Viernes, 26 de enero de 2007
Mucho ojo: ¡Chupale el ojo!


Por Fernando Vivas

"Presencia cultural" es el programa más longevo de la TV (no digo "24 horas" porque tuvo varios mandos). En cambio, la austera hora de Canal 7 mantiene desde 1985 al mismo director-conductor, Ernesto Hermoza, quien ha sobrevivido sobrio, austero y abocado disciplinadamente a cubrir los brillos y bostezos de la cultura, a media docena de gobiernos y dos docenas de administraciones. Ni siquiera los estropicios de María del Pilar Tello alteraron su digna parsimonia.

Escaso de recursos, sintonía y agallas, no ha sido hasta hoy un espacio de debate sino una modesta y plural presencia, pues reseña lo último en vanguardias limeñas y lo primero en recuperaciones folclóricas. Nadie en el canal tiene motivos para temer o para agredir a Hermoza, quien, por esa buena onda, presidió el directorio de la empresa estatal durante la transición.

Pues he aquí que me llegan unos correos que lo acusan de esquinado y manipulador y hasta hay un blog que lo ha agarrado de punto. ¡Dios mío, qué han hecho Ernesto y su programa para llamar la atención, luego de tantos años de discreción!

Resulta que dedicó dos ediciones de "Presencia cultural" a rajar de "El ojo que llora" y a oponerse a la próxima fase de este proyecto en el Campo de Marte, llamada "Alameda de la memoria". Desempolvó la ley 16979 sobre la intangibilidad del campo y entrevistó a firmantes de la carta que respalda el monumento contra las amenazas de demolerlo y que ahora matizan su respaldo.

No estoy de acuerdo con su tremendismo de la ley enarbolada --asumo que la obra se erigió de buena fe, sin conocer la ley-- y me pareció manipuladora la forma en que introdujo, sin subrayar que era del 2005, una entrevista al ecologista Antonio Brack Egg en la que cuestiona las obras en el campo, pero fuera del contexto de la actual discusión.

Pero me gustó su documentado afán polémico, y que diera pie a un sensato comentario de Hugo Neira sobre los efectos indeseables de forzar memoriales de una reconciliación a la que se debe dejar, respetuosamente, tiempo de maduración. Suscribo la defensa de "El ojo..." ante la violencia que supondría destruirlo o alterarlo drásticamente, pero valga esta discusión como una lección para repensar los enfoques reconciliadores.





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