pone música a Pubis angelical, la película de Raúl de la Torre. Leer la novela de Puig escuchando la música de Charly es una experiencia recomendable. En la novela de Puig, una mujer que agoniza en México en 1977 se salva después de haber hecho una incursión extraña en el futuro, donde se encuentra con una Madre de la Plaza de Mayo. Pocos han leído la novela de este modo, pero si vas a las páginas finales, uno puede encontrarse con que la mujer del futuro con el pubis de ángel es claramente una Madre de la Plaza de Mayo. En 1983, Charly saca Clics modernos, donde está la famosa canción "Los dinosaurios", donde dice "los amigos del barrio pueden desaparecer/ pero los dinosaurios van a desaparecer", y más adelante "cuando el mundo tira para abajo/ es mejor no estar atado a nada/ imaginen a los dinosaurios en la cama". Volviendo a tu pregunta acerca de si hay un tópico en la literatura de Puig, creo que es este: toda su literatura busca imaginar a los dinosaurios en la cama. Esto me lo hizo ver una chica de 17 años, mientras que la mayoría leíamos las desapariciones; ella se fijó en los dinosaurios en la cama, y ahí estaba la clave.

Usted ha publicado Querida familia, que recoge en dos tomos la correspondencia de Manuel Puig. ¿A qué años corresponden estas cartas? ¿Cuáles eran las preocupaciones más comunes en Puig? ¿Puede rastrearse alguna filiación política?
Manuel Puig sale del puerto de Buenos Aires en 1956 para estudiar cine en Italia. Desde Montevideo manda la primera carta a su familia. Durante los seis años que estuvo en Europa envió una o dos cartas semanales en las que cuenta cómo se va convirtiendo de futuro director de cine en guionista y luego en novelista. En 1963 pasa por Buenos Aires rumbo a Nueva York, donde se instala en un puesto de Air France que le dejaba tiempo para escribir y ver películas viejas, una pasión que redescubre en esa ciudad. Desde Roma, París, Londres, Coco (como firma todas las cartas) cuenta las novedades en cine y teatro, igual sucede en Nueva York o Brasil. Faltan las cartas escritas entre setiembre de 1973 y fines de 1979, la época más dura de su exilio, pero aunque la familia no recuerda haber roto ninguna carta, era muy probable que se destruyeran inmediatamente después de su lectura, por temor a que encontraran al remitente.

En cuanto a su filiación política, él odiaba los autoritarismos. Fue muy amigo de Néstor Almendros, que apoyó la revolución cubana en un comienzo y luego huyó despavorido. Puig era muy crítico con el proceso cubano, pero nunca quiso declarar en contra porque conocía demasiado bien a quienes estaban del otro lado. Detestaba también el stalinismo, por la falta de libertades individuales, pero tenía muchos amigos en la izquierda. Estaba en contra de Perón, pero en México cultivó la amistad de muchos peronistas exiliados. En las cartas se ve el pavor que le dan los militares. En esos años escribe Un espía en mi corazón, comedia musical donde Margaret Thacher es un robot inventado por los nazis y enviado al futuro para arruinar a su más acendrada enemiga: Inglaterra.

Manuel Puig (Buenos Aires, 1932-Cuernavaca, 1990). Pese a que el reconocimiento le fue esquivo en su país natal, Argentina, Puig fue una figura descollante de la nueva narrativa latinoamericana. Entre sus obras destacan: La traición de Rita Hayworth (1968), Boquitas pintadas (1969), The Buenos Aires Affair (1973) y El beso de la mujer araña (1976), llevada al cine en 1985 por el cineasta Héctor Babenco.

*Graciela Goldchluk dictará la conferencia "Redescubriendo a Manuel Puig" el 24 de enero a las 6:30 p.m, como parte de las Primeras Jornadas de Conversación Matalamanga. Lugar: Av. Pedro de Osma 135, Barranco.


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