Domingo, 25 de febrero de 2007
Desde la niebla asoma la luz




Por Ricardo Gonzalez Vigil

Los poemarios de Jorge Pimentel (Lima, 1944) se hacen esperar: diez años entre el segundo y tercer libro, de ahí nueve años al siguiente, luego cinco y finalmente otros diez años para que aparezca el que motiva este comentario. Peor aun (para los que ansiosos queremos ver publicada toda su producción), los deja reposar lustros, décadas: por ejemplo, "Primera muchacha", lo escribió en 1974 y recién lo editó en 1997; y "En el hocico de la niebla" fue compuesto a fines de los 80 y comienzos de los 90, haciéndonos aguardar (solo había difundido algunos textos, como los notables "Días sin madre" y "Días sin padre") casi dos decenios para asombrarnos con su excelencia poética. "Veinte años no es nada" (como el tango), parece decirnos Pimentel, cuando se trata de entregar poesía perdurable, corregida y decantada con rigor, de una necesidad expresiva al margen del mercado y de la figuración literaria.

Resulta admirable la capacidad de Pimentel para plasmar libros de tono y recursos tan diversos entre sí: el vitalismo desbordante e irreverente de "Kenacort y Valium 10", con el exteriorismo callejero típico de Hora Zero (movimiento del que Pimentel es el fundador y la figura más representativa); las composiciones lírico-narrativas que cuentan los dramas de gente del pueblo, en "Ave Soul"; el balance vital de las tribulaciones cotidianas, en "Palomino"; el montaje vertiginoso de voces de víctimas del sistema capitalista en "Tromba de agosto"; el poema amoroso en prosa resuelto como el "poema integral" que postula Hora Zero, en "Primera muchacha; y en lo tocante a "En el hocico de la niebla", una escritura concentrada, de versos escuetos y gran limpidez formal, de imágenes unidas por un hilo interno, nada declarativo, hermético.

Resulta ilustrativo el contraste entre "Tromba de agosto" y "En el hocico de la niebla": aquél guarda afinidades con los "Poemas humanos" de Vallejo, éste con "Trilce". Además de la orfandad, comparten la escritura densa, hermética, ricamente sugerente. Y, si bien abunda el clima negativo ("la niebla"), ambos enarbolan la esperanza y confían en el poder de la poesía: Pimentel sostiene que, a pesar de todo, "Todavía un día tiene poesía" (p. 103). Hasta el título del poemario nos recuerda el último poema trílcico, donde los poemas son "las perlas / que he recogido del hocico mismo / de cada tempestad".

Lo valioso es que Pimentel no copia a Vallejo; sino que, desde sus propias vivencias y sus propias soluciones expresivas (exploración sintáctica y léxica, imágenes intransferibles), "recoge" el legado de la "tempestad" vallejiana y labra un mundo creador que le pertenece, uno de los más admirables de la poesía peruana actual.

Niebla y luz
Poemas escritos desde el desamparo, bajo un clima donde la orfandad del poeta adquiere un valor universal para simbolizar el vacío del ser humano actual. Puntualiza, en el prólogo, Sebastián Pimentel (hijo del poeta, contraparte de la orfandad): "la voz de Pimentel es ahora la del sobreviviente, pero también la de aquel hombre arrojado a la intemperie, huérfano de todo". Una voz que, en la niebla, tiende a la luz, a la afirmación vital.

Título: "En el hocico de la niebla"
Autor: Jorge Pimentel
Editorial: Ediciones El Nocedal





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