Jueves, 1 de febrero de 2007
Exhuman restos de víctimas de la Universidad La Cantuta


Tribunal que juzga a grupo Colina busca identificar a profesor y nueve estudiantes



Por Óscar Castilla C.

Viejos y tristes recuerdos volvieron a aflorar en el cementerio El Ángel (Barrios Altos), luego de casi 15 años de ocurrido uno de los episodios más sangrientos del régimen fujimorista. Ayer, desde tempranas horas de la mañana, la Primera Sala Penal Anticorrupción llevó a cabo la exhumación de los restos de nueve estudiantes y de un profesor de la Universidad La Cantuta, quienes fueron secuestrados y luego ejecutados, presuntamente, por el escuadrón paramilitar Colina, durante la madrugada del 18 de julio de 1992.

La diligencia pública, realizada por un grupo de peritos del Equipo Peruano de Antropología Forense, empezó a la 8: 45 a.m. y concluyó a las 4:00 p.m. en el cementerio El Ángel, en donde se enterró los restos de las víctimas de La Cantuta. En esta tumba, ubicada en los alrededores del pabellón San Eleazar de dicho camposanto, fueron depositados los restos mortales tras ser entregados a sus familiares en 1993.

Como se recuerda, en noviembre del 2006 el tribunal anticorrupción, presidido por Inés Villa Bonilla, ordenó que se practicara una pericia antropológica de los restos óseos encontrados en la Quebrada Chapilca en Cieneguilla, así como en la carretera Ramiro Prialé, sector de La Atarjea, en Huachipa, en 1993.

Según la imputación del Ministerio Público, en estos lugares fueron enterradas las víctimas por los agentes de inteligencia del grupo paramilitar Colina, luego de haberlos secuestrado y ejecutado extrajudicialmente. El objetivo de la exhumación es establecer la identidad de los restos de los nueve estudiantes y del profesor, así como individualizarlos.

En total se abrió cuatro bóvedas ubicadas en el sector San Eleazar (jardín seis del pabellón San Estanislao), del cementerio El Ángel, de las cuales se extrajo igual cantidad de féretros con los que serían los restos de los estudiantes y del profesor.

Abierto el primer ataúd, los peritos forenses encontraron un esqueleto completo y partes de otro, en tanto que en los otros tres féretros se halló huesos, en su mayoría pequeños, algunos quemados y otros calcinados, de los cuales cierta cantidad estaban depositados en bolsas.

Se estima que en un mes y medio, los peritos tendrán listo un balance con "el mínimo número de individuos" identificados. En tanto, en un plazo de tres o cuatro meses se entregará un reporte, en el que se establecerá a cuál de las diez víctimas pertenece cada uno de los restos óseos encontrados. Se realizará exámenes de ADN si es necesario.

Esta diligencia, realizada bajo un inclemente sol y ante la masiva presencia de la prensa, se desarrolló en el marco del juicio público que se le sigue a un grupo de militares (encabezados por los mayores EP (r) Santiago Martin Rivas y Carlos Pichilingüe) acusados de asesinar a nueve estudiantes y a un profesor de La Cantuta.

EL DATO
Las diez víctimas
El profesor y los nueve estudiantes de La Cantuta que fueron ejecutados en julio de 1992 son los siguientes:
Hugo Muñoz (profesor), Armando Amaro Cóndor, Enrique Ortiz Perea, Heráclides Pablo Meza, Bertila Lozano Torres, Dora Oyagüe Fierro, Juan Mariños Figueroa, Robert Espinoza, Marcelino Rosales Cárdenas y Felipe Flores Chipana.





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