Domingo, 28 de enero de 2007
Mario Bellatín: "La escritura no tiene nacionalidad"


El escritor peruano-mexicano está de regreso en el perú para dar algunas conferencias literarias y trabajar en un documental que lo obliga a recrear sus libros y volver sobre sus propios pasos.
ENTREVISTA
                 MARIO BELLATÍN

Por Francisco Melgar

Mario Bellatín nació en México y vino al Perú cuando todavía era un niño. Por alguna razón, prefirió alejarse de Lima y de lo que él mismo define como "la esencia de lo indefinido" y buscar un mejor lugar para convertirse en escritor. Luego de pasar algunos años en Cuba, estudiando cine y experimentando con una novela que se convirtió en su primera obra relevante, volvió a nuestro país, publicó algunos libros que remecieron el ambiente literario local para, al cabo de cuatro años, volver a su país natal, en esta ocasión para siempre.

Se te considera un escritor peruano y al mismo tiempo un escritor mexicano, ¿qué es lo que te parece más significativo de esa doble nacionalidad?
Me parece interesante porque remarca el hecho de que la escritura no tiene una nacionalidad definida. Si me preguntas por la nacionalidad a un nivel personal, te podría decir muchas cosas, pero esas cosas no tienen ninguna importancia para mi trabajo, porque lo que yo intento es que los libros hablen por sí mismos, que los textos se vuelvan autónomos, que se vuelvan textos sin autor. Entonces esta posibilidad de tener dos nacionalidades, porque es cierto que tengo dos, pero al mismo tiempo ninguna, permite que la escritura aparezca como de la nada, como no sustentada en una nacionalidad que ha sido, en mi opinión, un lastre para nuestras tradiciones literarias.

¿No crees en la existencia de una literatura nacional?
Creo que es un invento académico para poder clasificar una serie de escrituras, y que a la larga ha hecho más daño que cualquier otra cosa. Para mí, esta segmentación a la que llevan las literaturas nacionales puede acabar impidiendo que un escritor diga lo que tiene que decir, solo por respetar una suerte de patrón o idea preconcebida con respecto a la literatura. En especial si esta persona recién comienza a escribir y todavía no se compromete con una palabra determinada.

Llevas varios años viviendo fuera del Perú, ¿qué es lo que más te sorprende cada vez que regresas?
Lo que más me llama la atención es que no haya ningún cambio. Yo vengo con la esperanza de encontrar algo distinto pero al llegar me doy cuenta de que no lo voy a encontrar. Aquí en Lima hay algo que se resiste a cambiar, pese a las cosas externas u objetivas que pretenden indicar lo contrario, y yo creo que se trata de la esencia de esta ciudad, que yo llamaría una esencia de lo indefinido. Siempre he sentido que esa falta de definición es el sello distintivo de Lima, y que su destino es ser un espacio suspendido que se repite de generación en generación. Creo que esta ciudad no ha aprendido a conectarse con una serie de ideas mucho más universales, con consensos sobre determinados temas, y sigue atrapada en un espacio encapsulado donde se tienen una serie de ideas y costumbres, que se asumen como ciertas y no se pueden cuestionar.

¿Por qué has vuelto en esta ocasión?
Porque están haciendo una película sobre mí. Estoy recorriendo la ciudad, libro por libro, porque el eje narrativo del documental son mis libros. Fui al Cusco, a Ollantaytambo, y recorrí otra vez todos mis pasos. Algo bastante fuerte luego de todos los años que llevo viviendo afuera.

Entre tu primera novela, "Mujeres de sal", y la segunda, "Efecto invernadero", hay seis años de diferencia. Durante ese lapso ¿dejaste de escribir o solo de publicar?
No dejé de escribir, al contrario, en esa época empecé a escribir de verdad. En el año 86 me fui a vivir a Cuba, y solo entonces pude decidir ser escritor. Aquí en el Perú no podía tomar esa decisión, siempre era escribir en paralelo a otras cuarenta actividades y a los problemas económicos; aunque debo aclarar que no solo eran razones económicas las que me impedían ser un escritor en el Perú; había algo más, algo inmaterial, una esencia que apartaba al escritor del seno de la sociedad peruana. Eso era lo que me hacía mucho daño. A pesar de que en Cuba vivía de manera primaria, como la gran mayoría de cubanos, encontré lo que Lima me negaba: un espacio social para alguien que quería ser un escritor. Un poco de sensibilidad. Un poco de respeto.

