PDF Lunes, 23 de abril de 2007

La audacia se bañó en Asia

CAMPAÑA. Se venía anunciando hace varias semanas: ayer se llevó a cabo la Operación Empleada Audaz en una playa (¿privada?) del distrito de Asia. La manifestación fue pacífica y pretendió poner en el tapete una discusión que ya lleva demasiado tiempo sin resolverse: la discriminación

Por Ricardo León

1. Hace un par de semanas Abelardo Gutiérrez, 'Tongo', ofreció un concierto en el local Juanito's del bulevar de Asia y días después fue entrevistado en el portal Cumbiaperuana.com. Aquí un fragmento del reportaje:

--¿Sufriste algún tipo de discriminación?

--Para nada, los gringuitos me trataron muy bien, los chicos y chicas me saludaron efusivamente, tomaron conmigo y hasta lloraron con mis canciones.

Luego ahonda en más detalles:

--Estaba recontrafeliz con los gringuitos, además teníamos comida y chelas gratis, me trataron como a un rey, no me puedo quejar, me sentí en el paraíso...

Casi toda la entrevista gira en torno a si 'Tongo' fue discriminado o no, si se burlaron de él o si lo aplaudieron, si lo miraron de reojo o no. Como si el hecho de que un músico cholo la haya pasado bien en una de la zonas más exclusivas de Lima fuera algo casi impensado. Aunque en realidad, para el imaginario local, sí lo es. Qué triste.

2. Ayer al mediodía, levantando los dedos índices de ambas manos y agitándolos con fruición en un gesto elocuente que Fernando Olivera inmortalizara hace poco para las cámaras de televisión, un residente no identificado pretendía mostrar, desde una cómoda ventana, su desacuerdo con una marcha que sería más bien pacífica y casi lúdica. A unos 300 metros del ingreso a la orilla, el cómico Fernando Armas ensuciaba sus zapatillas de fulbito en la trocha polvorienta cantando el himno nacional, Gisela Valcárcel vestida de empleada trataba de caerle bien a todo el mundo y un grupo de ¿400?, ¿500? manifestantes muertos de calor repetían arengas que, aunque no eran las más originales del mundo, tenían cierto eco: ¡La playa es de todos, no de los racistas! Otra: ¡Somos empleadas, queremos bañarnos!

Y se bañaron; pero la escena previa parecía surrealista: un grupo de limeños indignados marchando para exigir que las empleadas que trabajan en esas playas privadas puedan bañarse en el mar con total libertad. O que puedan reunirse en grupos y conversar tranquilamente. Todos cantaban el himno nacional y era difícil creer que a estas alturas todavía tenga que reclamarse ciertos derechos (supuestamente) básicos. Otra vez: qué triste.

Hasta el nombre con que se bautizó la manifestación parecía de ciencia ficción: Operación Empleada Audaz.

3. De que hay ciertas señales de discriminación en estos condominios, las hay. De que son casos más o menos aislados, lo son. La Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh) asegura haber recibido varias quejas de empleadas de esta zona que dicen que no las dejan bañarse en el mar sino a partir de cierta hora. Los residentes de las playas dicen que es mentira. O que quizá sí, pero solo uno que otro caso. Ese 'uno que otro caso' fue el punto de partida de esta marcha. Lo que les indigna a los residentes es la generalización. Claro, a nadie le gusta ser tildado de racista.

El entredicho continuará por los siglos de los siglos; mientras tanto, marchas originales y tranquilas como la de ayer no le hacen daño a nadie. Es más, pocas veces se protesta sin ofender al otro. Es más, hasta pintorescas resultan: la madre de la patria María Sumire, con el faldón salpicado, recordaba --después del respectivo show para las cámaras-- que durante tres años trabajó de empleada del hogar en Cusco para poder pagar sus estudios. Fue una mala experiencia. Un día la patrona me jaló la oreja. Le dije: 'Usted no es mi mamá para pegarme'. Su testimonio era ideal para ilustrar un tema del que ya no tendría que estarse hablando: la discriminación hacia las trabajadoras del hogar.

A unos pasos, la también empapada congresista Hilaria Supa estaba más eufórica que su colega Sumire y se mandó a hablar de penas de cárcel para quienes cometan actos de discriminación; de hecho, el Congreso acaba de aprobar un proyecto de ley que, entre otras cosas, exige que en todo el litoral, sea en zonas públicas o privadas, cada 500 metros haya un ingreso directo a la playa so pena de sanciones administrativas o judiciales. Una vez más: qué triste.

En fin, la manifestación continuaba. El calor ya era insoportable.

4. Cuando dieron la señal acordada, todas las empleadas y demás manifestantes se metieron al agua.

Algunos veraneantes residentes de la playa tomada aplaudieron como aplauden al corso de Wong. Otros, regañaron. En esta playa no hay racismo, de repente en otras (varios dijeron lo mismo). Los manifestantes seguían chapoteando. Pasó un lujoso yate cerca y uno de sus ocupantes gritaba arengas que nadie escuchaba. Algunos veraneantes no sabían qué diablos estaba sucediendo. Declaraba el escultor Víctor Delfín con el pantalón mojado: Las playas son de todos los peruanos. Declaraba la congresista Sumire mientras la marea crecía: ¡Causachun! El mar ha salido a recibirnos. Declaraba Melania Urbina, disfrazada de la empleada más lúcida de la tarde: Esta es una propuesta pacífica, simbólica y lúdica.

Comentaban la escena dos turistas españoles sorprendidos o indignados: Qué país este, ¿eh?

"Manifestación tendría fines políticos"
Ayer mismo, mientras se llevaba a cabo la Operación Empleada Audaz, la Asociación de Propietarios de Inmuebles del Litoral Sur (Aprils) repartía una nota de prensa en la que asegura que hay hasta ocho vías diferentes de acceso a las playas ubicadas entre los kilómetros 93 y 100 de la Panamericana Sur. Según el documento, "cada uno de estos ocho ingresos está señalizado y puede ser usado por cualquier persona sin restricción". En la nota de prensa se afirma, además, que ningún miembro de la asociación impide el libre desenvolvimiento de los habitantes de las playas (sean inquilinos, visitantes o trabajadores). Más abajo, por último, se afirma que la manifestación de ayer tendría fines políticos, aunque no se especifica cuáles.