Jueves, 25 de enero de 2007
Virginia


Practicó el primer cambio de sexo en la literatura y sus reflexiones pusieron las bases del feminismo contemporáneo. Hoy, la escritora británica Virginia Woolf cumple 125 años y sigue eternamente joven

Por Enrique Planas

Renovó radicalmente la forma en que se escriben las novelas y profundizó como pocos en la psicología de sus personajes. Sin embargo, la imagen que conservamos de la escritora británica Virginia Woolf tiene más que ver con la languidez, la melancolía y la depresión. Había razones para ello: a los 13 años, la precoz hija del celebrado crítico e historiador Leslie Stephen había sufrido no solo la temprana muerte de su madre, sino también los abusos sexuales de su hermanastro. Su muerte, a los 59 años, tras arrojarse al río Ouse con piedras en los bolsillos de su abrigo, poco después de que su casa en Londres fuera destruida por los bombardeos de la aviación alemana, fraguó para siempre aquel retrato romántico.

Sin embargo, la personalidad de Woolf excede con creces esa triste estampa. Fue autora de una enorme cantidad de divertidos ensayos y reseñas para el "Times" londinense, así como cartas y diarios llenos de dibujos sarcásticos. Asimismo, todos los interlocutores del célebre grupo Bloomsbury, como los novelistas E.M. Forster, Lytton Strachey y Saxon Sydnedy Turner o el filósofo Bertrand Russel, la recuerdan como una mujer lúcida y muy graciosa, predispuesta tanto al intercambio de chismes como a las más acaloradas discusiones sobre arte y política, en las que Virginia siempre manejó un inconformismo elitista con tendencia a la provocación.

HAY QUE LEER A WOOLF
Hoy se cumplen 125 años del nacimiento de Adeline Virginia Stephen, conocida más por el apellido que adoptó después de su boda con el crítico literario Leonard Woolf. Conmemorar el aniversario de autores que no dejan de conmovernos ofrece la oportunidad de su relectura. Comenzar, quizá, con su primera novela, "Fin de viaje" (1915), que mantenía aún una estructura narrativa convencional. En 1922 le siguió "El cuarto de Jacob", en la que la autora desarrolla, casi al mismo tiempo que James Joyce en "Ulises", la técnica del monólogo interior.

Continuando su propia revolución narrativa, escribió en 1925 "La señora Dalloway". En este sarcástico retrato social de una dama de la alta sociedad londinense, la autora teje pensamientos conscientes, semiconscientes y a veces solo fragmentarios de sus personajes, relega la acción externa a un segundo plano y nos ofrece una pieza clave de la novela psicológica.

Mientras en "Al faro" (1927) convierte en literarios sus recuerdos infantiles, en "Orlando" (1928), la más audaz de sus novelas, hizo viajar a su protagonista por los siglos y cambiar de sexo. Explorando su propia bisexualidad, Woolf se inspiró en su relación con la escritora Vita Sackville-West. Y si de atrevimiento creativo se trata, de obligada lectura es "Las olas" (1931), libro en el que la escritora entrelaza seis monólogos interiores y rompe toda frontera entre géneros literarios.

Pero si las novelas de Virginia Woolf siguen siendo consideradas obras imprescindibles de la literatura contemporánea, su influencia política en el movimiento feminista se dio especialmente en sus ensayos tardíos. Uno de los más influyentes resulta "Una habitación propia" (1929), prácticamente el libro de cabecera para toda mujer tentada por la creación. En él, denuncia las lamentables condiciones de trabajo de las escritoras y fragua un reclamo que suena hoy a grito de combate: "Quinientas libras al año y una habitación propia", y una mujer puede escribir con tanto éxito como un hombre. Claro que sí.





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