¿Qué escribiste en Cuba?
En esos años empecé a experimentar con una novela que terminó convirtiéndose en "Efecto invernadero". Era una novela que tomé como un laboratorio, no tanto para escribirla como para descubrir mi propia escritura. Como era de esperar, la novela aumentó muchas páginas y acabó convirtiéndose en una novela gigantesca, porque el fin no era la novela en sí misma, sino la escritura. Como te darás cuenta, la escritura me imteresa más que la literatura.

En el año 90 regresaste al Perú. Y en el 94 te fuiste definitivamente. ¿Qué recuerdas de esa época?
La última etapa que viví en el Perú fue una de regreso, porque yo ya me había ido al acabar la universidad, en el año 86. Pero tuve que volver en el año 90 para terminar con una etapa de mi escritura. Esta última etapa duró cuatro años, y después de eso me fui definitivamente, para no volver más.

México es el lugar donde naciste y a donde finalmente regresaste. ¿Cuál es el papel de ese país en tu vida?
Yo vine al Perú desde muy niño, pero siempre quise volver a México. Era mi tabla de salvación. Cada vez que pasaba algo terrible me decía: "Algún día voy a volver a México".

¿Y la literatura ? ¿Qué papel juega en tu vida?
Es algo que he logrado dominar. Antes yo estaba dominado por la pulsión de la escritura, y tenía que escribir un mismo texto 18 horas al día. Lo que aprendí con el tiempo fue a dominar esa pulsión, liberé a mi cuerpo de la escritura y le di un lugar fuera de mí, una forma lógica con características concretas, transmitibles a otros, a un circuito literario, a un lector. Me di cuenta de que la tarea no era buscar inspiracion para escribir, sino justamente lo contrario, lo que debía hacer era escapar de la inspiración para salvarme.

¿Qué crees necesario para que un artista pueda crear?
Bueno, uno siempre se encuentra con personas que quiren hacer la gran película, pero que no cuentan con los millones de dólares, ni las cámaras, ni los asistentes de producción que supuestamente se necesitan para realizarla. Cuando Buñuel quiso hacer "Simón del desierto", los productores se le acercaron para preguntarle qué necesitaba, y Buñuel les dijo que necesitaba una columna. Los productores le dijeron que no había ningún problema. Luego le preguntaron qué más necesitaba y Buñuel les dijo que nada más, que solo necesitaba una columna. Poco tiempo después, los productores le dijeron que no tenían presupuesto para los actores, y Buñuel les dijo que no necesitaba grandes nombres ni nada por el estilo, que podían ser actores sin mayor experiencia. Un poco más tarde, la gente encargada del vestuario le preguntó qué clase de ropa requería, a lo que Buñuel respondió que solo algunas túnicas que las podía hacer la costurera que atendía cruzando la avenida. ¿La locación?Pues sería en un desierto cercano, donde no hubiera nada, pero cercano para no gastar tanto en ir y venir. Pregunto, ¿por qué a nadie se le ocurre traer una columna, ponerla en el desierto de Lurín, traer a cualquier actor, un par de túnicas y hacer un largometraje? Bueno, la película de Buñuel muestra a un personaje parado en esta columna. La primera mitad está parado en dos pies y la segunda está parado en uno. Y, como te puedes imaginar, es una película genial.

LA FICHA
Mario Bellatín
obras más importantes
Efecto invernadero (Jaime Campodónico Editor - Lima, 1992)
Canon perpetuo (Jaime Capodónico Editor - Lima, 1993)
Salón de belleza (Jaime Campodónico Editor - Lima, 1994)
Damas chinas (Ediciones El Santo Oficio - Lima, 1995)
Poeta ciego (Tusquets Editores - México DF, 1998)
El jardín de la señora Murakami (Tusquets Editores - México DF, 2000)
Flores (Peisa-Lima, 2000),
Shiki Nagaoka: Una nariz de ficción (Editorial Sudamericana - Barcelona, 2001),
Perros héroes (Alfaguara, 2003)
Lecciones para una liebre muerta (Anagrama, 2005)





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